martes, 24 de febrero de 2015

[Aula Libre] MAR ADENTRO



MAR ADENTRO

Por: Luis Fernando Ortiz Daza

Psicólogo ambientalista

El mar avanza en Bolivia,  un mar mediterráneo como nuestro Estado sin mar, un mar inmenso que llega cada año y se lleva vidas, futuro y esperanzas de los pueblos ribereños del Amazonas. Los más castigados: los hombres sin voz de la selva, la flora y fauna riquísima en biodiversidad que se agota insosteniblemente, llega el mar del desarrollo de la América del siglo XXI. Allí están Pando y Beni y su hermoso futuro, ya sin hombres y mujeres que emigran al edén Santa Cruz.


Se ha advertido, se ha dicho hasta el cansancio el peligro de la construcción de represas para el ecosistema, pero, eso no importa, hay que producir energía aunque esto nos lleve a ahogarnos, a abandonar el hábitat natural de los pueblos indígenas. El agua es un derecho humano, vital para la sobrevivencia de los pueblos del  mundo, gobiernos progresistas del mundo están en contra de la privatización de este recurso. Construir represas es todo lo contrario, se privatiza el agua, se privatiza la tierra y se privatiza la vida.


Ahora privados de vida los pueblos costeños de Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia donde se prevé la construcción de por lo menos 70 represas más en los próximos 20 años, marchamos al desarrollo de las transnacionales, de las grandes empresas constructoras capitalistas, en países donde se construye el socialismo.


La Amazonia es un ecosistema clave para la regulación del clima a nivel mundial y también un área de extraordinaria biodiversidad. Es la cuenca hidrográfica más grande e importante de la Tierra, donde aún se conservan intactas el 60% de las selvas que quedan en el planeta. No obstante, existen actualmente más de 140 proyectos de represas que podrían causar daños irreparables a la integridad  biológica y a las poblaciones locales que dependen directamente del ecosistema fluvial -advirtieron desde ECOA, PROTEGER e International Rivers.


Aquí y ahora Pando y Beni sufren las consecuencias de las represas de Jirau y San Antonio en territorio brasileño, sobre el río Madera, cada año existe mayor sedimentación en la cuenca de los afluentes del Amazonas por el freno que supone al cauce de las aguas andinas y de las selvas tropicales. . Se dijo que era una  locura, pero además el río Madera es el que más caudal aporta al Amazonas y el que más sedimentos arrastra hacia el río Beni. En Cobija con el agua hasta el cuello, el caudal ya debería haber bajado, pero, tiene un freno represas abajo.


Cada año llueve más, por efecto del cambio climático y ahora por las represas, esto se ha denunciado, LIDEMA lo hizo en su tiempo, otras organizaciones alzaron su voz de protesta, pudo más la necesidad de energía del coloso de San Pablo.


El efecto ambiental más severo causado por las represas es la fragmentación del hábitat. La represa literalmente corta el entorno fluvial de sus otros componentes. Las plantas y los animales de un sistema fluvial han evolucionado con los cambios estacionales que se producen en los ecosistemas fluviales, permanente inundación o sequía aguas abajo afecta todo el entorno.


La pesca se ve seriamente afectada: La presencia de una represa puede afectar también a las poblaciones de peces mediante la interrupción de las migraciones naturales. Muchas especies utilizarán otras partes del río para el desove. Si el aislamiento no fue suficiente para impactar a los peces, entonces los aumentos repentinos en el flujo de agua de una represa también les afectarán. Una central hidroeléctrica puede regular el flujo de agua de la represa. En los momentos en que hay una alta demanda de energía, el flujo puede aumentar, erosionando los lechos de los ríos y destruyendo sus lechos de desove.


El flujo de agua (o la falta del mismo) cambia la química del agua de un río. El sedimento cae en el agua en una represa. Esto aumenta la turbieza del agua, lo que puede afectar a los animales que se alimentan por filtración. Existe también un riesgo latente de niveles elevados de salinidad. En comparación con el río que se desvía, el área de superficie de un lago de depósito es varias veces mayor. Por lo tanto, con más superficie expuesta a la luz del sol y al viento, la tasa de evaporación aumenta, concentrando las sales que entran en el lago de la descomposición normal de las rocas o de los suelos.


Nosotros, bien, gracias, no podemos frenar el desarrollo, menos el de nuestros vecinos a costa nuestra,  por eso bienvenidas carreteras por medio de parques, represas y desmonte para aventuras industriales, necesitamos mar y nuestro querido mar se llamará como lo dice con ironía un amigo beniano: El Mar Moré. Mientras tanto a llorar a la playa ecologistas ambientalistas.




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Enviado por: lufo69@yahoo.com


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