miércoles, 29 de abril de 2009

Pertinencia histórica de una secesión

Guillermo Capobianco Ribera
memocapobianco@gmail.com

Quien o quienes estuviesen comprometidos en una supuesta aventura secesionista estarían cometiendo algo peor que un crimen como lo definiera Fouche durante la Francia Revolucionaria. Estarían cometiendo un error político.

Así de simple!

En la múltiple experiencia histórica de secesiones célebres, ninguna tan emblemática como feroz y sangrienta como la secesión en Estados Unidos que desató una guerra de 5 años desde que Jefferson Davies proclamó a los Estados Confederados desafiando a los Estados de la Unión.

Fue durante la presidencia de Abrahan Lincoln, apóstol y mártir de la democracia; "gobierno del pueblo por y para el pueblo".

Colisionaron en esa guerra dos formas de vida, de sociedad y de economía.

"La esclavitud, dicen los entendidos, no tenia ningún sentido en una sociedad dinámica, emprendedora, industrial y urbana que tenia como horizonte el desarrollo y confiaba todo al espiritu de libertad y a la iniciativa de cada uno".

El haber ganado esa guerra, abolir la esclavitud y precautelado la democracia y la libertad costó la vida a ese gran Presidente que fue Lincoln.

No es el caso de Bolivia.

Lo que se está produciendo en este país es una confrontación despiadada entre la sociedad abierta, emprendedora, dinámica y social capitalista que representa Santa Cruz y la "media luna" y la cosmovisión de la cultura andina representada por el gobierno del Presidente Morales y el indigenismo delirante del Vice Garcia Linera.

Hasta este momento, la "locomotora" de la economía nacional sigue siendo aquella de Santa Cruz y la "media luna"; sólo que en la marea del voto de diciembre del 2005 esa economía y la sociedad que la expresó de manera coherente desde la revolución productiva de la revolución nacional, perdió el poder político.

La esencia de la revolución cultural que impulsa el Gobierno central es liquidar la base estructural de la sociedad democrática de Santa Cruz y la media luna para reemplazarla con una economía comunitaria – agrario-campesina, implantando una nueva institucionalidad y una nueva clase dominante y gobernante en el poder.

El proceso de re-estatización de las empresas públicas privatizadas continuará a pesar del fracaso de YPFB; sumergido en una vorágine de corrupción sin precedentes que echó por tierra el objetivo estratégico de la revolución social - comunitaria y la industrialización del gas mediante la separación de líquidos.

De paso arrastró a Santos Ramírez, sucesor político del caudillo Presidente, instalando en la cúpula del poder un gérmen ineludible de convulsión, inestabilidad y tal vez de ingobernabilidad.

La comunidad hispano mestiza de Santa Cruz ya fue calumniada antes con el estigma de la secesión pagando el tributo de sangre joven y rebelde como fue la masacre de Terebinto durante la invasión campesina de mediados del siglo xx.

Este desencuentro rematará en un nuevo y racional Pacto Social o en jornadas imprevisibles de luto, dolor y muerte.