viernes, 14 de marzo de 2014

NUEVAS FUERZAS EN EL DEBATE NACIONAL


Gonzalo Rodríguez Amurrio

La dificultad para que el PT cuente con personería jurídica propia para participar en las elecciones de este 2014, como es natural, ha puesto en debate su futuro. Es común relacionar la ausencia en escenarios electorales con la marginalización de los partidos; sin embargo, podrían considerarse, al menos, dos excepciones a tal "regla" y otro desenlace.

La primera es que se trata de un partido nuevo, que si bien contaba con buenos augurios para que en cortísimo tiempo se constituya en una interesante alternativa electoral este año y, hoy - cual barco "torpedeado" - se vea obligado a retornar a puerto para sellar los boquetes que pretendieron hundirlo, tiene aún mucho por aportar en el debate político.

La segunda es que, a pesar de perder el apoyo de la estructura sindical, porque las dirigencias sindicales se embarcaron con el binomio oficialista, no deja de ser una de las pocas fuerzas políticas que tiene cercanía con las bases del movimiento sindical, cuya sigla aún resuena en las expectativas obreras, cual esperanza de su emancipación.

La primera excepción podría parecer cháchara, pero no lo es en circunstancias en que el oficialismo y la "oposición tradicional" carecen de elementos programáticos, que respondan a las actuales y nuevas necesidades de sectores obreros y populares; máxime cuando ambos polos supeditan sus posturas exclusivamente a estrategias políticas.

El gobierno busca simplemente reproducir la actual correlación de fuerzas políticas. Por su parte, la oposición tradicional, incluso bajo el esquema de unidad en torno a una sola candidatura, no muestra interés por una renovada visión de lo nacional y lo popular y, solo busca resolver las urgencias de sobrevivencia de sus líderes y sus añoranzas.

Si bien el gobierno se jacta de ser el único que tiene una visión de país en los hechos no tiene programa. Una evidencia de aquello es que no sabe cómo resolver las necesidades de servicios de salud de la población. Fracasó en su intento de ampliar la jornada de trabajo (que era además una falsa e injusta solución al problema), ya no habla de, ni habrá, la "cumbre para la revolución de la salud" y hoy se tiene una ley con escasísima trascendencia que habla del Sistema Integral de Salud. Al respecto no le salva ni su agenda 2025.

En ese mismo ámbito temático, la actuación de la oposición tradicional fue y es errática, primero quisieron aparecer como abanderados de la ampliación de la jornada de trabajo del personal de salud, luego se neutralizaron por la dimensión de las protestas sociales y hoy ¿quién conoce cómo ven y plantean resolver el derecho al acceso a la salud?

En forma similar a este palpable ejemplo, es posible demostrar que en relación a los derechos inherentes al mundo del trabajo, al acceso a una educación de calidad, a servicios de salud de calidad y calidez, a una justicia oportuna e imparcial, al desarrollo de las identidades étnico-culturales en un contexto de sincera interculturalidad, y a un serio propósito de erradicación de la violencia y discriminación por razones de género, etc.; ni el gobierno ni la oposición arrojan a la opinión pública materia para analizar y debatir.

Con ello, este 2014 asistiremos a una elección cuyo resultado previsible, en términos de correlación de fuerzas políticas en el país, reflejará una situación estacionaria; pero, además con riesgo de ser un proceso con sentida ausencia de debate programático.

La salvedad podría darse si desde la propia población y el accionar de otras fuerzas políticas se logra promover exigencias de un debate a profundidad, pero ello solo se hace factible colocando también propuestas concretas sobre la mesa. He ahí el desafío para las nuevas fuerzas y una oportunidad de futuro para el propio PT.