viernes, 27 de noviembre de 2009

Especulación eficiente

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Cualquier trabajador lo que quiere es ganar lo más posible por trabajo realizado y con el menor esfuerzo posible. El empresario, a su vez, cuando contrata trabajadores busca pagar lo menos y con la esperanza que le rindan la mayor productividad potencial, vale decir, la mayor cantidad de producción por trabajador, dado un stock de capital y las demás condiciones tecnológicas.

La teoría de los mercados sostiene que el precio de cualquier bien, servicio o activo financiero, que se transa en los mercados, está determinado por su oferta y su demanda, las mismas que se comportan influenciadas tanto por las necesidades y deseos que expresen oferentes y demandantes como por la "información" que disponen, sobre todo lo relacionado con el mercado en cuestión. Si suponemos un mercado de alimentos cualquiera, digamos de carne vacuna, el oferente tiene información sobre la calidad de este alimento, cuánto le cuesta producir, la existencia y precios de productos sustitutivos, como es la carne porcina o los pollos, etc. Sobre la base de esta información el oferente busca obtener el mayor precio posible por su venta y a partir de un precio mínimo, debajo del cual no estaría dispuesto a realizar la venta. Si el productor no puede vender ni siquiera a este precio "marginal", entonces, liquida su producción y se retira del
negocio. A esto se denomina el principio de la racionalidad económica con el que actúan demandantes y oferentes.

Cuanto mayor y mejor sea la información que tengan los participantes en los intercambios, más eficiente es el mercado en cuanto a la determinación del precio. Tanto el demandante como el oferente ganan en la transacción y es su óptimo, dado que ninguno de ellos podría ganar más. A esto se llama eficiencia del mercado. El vendedor concluye que ese es el precio máximo que puede cobrar al vender el objeto de la transacción, lo mismo sucede con el demandante quién cree que ese es el precio más bajo al cual puede adquirir el objeto en cuestión. No se realiza la transacción si esto no fuese así. El conflicto de intereses pacíficamente se resuelve.

De lo dicho se desprende que el ama de casa que acude periódicamente al mercado, el comerciante, el trabajador, el empresario, el capitalista y el banquero, todos ellos actúan racionalmente en los mercados.

En la medida que proliferan los mercados y la especialización también se expanden los intermediarios entre oferentes y demandantes, sean de bienes, servicios y activos financieros, dando lugar a la profesión de comerciante y del banquero y al concepto de especulación. Desde un punto de vista comercial se entiende por especulación cuando se adquiere mercancías o valores con el objeto de obtener un lucro monetario al momento de venderlas, cuando se compra algo con la expectativa de venderlo a un precio mayor. Pero no sólo esto, sino que, siguiendo el postulado de la racionalidad económica el agente económico en cuestión busca el menor precio cuando adquiere algo y el máximo cuando lo vende, entonces, todos estos agentes económicos se convierten en especuladores. Se piensa que el especulador es un "aprovechador", situación que se puede dar pero este hecho es de importancia secundaria.

Cabe la pregunta, ¿Por qué decide usted, o cualquier comerciante, comprar algo hoy día y no dejar para después si se podría posponer una compra, o también una venta? Aquí entra en escena la teoría de las "expectativas". Todo acto de compra o de venta se basa en lo que la gente piensa vaya a suceder en el futuro, un porvenir que se caracteriza por la incertidumbre. Y estas expectativas se elaboran con la información que dispone el agente económico en cuestión. Si la información que dispone es acertada es lógico concluir que sus expectativas se pueden cumplir. Si no es así, también sus expectativas estarán erradas y, por tanto, el intercambio realizado ya no será el óptimo. Pero como se supone que el comportamiento del agente económico es racional, para una próxima transacción, el agente reajusta sus expectativas buscando mejor información. Esto quiere decir que los agentes económicos aprenden de sus errores para no volver a cometerlos.

De lo expuesto surgió la teoría de las "expectativas racionales" que no es otra que decir que la gente construye expectativas sobre lo que puede suceder mañana a partir de la mejor información que hoy dispone. Esta es una de las razones por qué la gente lee periódicos, escucha noticias y se interesa por los hechos económicos.

Pero no siempre las expectativas pueden ser "racionales", también puede haber "no racionales". Un ejemplo de esto último se da cuando una persona normal de pronto se descontrola y comete un crimen. De seguro que se arrepentirá luego del hecho, pero ya es tarde. Lo mismo sucede con agentes económicos que actúen impulsados por expectativas no viables. Cuánta gente se lanza a desarrollar una actividad empresarial que luego fracasa rotundamente. Averiguadas las cosas, se concluirá que el desafortunado aprendiz de empresario se movía con información defectuosa o alejada de la realidad.

Como cualquier teoría científica, la teoría de los mercados eficientes es una simplificación de la realidad para determinar causalidades esenciales inmediatas. En la realidad los precios se determinan una vez y estos permanecen relativamente constantes, de tal manera que oferentes y demandantes lo que determinan en cada transacción ya no son los precios sino tan solo las cantidades. Y esto es así cuando en una economía libre de mercado prevalecen dos condiciones fundamentales: la primera, la competencia y, la segunda, el control de la cantidad de dinero.

Cualquier vendedor quisiera obtener el precio más alto por lo que vende, pero esta ilusión está limitada por la competencia. Si se pregunta el precio de cigarrillos o de galletas de la misma marca y calidad en la infinidad de "kioscos" que pululan en la ciudad de La Paz, se podrá comprobar que rige en todas partes el mismo precio. Esto quiere decir que la ganancia por unidad de producto es la misma en todos los kioscos. La ganancia total podría variar algo, pero esto sería consecuencia de que unos venden un volumen mayor que otros, pero no por precios.

Y con el advenimiento de la globalización y la presencia de las leyes del mercado cada vez se observa más que bienes similares tienen el mismo precio en diferentes partes del mundo, descontando costos de transportes, impuestos y nivel de vida por diferente grado de desarrollo económico. Esto quiere decir que si en el mundo existiese una verdadera y plena liberalización del comercio, -no tratados de libre comercio porque no es lo mismo- los precios -descontados- de bienes similares serían iguales en todos partes suponiendo tipos de cambio fijos. Esto sería así porque los bienes se moverían desde lugares donde su precio es más bajo a otros donde su precio es más alto, hasta que algún momento se ubicarían en el mismo nivel.

En el mercado del trabajo sucede algo similar, cuando hay competencia. Cualquier trabajador quiere el salario más alto con el mínimo de esfuerzo. Esto no es así porque detrás de ese puesto hay otra gente dispuesta a tomarlo, lo que lleva muchas veces no al mínimo esfuerzo sino al máximo, si se quiere retener un trabajo. En la realidad, y en el mundo, uno de los mercados que se comparta con muchas distorsiones son estos debido a la intervención estatal en la determinación de salarios, a las negociaciones colectivas entre empresa y sindicatos, a la inamovilidad laboral, todo lo cual hace que los salarios no se determinen por las fuerzas de la demanda y de la oferta sino por razones institucionales que impiden la conformación de salarios de eficiencia y traen consigo un secular séquito de desempleo.

Asegurar la presencia de la competencia en los mercados es fundamental para hablar de mercados eficientes. Esto llevó a los propugnadores de la economía social de mercado, durante la reconstrucción de Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, que para asegurar un óptimo orden económico y social debe ser función del Estado asegurar la construcción y el mantenimiento de un orden competitivo.

Pero la competencia en los mercados es necesaria pero no suficiente; para que sea tal, debe cumplirse con la condición de control de la cantidad de dinero, condición, que hasta el día de hoy plenamente no cumple ningún país del mundo. Por este motivo, la inflación es una crónica enfermedad que afecta a los mercados impidiéndoles la determinación de precios de eficiencia. Se debe recordar que esta tarea es una función estatal en cualquier país. Es decir estamos frente a una "grave falla del Estado".