domingo, 29 de noviembre de 2009

El tirano creativo y el opositor mediocre

Romano Bismarck Paz Alvarez
marck_paz@hotmail.com

Elaborar una campaña política, en definitiva, no es una actividad restringida a determinados individuos iluminados por la divina providencia y favorecidos con poderes sobrehumanos. Ésta es una actividad que es bien desarrollada por personas sin pena ni gloria en su haber político; se trata de profesionales mortales y corrientes, especializados en utilizar métodos simples para solucionar problemas de forma creativa. Empero, ¿qué es ser creativo?, se preguntará; se basa en posicionar algo, sin venderlo como tal, parece un poco complicado, pero en realidad es muy sencillo. Veamos.

Éste es el caso de muchas afamadas marcas globales, que, como dije, son capaces de vender productos usuales, como un reloj, a precios exorbitantes. El secreto se basa en que, en realidad, no venden relojes y el precio no se justifica sólo porque sus accesorios sean verdaderas joyas y piezas de museo. Porque si de saber la hora se trata, se puede comprar relojes desde un dólar; además, este artefacto cuenta con muy pocas funciones alternativas a la de medir el tiempo, es obsoleto e innecesario con relación a los celulares multifuncionales. Lo que hacen las compañías es saciar los más bajos instintos del ser humano, ofertando a sus clientes exclusividad, glamour, estatus, esplendor, prestigio y la posibilidad de comprar.

Arranquemos el logotipo y la etiqueta a una prenda elaborada por una firma famosa y veremos que su valor comercial se limita al precio de la tela en el mercado. Como podemos ver, se puede vender productos sin vender en realidad el tangible ofertado; eso es a lo que se llama ser creativo y vender una marca. Es ofertar un concepto, un estilo de vida, es la representación emblemática de ciertos principios y valores.

El tirano entendió que para mantener o incrementar su mercado electoral debía contratar profesionales creativos para que trabajen en el diseño de su campaña electoral, con miras a las elecciones presidenciales. De esta manera observamos que en el área metropolitana de Santa Cruz se han utilizado vallas con artes vanguardistas que transmiten modernidad, progreso y desarrollo; predominan los colores blanco y verde, y desapareció la wiphala y cualquier otro símbolo de occidente, sea éste urbano, indígena o campesino. Esto precisamente porque, en definitiva, no tienen llegada en esta parte del país; colocan muy sutilmente el logo del partido y, como si eso fuera poco, las caravanas que buscan el voto urbano lo hacen reproduciendo las más alegóricas canciones orientales, situación que cambia si salimos a la periferia. Huelga decir que el cambio es radical en el área rural y bipolar (antagónica) en relación con la campaña del altiplano. Por supuesto es una campaña a la que sobran los recursos, pero eso no le quita que sea creativa, bien manejada y que haya segmentado bien a su público objetivo.

La campaña de la oposición es mediocre, improvisada y carece de creatividad, no es excusa la falta de recursos, porque esto es cuestión de ideas y no de dinero. Quienes no comulgamos con este Gobierno autoritario, nos merecíamos algo mejor.