viernes, 12 de febrero de 2016

[Aula Libre] Bolivia luego del Referéndum del 21-F



En las últimas horas se han conocido,  a través de los medios de comunicación, varias encuestas que tratan de determinar cuáles serian las tendencias de los resultados del 21 - F. De hecho una de las más comentadas fue la realizada por la empresa MORI que señala que el 40 % de los bolivianos apoyaría la opción del Sí  frente al 40% que optaría por el NO.  Desde luego que los resultados no se conocerán hasta el día mismo en el que las bolivianas y bolivianos puedan emitir su opinión en las urnas.


Lo que ninguna encuesta puede develar es el grado de "información, conocimiento y conciencia crítica" con el que la ciudadanía  participará en el Referéndum elemento muy importante para poder analizar la salud en la que se encuentra la cultura política en el país. En este sentido todo lo que puedan decir las encuestas en  etapa de campaña son simples datos que ayudan a generar un ánimo colectivo que dependerá del nivel de madurez política de la ciudadanía que ya sea  se expresará de manera reflexiva (el ideal del comportamiento de un ciudadano) o simplemente conforme a la estimulación mediata de su entorno (el comportamiento al menos en nuestro país más generalizado considerando que muchos de nosotros estructuramos nuestros planteamientos personales a partir de lo que otros dicen)   


En este sentido, a pesar de los esfuerzos de algunos líderes de opinión que promueven la alternativa del NO, es mayor la cantidad de ciudadanos que creen que el 21-F está en riesgo es la continuidad y viabilidad del Gobierno del Presidente Morales y no que se trata de una modificación al artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que el Presidente Morales pueda postular como candidato a la Presidencia en 2019, cosa que  actualmente la Constitución Política del Estado no lo permite (por eso la necesidad de una reforma a su texto) y que a decir de muchos va en contra de uno de los principios básicos de un sistema democrático cual es la alternancia en el poder.


Bajo este contexto, hábilmente articulado por quienes lideran la campaña del SÍ (a partir de su profundo conocimiento de la idiosincrasia popular y de un dominio del arte de comunicar a las masas) es quizás bueno analizar no tanto el evento mismo del 21 F sino que pasará luego de ese día en términos de la "cultura política" y de fortalecimiento de la democracia en el país.

Por sí mismo el que los bolivianos vayamos a vivir un Referéndum para decidir un asunto público desde luego (que más allá de los costos económicos, de los resultados, etc.) muestra la profunda vocación democrática que tiene la población boliviana pero de ningún modo esto significa que ya se tenga asentada una cultura política de cariz democrático profundamente internalizada en el país.


De hecho las campañas "tramposas" que se están implementando, principalmente por parte de los seguidores del SI, al confundir el sentido mismo del referéndum y vincularlo con una evaluación al Gobierno del Presidente Morales, a fin de obtener favorables resultados electorales, es una muestra concreta de que aún el país requiere seguir trabajando en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática que según la opinión de varios analistas políticos hoy se ve muy debilitada por el intento del Gobierno actual de mantenerse en el poder de manera interrumpida.


Es importante considerar que el 21F no se va decidir la continuidad del Gobierno del Presidente Morales, ni siquiera sobre el nivel de calidad o eficiencia de las políticas públicas implementadas en esta administración.  El tema es algo más profundo tiene que ver con conocer si a la presente generación de ciudadanos les parece bien que un gobierno, sea cual sea su orientación ideológica, pueda tener la posibilidad de gobernar de manera continua durante al menos 12 años (e incluso más)  o se prefiere periodos de gobierno más cortos  y discontinuos para no ir en contra de un principio fundamental en lo que se entiende actualmente por  Democracia que es la alternancia del poder.


Sin duda es una cuestión que trasciende el ámbito coyuntural y se circunscribe en el contexto de la más alta reflexión estratégica (diríamos de la filosófica política) porque cualquiera sea la decisión no será neutral en el contexto de la convivencia democrática del país. La experiencia histórica, confirmada también por  la ciencia política, muestra que gobiernos de "larga duración" tienden a degenerar en estructuras autoritarias que ritualizan la democracia negando la posibilidad de otras alternativas e impidiendo el desarrollo de una cultura política más democrática lo que en ciencia política se aproxima más al republicanismo cívico.
En contrario, un gobierno demasiado corto no sería capaz de implementar si quiera un bosquejo cierto de Política Pública y generar estabilidad política afectando la llamada gobernanza. Lograr el equilibrio perfecto en la ecuación política: tiempo + estabilidad institucional + valores democráticos + legitimidad + ritmo social es algo complejo que muestra que La Política no es una técnica sino esencialmente un Arte pero a diferencia de otras expresiones propiamente humanas  su ejecución no puede ser, ni siquiera colectiva sino es fruto del trabajo de la comunidad.


Si analizamos la dinámica histórica, se podría decir el ritmo político,  de los gobiernos bolivianos el 96% han sido gobiernos cortos (de 3 años de duración). Sólo se registra un gobierno continuado de 10 años que corresponde a la gestión del Mariscal  Andrés de Santa Cruz (cuando la noción de Democracia no estaba asentada en el país). Desde el año 1982 cuando el país instauro un régimen "democrático contemporáneo" hasta nuestros días tuvimos administraciones en general cortas y una larga de transición entre la época republicana y la del Estado Plurinacional que esta aun en curso.


En general se infiere que Bolivia no ha tenido gobiernos largos lo cual podría explicar la dinámica de inestabilidad y debilidad institucional que ha vivido. Sin embargo, para muchos analistas políticos, los gobiernos largos no necesariamente fortalecen la institucionalidad de un sistema democrático como tampoco garantizan (salvo que tiendan a un régimen autoritario) la estabilidad política o un "clima de gobernanza natural". Por lo tanto en sentido estricto lo que se define el 21F no es algo menor tiene que ver con la "calidad" de democracia que se supone rige al país.


La democracia en la actualidad, fruto de las transformaciones sociales que viven las sociedades actuales, es una suma de categorías mínimas comunes consensuadas que no permiten una definición totalmente acabada dada la complejidad en la que vivimos. Cualquier proposición que se haga sobre sus elementos resultara en la actualidad casi siempre vaga. En este sentido quizás lo que interese es aproximar un "concepto instrumental" que la aborde como una filosofía social, en constante actualización,   que analiza prioritariamente  las relaciones de poder, dominación y participación social y sus dinámicas y sinergias  que existen en una comunidad bajo el parámetro de valores socialmente compartidos (como la libertad, la justicia, el bien común, entre otros) y el respeto a la dignidad del ser humano particularmente.


Por tanto la Democracia hoy en día comprende al menos: participación popular, respeto a la voz popular y libre expresión, reglas estableces que regulan los procesos propios de un régimen democrático, transparencia, información veraz, proporcionalidad de acción,  alternancia en el poder sobre la base de un pacto social, ecuanimidad entre los actores, respeto a las libertades fundamentales de todos y a los derechos humanos.  En concreto, volviendo a la realidad boliviana, muchos de estos elementos se han debilitado bajo el régimen actual llevando a muchos analistas a plantear que la actual administración gubernamental opta por un régimen autoritario y populista que va en contra de la calidad democrática.


En este sentido no importaría tanto utilizar los instrumentos democráticos sino el cómo se los está utilizando. Por poner un ejemplo, para dar claridad a la idea, sucede que si un gobierno autoritario llama a una elección y logra a través de fraude un resultado favorable. Claramente bajo el sentido común este gobierno no es democrático porque manipulo la realidad a pesar de haber utilizado un instrumento. Por tanto el 21F como ciudadanos tenemos que elegir una alternativa pensando en códigos de cultura democrática para que la voz del pueblo sea la que dirija el accionar de nuestros gobiernos y no al revés.


Consecuentemente, el día del referéndum no solamente se autoriza al Poder Legislativo a efectuar el cambio del artículo 168 de la CPE, y consecuentemente habilitando de manera directa la candidatura del actual Presidente Morales para las elecciones del 2020, sino que se pondrá en juego el tipo de democracia y de cultura política que se desea tener. Más aún cuando  "Por Disposición Transitoria de la Ley de Reforma Parcial a la Constitución Política del Estado, se considera como primera reelección al periodo 2015-2020 y la segunda reelección el 2020-2025" que en términos concretos significaría un gobierno de 19 años  bajo el mandato de Evo Morales, con todo lo que eso implica.



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Enviado por: albertcesp@yahoo.com


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