lunes, 31 de mayo de 2010

ante la humillacion, miremos a Sucre

Ivan Arias Duran
ivanariasduran@hotmail.com

En 1825, el Mariscal Antonio José de Sucre (AJS) influyó para que las provincias del Alto Perú se independizaran y constituyeran una Republica soberana. Reunidas en Asamblea sus representantes proclamaron la creación de la República, y promulgada la Carta Constitucional, Sucre fue elegido su Primer Presidente. Al frente del Gobierno promulgó leyes progresistas; hizo la división política del país en departamentos, provincias, cantones. Impulsó la instrucción pública, organizó el aparato administrativo y encaminó ambiciosos programas para la recuperación económica.

La gloria de AJS proviene de sus largas luchas independentistas, pero el cenit de sus victorias se dio en la Batalla de Ayacucho que posibilitó la total derrota de los españoles. Sin embargo, La Batalla de Ayacucho, no sólo fue una demostración de pericia bélica, sino también de humanidad y cortesía. Relata el historiador Cisneros que "antes de la decisiva batalla, los mandos militares, a pedido de sus tropas, acordaron que las mismas puedan encontrarse ya que ambas sabían lo que se venía. Así, se reunieron militares de ambos bandos, completamente desarmados. Criollos sudamericanos y peninsulares departieron en medio de gran cordialidad. La desusada entrevista duró media hora y después de abrazarse los que más tarde buscarían destrozarse, se retiraron hacia sus líneas agitando las manos en señal de despedida".

"Eran ya cerca de las diez de la mañana cuando comenzaron a agitarse las grandes masas peninsulares, que dieron un prolongado y compacto: "Viva el Rey". Y en respuesta un sonoro "Viva la Patria" estalló en las filas libertarias. A la una de la tarde, la batalla de Ayacucho había terminado con el rotundo triunfo del ejército de la libertad. El telón colonial había caído para siempre. Pero siguieron sucediéndose los duelos de cortesía y de humanidad. Cuando el Virrey La Serna, herido y apresado entregó su espada, el General Sucre la rechazó diciéndole: "Honor al vencido. Que continué en manos del Valiente".

Este domingo, los primeros gobernadores del "estado autonómico" serán humillados, mediante la imposición de una ley centralista, al ser posesionados por el Gobierno Central que busca machacarles con ello que el poder está en el Ejecutivo y que eso de autonomía es algo para los jingles comunicacionales y que, en la real politik, el vencedor del altiplano es el que manda. Por supuesto la estatura de AJS queda demasiado grande para los que se guían con el odio y la venganza. Al Régimen que quería uno, dos, cien vietnams, ya le están estallando un caranavi, dos sacacas y cien narcozonas. Por ello, como dice un refrán: cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol, no vaya a ser la sombra de un pigmeo.

En este contexto, los Gobernadores, aquellos que lucharon y creen en la autonomía como principio de vida, este domingo en la Capital de la Republica, al momento de su posesión deben posar sus ojos y juramento en la figura del Mariscal Antonio José de Sucre, como un símbolo de esperanza y de mensaje a futuro. Por su parte los otros gobernadores de cuyo cargo se posesionan por simple artilugio político, seguro levantaran sus manos para ratificar el "Ave cesar" y juraran obediencia obsecuente a su líder espiritual.

AJS es la luz que los bolivianos y bolivianas necesitamos para ser sabios en la derrota y humildes en la victoria. Antes de la Batalla de Ayacucho, Sucre se irguió sobre los estribos de su caballo y con voz tronante lanzó su arenga: "Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia".