lunes, 29 de marzo de 2010

Re: LA REVOLUCION DE ZAPATA

Fernando Davila Pinilla
davilapinillafernando@gmail.com

La muerte de del preso político Orlando Zapata Tamayo, después 85 días en huelga de hambre, sirvió de bandera para que la burguesía internacional intensifique la campaña por la restauración capitalista en Cuba, Con el argumento de la democracia, las libertades y los derechos humanos.

La muerte de un preso político por huelga de hambre es un hecho dramático. Para llevar la decisión hasta el final se tiene que tener una profunda convicción en la causa por la que morir y que el sacrificio no será en vano. No nos parece que Orlando Zapata Tamayo constituyese un peligro para la revolución. Pero el gobierno cubano considera que si, que son contrarrevolucionarios peligrosos y deben estar en la cárcel.

El hecho de que a Raúl y Fidel no les preocupe la repercusión sobre las masas cubanas de la muerte de Zapata indica que es dudoso que sean una amenaza a la revolución. El imperialismo y la burguesía latino-americana tomaron la muerte de Zapata como parte de su lucha dirigida contra las conquistas históricas de la revolución y restaurar el capitalismo.

El combate a las tendencias restauradoras capitalistas tiene que darse a través de la lucha de clase y de la democracia obreras, que garantice libertad a todas las corrientes y partidos que defienden la revolución pero que tienen diferencias en cuanto al camino de construcción del socialismo y del internacionalismo. Ocurre que la dictadura del proletariado que emergió de la revolución degeneró en dictadura burocrática castrista.

El hecho de que Cuba haya quedado aislada con la desintegración de la Unión Soviética y con la adopción de la burocracia china de la "economía de mercado" acentuó la burocratización del PC cubano, que avanza hacia posiciones restauradoras. Las presiones externas pro-capitalistas se manifiestan internamente en el núcleo dirigente del país, sin que la burocracia castrista pueda dejar de apoyarse en parte de las conquistas revolucionarias. Se acrecientan las contradicciones en la economía, en la sociedad y en el Estado. Basta observar las medidas de diferenciación clasista y de retorno de los negocios privados implantadas por el gobierno para comprobar esta afirmación.

Las huelgas de hambre y la muerte de Zapata son expresión por un lado de las presiones restauradoras y, por otro, de la ausencia de la democracia proletaria, sin la cual, tarde o temprano, la dictadura burocrática dará lugar a las fuerzas pro-capitalistas, impulsadas por el imperialismo. Es lo que se constata hace algún tiempo.

Cuba carece de un partido internacionalista que se apoye en el Programa de Transición de la IV Internacional, para romper la pasividad de las masas y el temor a lanzarse a la revolución política, que establezca la democracia proletaria y avance en la economía basada en la propiedad colectiva de los medios de producción.

Es un error no comprender que las huelgas de hambre de los presos políticos son expresión de no sólo las opreciones restauradoras sino también de la dictadura proletaria degenerada por la burocratización. Hay que levantar en Cuba la bandera de la implantación de la democracia obrera, de la edificación del internacionalismo y de la defensa del comunismo para aplastar a la contra-revolución.