domingo, 26 de abril de 2015

[Aula Libre] Del Nacionalismo al Humanismo Superior



Del Nacionalismo al Humanismo Superior

Por Álvaro Jordán

El  nacionalismo  es una ideología y un movimiento político, económico y social  inmerso en el proceso de concentración de poder de la etapa capitalista en la era de la civilización.

La historia de la era de la civilización es el resumen de los procesos socio-económicos que expresan el control del poder de las minorías explotadoras sobre las mayorías explotadas, defensoras del humanismo, y cuyas relaciones se dan sucesivamente en estructuras estatales de sociedades esclavistas, feudales y capitalistas.

El nacionalismo emergente se establece en Europa en la forma de Estado-nación, el año 1648, con el Tratado de Westfalia. Este tratado terminó con la sangrienta guerra religiosa, que padeció Europa durante treinta años. Definió los principios de la soberanía nacional del sistema de Estados europeos, centralizó los privilegios nobiliarios y religiosos de las élites hegemónicas desahució al viejo orden feudal y consolidó los imperios coloniales ya constituidos, con los que Europa  se distribuía la expoliación de los pueblos y territorios de América, África, Asia y Oceanía.

El nacionalismo moderno es una construcción, resultado de la competencia entre el poder de la burguesía emergente de la revolución industrial y las luchas humanistas de los pueblos en un esfuerzo por desplazar los restos del viejo poder feudal. El hito referencial europeo más importante  es la revolución francesa. Es el triunfo político sobre el orden monárquico, que frenaban su desarrollo económico, al mismo tiempo es la consolidación  de la soberanía estatal en los espacios nacionales frente a la competencia con otras  burguesías nacionales, así como es la imposición de su autoridad a las mayorías populares para someterlas, apropiarse de su excedente del trabajo y de las riquezas naturales del territorio.

El nacionalismo es el engaño de la élite capitalista con el que consigue apoderarse del poder abusando de la ingenuidad popular y logrando así el apoyo de las mayorías. El nacionalismo se construye sobre una larga historia común del pueblo, que posee una lengua común, una cultura común, ocupa un territorio sobre el que se establece un Estado-nación y asegura un mercado interno para el beneficio de las minorías capitalistas.

El  triunfo definitivo del capitalismo sobre el feudalismo estuvo ligado en todo el mundo a movimientos nacionales. A partir del nacionalismo sumado a la concentración de poder en Europa de territorios de ultramar sometidos se establece el sistema colonial mundial conocido como eurocentrismo.

Otro proceso paradigmático del nacionalismo es el recorrido por Estados Unidos de Norteamérica, con la variante Centro y Sud americana, que luego se reproduce en el resto del planeta.

La independencia de las trece colonias inglesas en Norteamérica se consigue por la conjunción de la decisión libertaria asumida por el pueblo colonial, con los intereses  europeos en la lucha por el control colonial, en este caso de Francia y España contra el imperio inglés. Lo que ya nos está indicando la importancia de la coyuntura, que ofrecen las luchas imperiales en la consecución de los objetivos nacionales. De igual forma la independencia de Centro y Sud América se da como resultado de la intervención francesa en España y el cerco establecido por el Imperio británico y portugués a España, combinado simultáneamente con las reivindicaciones humanistas de los pueblos americanos, hegemonizados por la herencia colonial criolla y las burguesías nacionales emergentes. Las motivaciones reivindicativas de los pueblos sometidos por el poder siempre fueron de contenido humanista.

Hay que diferenciar el proceso norteamericano del sudamericano y centroamericano en el sentido de que los del Norte logran una independencia efectiva en relación a la hegemonía europea, mientras que el Centro y Sudamérica sólo cambian la dependencia, transformando el colonialismo en un neocolonialismo, estos son Estados con soberanía interna, pero con administradores nativos al servicio de  intereses internacionales de carácter imperial.

Esta diferencia surge de la conjunción del respeto, que se logra en el Norte, con el reconocimiento de la soberanía interna y el fortalecimiento internacional, que se genera mediante la unión de las colonias liberadas en un Estado federal. De esta manera se consolida el conjunto frente a las aspiraciones eurocentristas. Con este fortalecimiento, el crecimiento del poder en la competencia con los estados imperiales europeos, nace un nuevo fenómeno, que es la transformación del Estado nacional norteamericano en un nuevo Estado imperial, que en el transcurso del siglo XX logra la hegemonía mundial capitalista. (El término "capitalista", holísticamente considerado, incorpora el capitalismo privado, el capitalismo estatal y el capitalismo mixto, desarrollado por los países del capital privado y por los llamados países socialistas).

En América del Sur y Central, la división interna lleva al sometimiento neocolonial de estos países a los centros imperiales europeos y posteriormente, en el siglo XX, al norteamericano, al japonés, al chino, al soviético o ruso, y a otros. En la actualidad cada uno, a su manera, lucha por su independencia económica. Sin embargo, tanto en Norteamérica como en Sudamérica y en el mundo entero el objetivo de todo movimiento nacional es formar Estados nacionales para la explotación de las parcialidades internas  y sobre esta base entrar en la competencia internacional por la hegemonía mundial.

De esta manera el sistema mundial de Estados en el proceso de concentración de poder se constituye en un sistema caótico en una confrontación destructiva por el crecimiento del poder burgués imperial, que amenaza la existencia misma de la humanidad. En el fondo del nacionalismo  podemos reconocer etnias o naciones nativas sometidas en todo el mundo, regiones sometidas al centralismo colonial en todo el mundo o finalmente sectores obreros, campesinos, profesionales y empresariales pequeños y medios explotados en todo el mundo. Esta es la esencia del nacionalismo, poner al servicio del poder a las grandes mayorías en un proceso de creciente control y concentración del poder, y con ello su posterior  transformación en imperialismo en una  lucha permanente por incrementar el poder hasta lograr su anhelada supremacía mundial.

Esta lucha por el poder es la que en situaciones extremas el nacionalismo ha devenido en expresiones monstruosamente inhumanas como fueron las dos guerras mundiales  del siglo XX,  así por ejemplo la última, impulsada por las aspiraciones de los países del eje nacional-socialista conformado por Alemania, el Reino de Italia y el Imperio del Japón (Eje Nazi-fascista), por lograr una nueva distribución de las colonias del tercer mundo. En el intertanto se vienen dando múltiples dictaduras de izquierdas y de derechas, cuyos ejemplos paradigmáticos son las de Joseph Stalin en la época del naciente imperio socialista europeo, junto con la Dinastía Castro en Cuba y la Dinastía Kim en Corea del Norte en el frente  de izquierdas y la de Adolf Hitler en la Alemania Nazi, la de  Augusto Pinochet en Chile y la de Francisco Franco de España, en el de derechas, entre otras, en su afán por imponer con la brutalidad del poder un sistema de explotación mundial y de concentración de las riquezas.

Sin embargo los graves problemas de pobreza y miseria no disminuyen, al contrario, mientras los grandes propietarios se enriquecen escandalosamente, las grandes mayorías se empobrecen, irremediablemente más (Ver Piketty, Capital in the XXIs Century).

El resultado de esta situación se expresa en una creciente fuerza de rebeldías que cubren el mundo entero, se manifiestan de diversas formas y presagian cambios profundos en la estructura económica, social y política de la sociedad toda. En todo caso el factor común actual es el rechazo al sistema imperial y neocolonial capitalista.

 Ahora, cuando se habla del sistema capitalista ya no se refiere sólo al capitalismo privado. Uno de los resultados de la crítica al fracasado socialismo es su reconocimiento como una variante estatal del capitalismo, ya que se asienta también en la explotación del pueblo en beneficio de la burocracia estatal, en manos del partido de gobierno y en el sostenimiento del poderoso Estado al servicio del capital estatal y del capital privado. Razón por la que las izquierdas y derechas se encasillan en un mismo frente de explotación capitalista de los pueblos, constituido por un sector estatal, un  sector privado,  y un sector mixto con hegemonía ya sea  privada o estatal.

Cualquier intento de solución a los problemas que enfrenta el sistema entra en contradicción consigo mismo, ya que toda mejora tecnológico-administrativa introducida para asegurar la competitividad implica el aumento de la desocupación y la pauperización del pueblo, agudizando la crisis y transformándose en un sistema caótico, en el que las rebeldías, a causa de la insuficiente consciencia, todavía se dejan llevar por posiciones nacional-populistas de la pequeño-burguesía, con muchas buenas ofertas, pero que luego cuando acceden al poder retroceden a alguna de las variantes del capitalismo, ejemplo paradigmático de este proceso en América es el de la corriente del Socialismo del Siglo XXI cuyos gobiernos, como el de Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela, entre otros, las generosas ofertas iniciales en beneficio de las mayorías poco a poco van siendo recortadas, convirtiendo el gobierno en otro, de un Estado explotador más y además represor. Como ejemplos de Asia y África podemos mencionar los distintos movimientos identificados como los de la Primavera árabe, todos luego de acceder al poder, después de introducir algunos paliativos populistas han dejado a un lado sus ofertas y vuelto al sistema de explotación tradicional con Estados dictatoriales, civiles, militares o monárquicos, enfrascados en guerras internas contra el propio pueblo

Europa es el continente donde se aprecia mejor la tendencia del sistema de poder mundial. La crisis del sistema de poder implica la crisis del sistema de Estados, arrastrando consigo al sistema de partidos y sus liderazgos Es el resultado del creciente debilitamiento del sistema imperial, cuyo quiebre descontrolado fue la implosión de la Unión Soviética y su transformación en 15 repúblicas independientes, entre el 1990 y el 1991. Paralelamente los satélites de la Europa Oriental también lograron su independencia nacional, profundizando el nacionalismo, en algunos casos llegó a la balcanización, como sucedió con las divisiones de Yugoeslavia, de Checoeslovaquia, de Georgia y Ucrania. De los dos últimos nace un número considerable de nuevos Estados todavía no reconocidos por la ONU, como Abjasia, Osetia del Sur, Transnitria, Crimea, Lugansk y Donetsk, países que aceptaban la sumisión sólo por la imposición del poder del  centralismo de Estado en la forma de un colonialismo interno.

Es el afloramiento de los sentimientos nacionales, regionales y sociales de múltiples sectores sometidos por el sistema de poder. Continuando con Europa, la Unión europea, como capitalismo asociado al norteamericano, se encuentra en proceso de transformación a causa de las reivindicaciones localista que aparecen en todos los componentes de la Unión a través del surgimiento de partidos, que expresan la existencia de un proceso creciente de recuperación nacional, tradicionalmente marginados por el sistema bipartidista, que ha dominado el continente.

Es una corriente, que preservando las aspiraciones imperiales de la Unión europea, promueve el capitalismo estatal mixto, de rechazo al neoliberalismo y a su dependencia del imperialismo norteamericano, que utiliza la democracia burguesa como método de acceso al poder, siguiendo la experiencia del Socialismo del Siglo XXI, con un discurso reivindicativo de las aspiraciones populares y de crítica descarnada a los insolubles problemas, particularmente de contenido humano, que el régimen tradicional soslaya. La crisis del sistema, que se expresa en el incremento de la desocupación, de la pobreza, con su secuela de deficiencias educativas, de salud, vivienda y seguridad, la incontenible corrupción, la criminalidad y el abuso impune del poder, que alimenta las aspiraciones populares y transforma rápidamente estos movimientos en instrumentos de poder, por supuesto con todos los elementos degradantes que su uso implica.

Luego del triunfo de Syriza en Grecia surgen nuevas corrientes de pensamiento en los distintos miembros de la Unión, como PODEMOS en España, el Frente Nacional de Francia, el Partido por la Independencia en Gran Bretaña, el Movimiento 5 Estrellas en Italia y otros como Alternativa para Alemania, cuyas propuestas, si bien pueden ser de derecha o izquierda, tienen el común denominador de reclamar contenidos nacionalistas. Es muy ilustrativa de esta realidad la alianza que sostiene al nuevo gobierno de Grecia el que se ha consolidado con un acuerdo entre la izquierda de Syriza y el nacionalista Griegos Independientes de derecha.

El triunfo de estas corrientes de populismo nacional está demostrando la persistencia de la inmadurez de las organizaciones del pueblo, las que todavía se dejan arrastrar por los intereses del poder expoliador de la pequeña burguesía estatal y privada, en contra de los intereses de las organizaciones de bases, para reeditar una vez más el viejo nacionalismo, generador de todas las calamidades ya vividas. No se trata de otra cosa que de una corriente restauradora del capitalismo, con la única diferencia de transformar apenas la hegemonía del capitalismo privado en estatal. De cualquier forma la propaganda populista es útil en la profundización de la conciencia popular y en el debilitamiento del poder imperial, aunque retrasa los verdaderos cambios de la revolución pacífica del Humanismo Superior.

El pueblo, en su pluralidad, viene desarrollando un pensamiento humanista, que cada día gana nuevos adeptos, domina la democracia en las calles y ante la insuficiente organización es mal usado por los partidos nacional-populistas en una manipulación demagógica.

Un resumen breve de este nuevo y efervescente pensamiento, lo condensamos como sigue:

El ser humano como resultado de su evolución incorpora en sus genes una capacidad de auto perfección, origen de la esencia humanista del ser. Sin embargo la existencia del ser humano se desarrolla condicionada por el medio que lo envuelve, esto es las relaciones con los otros humanos y con la naturaleza. En esta relación vivió una era de humanismo primitivo, luego la era de la civilización y ahora se prepara para la nueva era del humanismo superior.

En la etapa actual del nacionalismo, la ausencia de una conciencia para sí en los sectores de bases está indicando que la tarea acuciante en el movimiento popular es la elevación del conocimiento de las bases sobre los fundamentos del humanismo superior, para lograr una organización que esté en condiciones de vigilar a los representantes y delegados en el cumplimiento de sus mandatos e impedir que los partidos nacional-oportunistas sigan engañando a las masas. La difusión digital del conocimiento está dando grandes pasos en la superación de esta conciencia, lo que permite augurar la pronta insurgencia consciente de la organización de las bases y la correspondiente generación de la autoridad de abajo hacia arriba. El espacio digital se está convirtiendo en el principal campo de batalla ideológica entre el humanismo superior, que defiende la difusión abierta del conocimiento en las redes informáticas y el poder, que intenta poner bajo su control la manipulación del conocimiento en beneficio de las minorías explotadoras, como ya lo hacen en China, Cuba, Corea del Norte, Rusia, EUA y otros. Es el campo de batalla, junto con el resto del mundo, por la defensa del su uso democrático por el pueblo y los intentos del sistema estatal por introducirlo a su control.

El poder piramidal es el enemigo número uno de la realización de los principios humanistas de la sociedad. El poder es el origen de toda degradación humana, por lo que es imprescindible eliminar el poder vertical en toda la sociedad para reemplazarlo por la voluntad de las bases, sustento fundamental de los principios humanistas, permanentemente reclamados por la sociedad. La pluralidad de intereses de la diversa composición de los pueblos hace inviable el centralismo de Estado como solución efectiva a esta multiplicidad de intereses. Solo la búsqueda de las soluciones desde las bases mediante el diálogo constructivo hará posible la atención multilateral a la solución de los intereses de la diversidad popular, ya sean estos étnicos, nacionales, regionales, sociales, culturales y económicos, entre otros.

Una crítica seria que se hace al sistema democrático burgués vigente es la sectarización de las decisiones del poder ejecutivo, legislativo y judicial. Los distintos partidos son cómplices de esta situación, negocian sus principios a  cambio de pegas y de su participación en negociados, al legalizar el abuso contra el derecho ciudadano de toda la población a la atención de sus necesidades. Todos tienen derecho a ser escuchados y atendidos. Este es un derecho fundamental, que reivindica todo el pueblo, ya que éste lo conforman todos los sectores. Por lo tanto los partidos políticos, así como las dirigencias partidarias han perdido toda legitimidad al comerciar sus principios fundamentales, por un compromiso sectario y por el desconocimiento de la pluralidad.

La eliminación del poder vertical implica, necesariamente, la eliminación del Estado como instrumento del poder y su reemplazo por una administración coordinadora, expresión de la voluntad de las bases, responsable de administrar los servicios y gestionar la producción.

El principio fundamental del Humanismo Superior es la integración del ser individual con el ser social, es el reconocimiento de su manifestación simultánea en el ser humano. El diálogo constructivo juega un papel fundamental en el consenso de las distintas manifestaciones del ser: entre individuo e individuo, entre individuo y comunidad y entre comunidad y comunidad.

La esencia del capitalismo, sustento del poder, es la apropiación privada y/o estatal del excedente del trabajo, es a su vez el origen de todas las calamidades humanas por lo que su eliminación es imprescindible para la creación de condiciones fundamentales para el desarrollo humano.

El Humanismo Superior reconoce la riqueza como resultado del trabajo del pueblo por lo tanto éste debe ser el propietario de la riqueza. Plantea la devolución al pueblo, de los beneficios del trabajo, de la propiedad y de la riqueza y reivindica su decisión autogestionaria, de una democracia directa y participativa.





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Enviado por: aaojordan@gmail.com


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