miércoles, 16 de julio de 2014

VIVIR BIEN: UNA UTOPIA OCCIDENTAL [1]


Esther Balboa Bustamante[2]

Por medio de lo antiguo, llegamos a conocer lo nuevo
CONFUCIO.
América es un espacio donde se han realizado varios experimentos políticos. Desde su descubrimiento significó para los europeos una fuente de sobrevivencia material, y, un nuevo espacio a controlar. Pero también llegó a significar un terreno propicio para que las burguesías europeas trasladaran sus divergencias, conflictos económicos, políticos, religiosos y filosóficos.

Este fenómeno no ha dejado de acontecer, pues así como ayer en estas tierras se dirimieron ciertos conflictos entre la Reforma y la Contrarreforma, en el último siglo ha ocurrido lo mismo con la pugna Este-Oeste. "Otro mundo es posible" es el slogan de nuestros tiempos, ¿Dónde encontrar este mundo

El lugar mítico

Es necesario recordar que el nuevo mundo para los europeos de la época barroca era pensado como el lugar mítico para el rencuentro del hombre; es decir, para el desarrollo de una beata contemplación de la propia autarquía. América representaba el nuevo orden de la vida colectiva; de acuerdo con la simbología de la época, y desde la perspectiva de la conciencia europea, un mundo sin tradición y fuera de la historia. Un mundo que se antojaba como el ideal de la Contrarreforma o, en otra expresión histórica que se desarrolló hacia el norte de este continente, como el ideal de la Reforma[3].

El nuevo mundo representa para la conciencia europea no sólo un gran trauma o desgarramiento espiritual -cuyos efectos no se han apagado del todo en su forma de ser- sino a la vez un mítico espacio cargado de elementos simbólicos que responden tanto a su propio legado cultural e histórico como a la esperanza que dicha conciencia depositaba en el futuro. Sin embargo, cabe recordar también que son múltiples y de diverso origen las causas que motivaron la reflexión utópica durante los siglos que comprenden la transición del feudalismo al capitalismo.

Las grandes utopías del Renacimiento son la expresión de los momentos desesperados que tuvieron que soportar los individuos al pasar de una formación económica a otra[4]. El sinfín de imaginarios utópicos que se produjeron bajo el Renacimiento, así como en la denominada "edad barroca," conservan por lo general determinadas notas comunes[5] tales como:

1. Establecer el nuevo mundo como el espacio imaginario para el posible ejercicio práctico de los proyectos utópicos, así como de la necesaria reforma espiritual y política de toda la comunidad cristiana. Lo anterior conduce a pensar si era posible concebir a la utopía moderna europea como el conjunto de acontecimientos históricos comprendidos desde el primer viaje de Cristóbal Colón hasta el proceso de conquista y colonización del continente americano.

2. La construcción de sociedades ideales, ya sea en forma discursiva, literaria o en su expresión práctica produce en la conciencia la necesidad de establecer los principios fundantes de nuevas formas de relación y desarrollo de la política; y la principal de todas ellas es la de determinar el sentido y significado teórico-práctico de la unidad de una forma particular de la comunidad humana, o el de un principio unitario universal y común a todo el género humano. Principio que para el filósofo y teólogo Tomasso Campanella consiste en determinar cómo necesaria la centralización y concentración del poder en manos del Papa. Esta simple idea de la unidad o principio unitario era ya un nuevo cambio de racionalidad de la política; y en su esencia representaba, al interior de toda la gama de expresiones utópicas que van de Tomás Moro a Jean Jaques Rousseau.

3. La presencia de elementos inmanentistas o escatológicos que ha implicado no sólo la sugerente idea de que era posible conquistar aquí en la Tierra el paraíso celeste, sino también una nueva visión de la historia, una nueva conciencia de la historia -para ser más precisos-, así como de la voluntad y libertad humanas.

En resumen, cuando los europeos descubrieron el mundo, emergió la utopía como una preocupación fundamental de la modernidad.

Hoy quedan sus consecuencias, persiste entre nosotros como una obsesiva pesadilla: los conflictos históricos de diverso orden, y a la vez un titánico optimismo consistente en ver a través de la esperanza el sentido de la unidad y armonía del universo.

Vivir Bien es pues una expresión que sirve como un paradigma de gran representatividad actual para determinar cuáles son los conflictos más dramáticos por los que atraviesa la conciencia europea, en particular de su desgarramiento espiritual y religioso motivado fundamentalmente por la crisis del cristianismo.

La utopía boliviana

Al constitucionalizarse (2009) el concepto de Vivir Bien nos permite hacer ciertas comparaciones con los utopistas y sus continuadores. Así, un importante miembro del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) define lo que este concepto significa[6]

...un debate más profundo entre nosotros mismos porque hay que explicar aquí, en la casa, el vivir bien, que muchos lo interpretan como vivir mejor. Muchos han luchado por el vivir mejor pero deberíamos luchar por vivir bien. El debate se va a abrir para ver el horizonte porque sin horizonte no nos podemos clarificar. Para los pueblos indígenas-originarios el dilema está muy claro: vivir bien. La cultura de la vida. Respeto a la Pachamama. Nosotros no queremos alternativas al desarrollo. No queremos el desarrollo en realidad. Lo que queremos es una economía comunitaria, diferente de lo que es el usufructo del capital por el capital. Para nosotros está claro pero para muchos no, incluso dentro del mismo gobierno. Para otros el horizonte es el socialismo, para nosotros no, para nosotros es lo comunitario.

Estas expresiones se ajustan al nacimiento de la utopía occidental: la de ser el producto de un conjunto de condiciones políticas, sociales, religiosas y culturales que configuraron las ideas estético-religiosas y políticas de la edad barroca; hoy, con la usurpación de conceptos de la lengua indígena, se pretenden irradiar a Bolivia, a América y al mundo.

En efecto, tanto la utopía como la voluntad que entra en juego para hacer posible su materialización sirven, en este caso, de referente para establecer la forma y el estilo en que se pretenden resolver los grandes problemas humanos en una determinada situación histórica del país y lo que se pretende superar es la crisis de hegemonía en la que se encuentra la izquierda.

Vivir bien como movimiento ideológico

Comparativamente, se puede decir que el punto de partida de la obra política de la conquista europea era el establecimiento de presupuestos con respecto a la necesidad de un cambio histórico.

El pensador utópico Tomasso Campanella realiza su interpretación bajo una óptica que incorpora elementos milenaristas y escatológicos:

... él consideraba que el mundo ha cambiado mucho desde entonces. Los navegantes han dado la vuelta a la Tierra. Colón ha desabierto el nuevo Mundo, Galileo, con su telescopio, ha detectado mutaciones en los planetas, han aparecido nuevas sectas religiosas, el ateísmo maquiavélico domina en política. A todas estas novedades, que configuran un mundo diferente, hay que hacerles frente con nuevos principios y nuevos planteamientos[7]

La suma de tales elementos propició un ideologismo radical cuya primera consecuencia es una posición de intolerancia política.

Como el planteamiento del pensamiento del filósofo calabrés, la política del Movimiento al Socialismo (MAS) es el producto de una reacción, de una actitud defensiva que pasa de la política a la guerra franca y abierta. Pensemos, por ejemplo, en que "los masistas" se conciben a sí mismos como guerreros de la Madre tierra:

La reconstrucción de nuestro camino es volver a esa cultura de la vida, que la cuide, pero para muchos que están planteando el socialismo siguen viendo a la Madre Tierra como objeto. Por lo tanto, simplemente es cuestión de una redistribución de riquezas. Pero no es solamente eso, es cuestión de vida. Esa es la diferencia. Para nosotros el socialismo, el comunismo, el capitalismo plantean lo mismo, son antropocéntricos, ven a la Madre Tierra como objeto y como recurso. Para el capitalismo su horizonte es el capital, el dinero; el socialismo y el comunismo solo buscan el bienestar del ser humano y esa es su gran limitante. Por lo tanto ahora hay que delimitar qué horizontes vamos a tomar, cuál camino vamos a elegir. Los pueblos indígenas originarios vamos a seguir rumbo al suma qamaña, vivir bien. Ahora hay que explicar a los hermanos de izquierda, a los hermanos sindicalistas, que el camino del desarrollo no es el que estamos buscando, destrozar nuestra vida, nuestra casa, nuestra cultura. Entonces hay que sentarnos, explicarnos, comprendernos, trazar y re-trazar nuestro horizonte. Es el momento más difícil. Y es un debate no solo a nivel interno sino a nivel mundial.[8]

En este discurso, resalta el sentimiento de un fundamentalismo que convalida la necesidad de destrucción de todo enemigo declarado, físico o imaginario. En La ciudad del Sol (1610) Campanella asumía al arcabuz del español como un buen signo de los nuevos tiempos para someter " ... a todos los pueblos rebeldes a la ley de Dios -herejes- o a la ley natural -paganos- al servicio de una sola potencia, España, consumándose la unificación de la especie humana"[9]

Aquí cabe recordar que una característica de gran importancia tanto de los solares como de los miembros del partido del actual gobierno era la de poseer una instrucción militar[10].

Lo que pretendía Campanella era fusionar plenamente la vida religiosa con la vida política. Política y religión juegan el mismo papel en estos proyectos del mesianismo regenerador. Pero aquí lo importante es la intención de forjar una vida natural y religiosa cuya fuerza unificadora fuera la vida comunitaria.

Salvando las distancias históricas, el vivir bien se convierte en un proyecto que pretende la restauración de la comunidad ya no cristiana sino andina.  Muestra no sólo la necesidad de construir lo que sería un verdadero Estado eclesiástico y laico, vale decir, comportarse como deístas para los asuntos de la religión y universalistas para los de la política:

En nuestra cosmovisión la autoridad no solo reviste un carácter de poder o capacidad político-social, sino que también tiene el carácter de capacidad espiritual. Así como el Pachakuti (la transformación de la naturaleza de la historia) está reordenando nuestras vidas, también en nuestra cosmovisión la autoridad emerge desde la dimensión espiritual. Es fundamental, porque para nosotros lo espiritual no está espacializado ni temporalizado, es decir, no está en la Iglesia, no está en la oración, es en todo momento, este diálogo es espiritual, el trabajo que hacemos es espiritual, lo que comemos, lo que cocinamos, lo que cosechamos, la vida es espiritual. El Inca, el Malku, no es simplemente una autoridad en función de estatus, es un servidor, es un guía espiritual. Nos estamos reconstituyendo en la verdadera dimensión de autoridad, hemos dejado atrás la autoridad como concepto de estatus. Antes era rey, virrey, doctor, escribano, conde, vizconde, los títulos nobiliarios en función a jerarquías, que ahora no cambiaron mucho, la Colonia ha sabido mutar, las jerarquías nobiliarias han mutado a jerarquías académicas: licenciado, phd, master, doctorado. Nosotros queremos salir de ese concepto de autoridad. En el caso de los pueblos indígenas la autoridad es un servidor, es el que sirve al pueblo, es una responsabilidad, es un rol. Ser guía espiritual se reconstituye en su verdadera dimensión de autoridad. El hermano Presidente (Evo Morales) lo dijo: "El que no vive para servir no sirve para vivir". En esa dimensión tenemos una profecía que dice "cuando se una el movimiento social y político con el movimiento espiritual cambiará, se transformará la Madre Tierra". Estamos a punto de eso[11].

Sin duda estamos viviendo el gobierno de un imaginario político-utópico, el cual en su búsqueda de universalidad, tal y como lo reflejó para su época Campanella, no puede definir concretamente las grandes líneas para la construcción de un Estado moderno.

"Estado Plurinacional" en el siglo XXI es un orden social fuera del mundo, fuera de la realidad de nuestra época. Por ello se hacen comprensible sus contradicciones en la evolución de la economía-mundo.

En conclusión, el VIVIR BIEN es un intento por justificar racionalmente la concentración y centralización del poder en manos de un solo partido, liderado por una sola persona. Una filosofía del poder y una moral política para la obediencia, tal cual lo plantearon los jesuitas utópicos cuando redujeron a los Guaraní y sobre cuyos despojos hoy se construye carreteras…..para Vivir bien.

NOTAS:
[1] Ponencia presentada en el Taller Ontología del Vivir Bien. Ministerio de relaciones exteriores. La Paz, 20 de junio de 2014
[2] Doctora en Ciencias Humanas y Biológicas, Ulm, Alemania. Docente de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia.
[3] Velázquez, Jorge Estado ideal y nuevo mundo, Revista de Ciencias Sociales, No. 40, México
[4] Horkheimer, Max y Adorno Theodore Dialéctica del iluminismo, sur, Buenos aires, 1971
[5] Velázquez Op.Cit.
[6] Vásquez, Mariano Entrevista a Huanacuni, Fernando.  Publicado 15 de Febrero de 2010 por JOSE GAMO josegamoblogspot.com
[7] Campanella, Tomasso. La ciudad del Sol, 11.  int. y notas de Emilio de Estibánez, Zero, Madrid, 1980, pág. 9 EN: Velázquez, Op.Cit.
[8] Vásquez, Op.Cit.
[9] Campanella, Op.Cit.
[10] Como ejemplo: "los ponchos rojos", "los ponchos verdes"
[11] Vásquez, Op.Cit.