domingo, 1 de junio de 2014

ENTENDER EL GOBIERNO DEL MAS


Gonzalo Rodríguez Amurrio

La adecuada comprensión de los elementos ideológico - políticos reales, no aparentes, del MAS, puede permitirnos resolver la interrogante respecto a si es una izquierda o una nueva derecha la que aspira perpetuarse en el poder.

La importancia de la respuesta radica en que posibilita, por una parte, comprender la magnitud, a largo plazo, de las consecuencias de un esquema de gobierno como el actual para las instituciones estatales y la vida ciudadana; y por otra, permite visualizar lo que esta coyuntura plantea, con tal tendencia en el gobierno, a quienes quieran aportar para el logro de cambios significativos en la correlación de fuerzas del país.

Así, entre los elementos discursivos del MAS resultan relevantes: la propagandizada nacionalización e inversión pública en empresas mineras, hidrocarburíferas, de telecomunicaciones, etc.; sus consignas de soberanía, plurinacionalidad y descolonización, así como, su recurrente anti-imperialismo y anti-capitalismo.

Este conjunto de elementos permitió al gobierno cubrir su imagen como de izquierda. Con ella cautivó a importantes sectores populares e intelectuales de inclinación o formación izquierdista. Y con estos elementos discursivos las fuerzas más conservadoras también tienen por descontado que realmente estamos frente a un gobierno "comunista".

Pero, analizando a la luz de la práctica uno a uno tales elementos, percibiremos que, la inspiración teórica y la práctica gubernamental distan de ser realmente socialistas.

Para empezar, respecto a la mentada nacionalización, la experiencia nacional e internacional demuestra que el estatalismo no es una expresión exclusiva del socialismo.

El MNR nacionalizó la minería en 1952 y no se propuso ni avanzó en modo alguno hacia una sociedad socialista. A su turno los nacional-socialistas alemanes de fines de los años 30 y principios de los 40 del siglo pasado, despojaron a los judíos ricos toda su fortuna y sus empresas, los redujeron a la condición de esclavos en las fábricas, en tanto no terminaran en campos de exterminio; pero, tampoco Hitler materializo socialismo alguno.

Volviendo a nuestra historia, el desarrollo de empresas estatales durante el septenio banzerista en la década de los setenta del s. XX, estuvo marcado por varias iniciativas gubernamentales para el desarrollo de empresas estatales a través de la CBF y COFADENA; ello tampoco tuvo por resultado, ni menos así pretendían, hacer un tránsito hacia el socialismo. En todos estos casos, tales emprendimientos estatalistas, simplemente buscaron el surgimiento/fortalecimiento de nuevas burguesías, soterrada o abiertamente.

Hoy, resultados similares se vienen develando paulatinamente, de manera que, escándalos de por medio del núcleo de gobierno, las nacionalizaciones practicadas transitan a cumplir el rol de mecanismo de transferencia de recursos, a favor de esa proto-burguesía con la que el MAS empezó su gobierno en 2006; e incluso, a favor de las viejas oligarquías, con las cuales, a ojos de la población, el gobierno queda cada vez más emparentado.

Ahora bien, las políticas de nacionalizaciones en los ejemplos del pasado tuvieron un correlato coherente con la ideología que proclamaban las fuerzas políticas que las materializaban: el nacionalismo. En el presente caso, el MAS se autoproclama socialista y cree que honra aquello con el pago del bono Juancito Pinto, una banalidad inadmisible.

Empoderar nuevas y viejas castas oligárquicas a nombre del socialismo es deshonrar la autenticidad izquierdista de este término, por lo que resulta más apropiado referirse a este elemento dircursivo y en función de la práctica del gobierno, como social-nacionalismo: socialismo de palabra y simple nacionalismo en los hechos.