lunes, 3 de febrero de 2014

CAMINOS PARA LA PAZ Y LA CONVIVENCIA


Mauricio Ochoa Urioste

El autoritarismo, el encarcelamiento y la persecución de disidentes y opositores, el exilio de conciudadanos, la cultura de la confrontación, la práctica indivisión de los órganos de Gobierno, la infravaloración de los derechos humanos, son algunas de las características más perniciosas del régimen actual.

En una entrevista publicada por el diario Página Siete, el 26 de enero de 2014, el cardenal Julio Terrazas advirtió que la construcción de un mundo nuevo exige posturas nuevas y la búsqueda de medios de convivencia. "Exige un compromiso renovado sin dejar a nadie en el camino, sin perseguir a nadie, sin sacar a nadie del país, sin encarcelar, sin estar con la mentalidad de que a Bolivia lo vamos a hacer un paraíso multiplicando las cárceles, sino realmente buscando medios de convivencia, comprometiendo a todos en un trabajo donde cada uno ponga sus talentos al servicio de nuestro país", dijo el prelado.

¿Cómo construir caminos para la paz y la convivencia?. Según mi modesta opinión, para ello es necesario, básicamente, reconocer a los seres humanos con identidad de derechos, garantías, igualdad ante la ley, dignidad y libertad, sin discriminación alguna - este reconocimiento debería ser materializado y no quedar en un mero enunciado legal o discurso -. Por otro lado, si bien cabe en nuestra naturaleza el hommo politicus, las contradicciones, energías y potencialidades de los ciudadanos se encauzarían mejor si se socializa y promueve aquello que hace a las expresiones humanas en todas sus dimensiones: bellas artes, historia, filosofía, ciencia y tecnología, lenguas, etc. Y antes que minusvalorar el acervo universal, se impone que el país salga del enclaustramiento chovinista y ultra indigenista para abrir sus horizontes a un nuevo y más acabado entendimiento de la humanidad entera.

Pese a todos sus defectos, la época republicana incorporó progresivamente a los sectores populares a la vida social desde el establecimiento del voto universal y la abolición del pongueaje. Sin embargo, la vieja negación histórica de la República y de la Colonia todavía persisten en el imaginario colectivo, y lo que es más grave, cotidianamente se manifiestan expresiones públicas de autoridades gubernamentales que incitan a la marginación social - ¿y odio racial? - contra los mestizos y los caucásicos. Guillermo Francovich, en su libro "Los mitos profundos de Bolivia", observó ya en la década de 1980, la adversidad que entrañan el indigenismo a ultranza y la repulsa irrazonable de la cultura colonial y republicana.

Finalmente, a Bolivia le toca dar vuelta a la página: pasar del descalabrado rencor y revanchismo en el que se encuentra sumergido, al camino nuevo de la convivencia pacífica, la libertad como expresión máxima de la vida cotidiana, la tolerancia recíproca, la democracia entendida como plataforma de un debate no restrictivo de ideas, y así avanzar hacia la modernidad y el desarrollo humano integral.