sábado, 17 de abril de 2010

El mito de los derechos de la madre tierra

Gonzalo Rodríguez
rodriguez.go@gmail.com
http://libertadesdemocraticas.blogspot.com

La "Conferencia mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Tierra (CMPCCDT)" que tiene lugar este mes de abril en la localidad de Tiquipaya, pese a su nombre oficial según la página Web del gobierno http://www.abi.bo , es sistemáticamente presentada por ciertas esferas gubernamentales, organizaciones y ONG´s interesadas bajo un otro rótulo que, en sus términos finales, resalta como la Conferencia sobre los Derechos de la Madre Tierra.

El propósito no resulta otro que el de alentar una especie de culto a la "tierra", y tiene entre sus antecedentes, tanto el mensaje del Presidente Morales hace un año ante la ONU: "Hacia una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra". Y mas adelante, tras la Cumbre mundial de Copenhague que dejó sabor a poco sobre la defensa del medioambiente, el otro antecedente surge con la convocatoria a la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático.

En esta última oportunidad, y conforme lo volvió a repetir hace poco, el Presidente Morales fue más lejos y, llegó a afirmar que los derechos de la madre tierra son más importantes que los propios derechos humanos, con lo que terminó de configurar el mito. Su slogan sonó bien, pegó y, es probable que así quede por buen tiempo en la memoria colectiva.

Ello pareciera no tener mayor trascendencia, pero amerita másatención; no solo por la necesidad de precisar conceptos, sino por la urgencia de desentrañar implicaciones del mito, cuando, como muchos otros, induce a visiones alejadas de la realidad y la razón y, puede llevar por camino errante, las aspiraciones de que los Estados se comprometan, de manera sincera, a favor de un medioambiente saludable.

Para empezar, debe quedar claro que el Derecho regula relaciones jurídicas entre humanos, y dado el caso, de estos sobre las cosas; nunca reconoce derechos a estas últimas por cuanto ellas no pueden ni podrían ejercer por sí tal titularidad. Sólo los seres humanos pueden reclamar y ejercer sus derechos y, estar obligados a ciertas conductas para que los derechos de sus semejantes no se vean afectados.

Por ello, pensar que la llamada "madre tierra" será titular de derechos es ilusión, pues solo la humanidad, en su totalidad y/o parcialidades de ella, podría reclamar y ejercer derechos sobre el medio ambiente, y peor si implica admitir que, en aras del mito, se puede estigmatizar a los derechos humanos; desconociendo incluso que ellos, en su desarrollo, han incorporado una tercera generación de derechos colectivos, inherentes al medio ambiente y la responsabilidad solidaria de la humanidad al respecto, e inspirado al desarrollo del Derecho Ambiental en diferentes países, incluyendo el nuestro.

Que existe la necesidad de que la legislación de estos derechos logre mayor desarrollo no se niega y, por tanto, la urgencia de exigir de los Estados una sincera atención a la problemática del medio ambiente. Pero, presentar las cosas como alejadas y peor contrarias a los derechos humanos es ya un despropósito, y confirma que la distorsión de la visión sensata de las personas siempre ha sido una función de los mitos.

Pero, ¿qué necesidad ha llevado a dar origen al mito en cuestión? Y resulta pertinente reconocer que pese a haber admitido, en la nueva Constitución Política del Estado el que los tratados internacionales sobre DD.HH. tengan una consideración privilegiada, no solo porque forman el bloque de constitucionalidad (Art. 410, II) sino porque gozan de aplicación preferente incluso por encima de la Constitución cuando dichos tratados contemplen derechos más favorables (Art. 256, I), existe una especie de resentimiento o temor hacia los derechos humanos, cuando los autores del mito se muestran renegados de la misión de abanderar estos derechos fundamentales, como correspondería siendo consecuentes con los postulados constitucionales.

Por lo que se ve, nunca hubo sincera convicción en torno a la trascendencia de los DDHH en el nuevo texto constitucional, máxime si revelan que tienen la convicción de que otro tipo de derechos (ilusorios) son más importantes. Y a sabiendas de que en definitiva no habrá en esencia tales derechos de la madre tierra, pero sí los derechos humanos y que incluyen la temática del medioambiente, el mito se muestra útil para recurrentemente relativizar el respeto y cumplimiento de las obligaciones que se derivan de los derechos humanos en general y de los derechos ambientales en particular.

Ahora se entiende porque surgen voces de protesta de indígenas del oriente boliviano, cuando exigen que el gobierno respete su derecho a ser consultados sobre proyectos que comprometen su hábitat, o la exigencia de crear la mesa Nº 18 por parte de dirigentes del CONAMAQ, para que puedan hacer llegar sus denuncias de contaminación ambiental por la inapropiada explotación minera en el occidente boliviano.

Obra de esa falta de sinceridad con los Derechos Humanos en general y el Derecho Ambiental en particular, es más fácil recurrir a la falacia de los derechos de la madre tierra; de manera que no rindan cuentas de sus actos cotidianos y, busquen encubrirse en supuestas intenciones salvadoras de la tierra.