viernes, 1 de mayo de 2015

[Aula Libre] El drama del trabajo precario



El drama del trabajo precario
Gonzalo Rodríguez Amurrio
Si bien aún no hay uniformidad sobre los alcances de una definición del trabajo precario, no hay duda que por él se entiende, entre otras cosas, el trabajo que carece de los servicios de protección social, es decir, de los servicios de salud y subsidios del sistema de seguridad social.
Sin embargo, tal carencia de servicios de salud y subsidios de la seguridad social, puede no resultar llamativa para la mayoría de la población, mucho más cuando nunca se tuvo la oportunidad de vivenciar los mismos; al extremo que suele verse como normal, aparente por cierto, que el trabajar no sea sinónimo de estar asegurado a alguna caja de salud.
Como si ello fuera poco, una suerte de campaña constante contra la imagen de las cajas de salud, en el día a día contribuye a relativizar el valor de estar asegurado a una de ellas y, por tanto resulta fácil alegar el por qué el empleador no afilió a sus dependientes.
Frente a ello, teorizar sobre los servicios de salud y subsidios de las cajas no ayuda a superar, por de pronto, la percepción que la población tiene sobre el valor de este seguro social de corto plazo; pero, puede resultar de gran utilidad el compartir una narración del actual Secretario General de la C.O.B., Hermo Pérez, sobre su propia experiencia al respecto.
Hermo Pérez, trabajador fabril cochabambino, antes de incursionar en roles de dirección sindical había considerado retirarse de la empresa y, con el cobro de su indemnización por tiempo de servicios, comprar un auto y trabajar en el transporte público. Ilusionado con su plan fue a compartir la idea con su esposa.
Para sorpresa de Pérez no encontró el apoyo esperado en la esposa, sino un enfado desconcertante que demoraría en entender. La respuesta de la esposa era tajante, estaba enojada porque al dejar la empresa dejaría a su familia sin los servicios de la caja de salud.
A ello replicó Pérez que ese no era un problema difícil de resolver, porque como transportista ganaría más y podría solventar cualquier gasto de salud que en su familia se presentase. Empero los argumentos de la esposa fueron más categóricos aún, recordó lo que había pasado con la familia de su hermana;  tuvieron un problema de salud y los costos fueron tales que terminaron vendiendo el auto con el que trabajaban, la casa donde vivían e incluso la herencia que tenían en el campo.
¡A ese riesgo nos quieres exponer! fueron las palabras contundentes de una esposa que no admitía quedar sin los servicios de la caja de salud. El peso de tal argumento hizo que Pérez no dejara la fábrica y comprendiera el valor de la seguridad social de corto plazo.
Con tan ilustradora experiencia es posible entender los riesgos de un trabajo precario. Cuántas personas de la llamada economía informal sufren por ello, trabajan de sol a sol en jornadas extenuantes con la ilusión de prosperar económica y socialmente y, en no pocos casos, cuando los problemas de salud golpean a sus hogares se descapitalizan en extremo; luego deben empezar de nuevo, desde cero o desde más abajo si han quedado endeudados.
En 1999 la Organización Internacional del Trabajo introdujo el concepto de trabajo decente, en pos de empleo con respeto a los derechos, con protección social y diálogo social. Diez años después, con la nueva Constitución Política del Estado (2009), en Bolivia se pasó del simple derecho al trabajo a hablar del derecho al trabajo digno, con seguridad industrial y ocupacional y salario justo, equitativo y satisfactorio (Art. 46-I); pero faltó incluir a la seguridad social como otro requisito del trabajo digno.
La sociedad y el Estado ven a diario expresiones del drama del trabajo precario, pero aún no se animan a tomar partido a favor de buscar cómo superar tal situación laboral.
El autor es abogado y ex dirigente obrero



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Enviado por: Juan Gonzalo Rodriguez Amurrio <rodriguez.amurrio.go@gmail.com>


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