miércoles, 30 de abril de 2014

¿TRABAJAR PARA VIVIR?


Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

Ante todo el trabajo en cualquiera de sus múltiples formas es la forma más digna de obtener el sustento cotidiano. El trabajo nos ofrece una ocasión privilegiada para servir a los demás ofreciéndoles los bienes y servicios que somos capaces de producir. En la oficina y en la fábrica, en los hospitales y en el campo, todos debemos trabajar afanosamente para hacer del mundo un lugar cada vez más habitable.

Desde la época de los grandes constructores que edificaron los principales y más antiguos edificios del mundo, la jornada de trabajo asomó de ocho horas. Estos "albañiles libres", simbolizaban inclusive sus herramientas para que su obra sea repartida con equidad durante las 24 horas. De ahí se conoce la regla de 24 pulgadas , que en épocas remotas aclaraba la diferencia entre "¿vivir para trabajar?" o "¿trabajar para vivir?". De ese instrumento de la arquitectura se desglosó que 8 horas debían destinarse al trabajo, ocho al estudio, y 8 horas al descanso reparador.

El Primero de Mayo fue elegido por los trabajadores para manifestarse al unísono, y en todo el mundo, contra las condiciones de trabajo a las que se hallaban sometidos. Y si desde su nacimiento tuvo carácter de internacional fue porque se quiso manifestar que por encima de naciones y colores todos tenían en común el máximo denominador de pertenecer a la clase obrera.

Y esto, dicho por pasivo; pero si lo preferimos por activo querría decir que todos reconocían tener un enemigo también común; sus empleadores o, con mayor rigor, el sistema que permitía la existencia de la lucha de clases.

Desde hacia varios años el gran tema era lograr la oficialización internacional de la jornada máxima de ocho horas, un derecho que había sido alcanzado sólo por unos pocos en escasos países, mientras que en el amplio espectro mundial aún había quien trabajaba catorce o dieciséis horas interrumpidas, sin discriminación de edad ni sexo.

Está claro que en la mente de todos permanece como fecha que marcaba un hito en la lucha por la jornada de ocho horas, el Primero de Mayo de 1886. Aconteció en la ciudad de Chicago y que no fue ninguna celebración sino la fecha fijada por los obreros sindicatos norteamericanos y canadienses para que se pudiera en práctica la jornada de ocho horas.

El año 1919, el Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni, uno de los sindicatos de mayor trascendencia histórica en Bolivia, sostuvo una heróica lucha que culminó con la conquista de las ocho horas de trabajo.

Como era de suponer, entre la fecha de la resolución obrera y el Primero de Mayo de 1886 nadie se sentó a esperar. Al margen de las negociaciones, los movimientos obreros presionaban a las patronales con continuas huelgas, que respondían con despidos masivos y apaleamientos que las autoridades encubrían.

Con todo, el movimiento de reclamaciones iba en ascenso y no faltaron empresas que concedieron la jornada de ocho horas mucho antes del Primero de Mayo. Cobraban nuevas fuerzas los que todavía no lo habían conseguido. Pero las empresas más "comprensivas" eran las menos. La mayoría se aferraba a sus privilegios y la prensa hostigaba a las autoridades para que trataran con mano dura a huelguistas y agitadores.

Los trabajadores de Chicago eran, precisamente, de los que se hallaban en peores condiciones. A la jornada de catorce o dieciséis horas se sumaba el hacinamiento en viviendas de mala muerte, muchos obreros solteros dormían en los corredores de esas viviendas y los salarios apenas alcanzaban para cubrir una alimentación deficiente.

Con meridiana seguridad, ahí se tuvo el génesis del Primero de Mayo como día universal de la lucha de la clase obrera; pero apenas fue el primero, ni siquiera el más violento. Durante decenios fue el día en que todos los obreros concienciados salían a expresarse contra el sistema. Ese día, el temor y la violencia corrían por las calles. Y también la sangre.

Así, año a año, se fueron ganando pequeñas parcelas para la justicia social. La jornada de ocho horas es hoy una realidad cotidiana en gran parte del mundo, lo mismo que otras muchas mejoras sociales que europeos, norteamericanos y bolivianos y algunos países del hemisferio sur disfrutan relajadamente. 

El trabajo sirve también para formar al ser humano. Todo lo que se puede llamar historia universal no es otra cosa que la producción del hombre por el trabajo humano. En el proceso de evolución de las especies, nuestros antepasados, empezaron a ser hombres cuando tallaron algunas herramientas para trabajar y han ido creciendo en humanidad gracias al trabajo. Esperemos de nuestro trabajo no tener más y mejor sino ser más y mejor.

En esta fecha universal es que nos permitimos mirar por encima del hombro de un pasado que deberíamos recordar con agradecimiento.