martes, 26 de agosto de 2014

LA ENFERMEDAD DEL PODER...mito o realidad


José Pastén Burgoa

¿Cual la razón para que una persona se prolongue en el tiempo y en una función de mando específica y virtualmente  se perpetúe en el supremo trono ? Muchas pueden ser las respuestas:  Instrumentalizar el cambio social favorable, seguir alimentando  los bolsillos hasta nunca decir basta, dar continuidad a obras y acciones provechosas y favorables, transpirar el odio acumulado, cumplir un capricho o sueño acumulado,  etc.

Personas de carácter y temperamento dominantes nos muestran los extremos impensados.  Nerón el pirómano, su tìo Galígula, Gejngis Khan, Atila, Napoleón, Hitler, Margaret Tatcher, el malogrado Chavez, el legendario Melgarejo son y fueron en su momento la mayor expresión de   soberbia y auto suficiencia.

Tratadistas y investigaciones científicas relacionan este hecho con el cargo de mandatarios, presidentes., En muchos jefes de Estado, la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren de este síndrome hubris 'político' creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral ordinaria 

A este desorden psicológico se lo denomina Síndrome de Hubris. La palabra 'hubris' proviene del vocablo griego 'hybris', que en su significado moderno describe a una persona que, por tener excesiva soberbia, arrogancia y autoconfianza, desprecia sin piedad los "límites divinamente fijados sobre la acción humana".

También se lo conoce como "el orgullo que ciega", y hace que la arrogante víctima de hubris actúe de manera tonta y contra el sentido común. Ejemplos de hubris en la mitología incluyen a Ícaro, que se atrevió a desafiar al sol volando directamente hacia él, y al rey persa Jerjes, que ordenó azotar al mar porque una tormenta destruyó sus buques.

En su rica mitología griega, la diosa Némesis era la encargada de castigar a las personas que sufrían hubris, y causaba su caída por los actos cometidos. Ellos pensaban que "el hubris precede siempre a la caída.  Al explicar el síndrome hubris, los especialistas  afirman que los políticos y otras personas en posiciones de poder desarrollan un conjunto de comportamientos que "tienen el tufillo de la inestabilidad mental". En su descripción el filósofo Bertrand Russell,  aseguraba que cuando el elemento necesario de humildad no está presente en una persona poderosa, esta se encamina hacia un cierto tipo de locura, llamada "la embriaguez del poder".

Son 9 los criterios para diagnosticar a una persona poderosa con el síndrome hubris.

1. Usan el poder para auto glorificarse;

2. Tienen una preocupación exagerada por su imagen y presentación; 

3. Lanzan discursos exaltados en que usualmente dicen que ellos "son el país o la nación";

4. Demuestran una autoconfianza excesiva y un manifiesto desprecio por los demás.

5. Dicen que son tan grandes que solo Dios o la historia los pueden juzgar y que algún día esos tribunales los reconocerán.

6. Pierden contacto con la realidad;

7. Son propensos a ser inquietos y a cometer actos impulsivos;

8. Permiten que sus consideraciones morales guíen sus decisiones políticas pese a ser poco prácticas o muy costosas; 

9. Demuestran un enorme desprecio por los aspectos prácticos de la formulación de políticas, desafiando la ley, cambiando constituciones o manipulando los poderes del Estado. Es obvio que con su comportamiento el poderoso hubrístico puede afectar el bienestar del pueblo que representa.

La pregunta frontal y directa al amable lector es: ¿Entre todos los candidatos a la presidencia de nuestro país, conoce usted a alguno que se acerca a las características mencionadas?