miércoles, 5 de mayo de 2010

DE LA LUCIDEZ DE MARX

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

El país está otra vez en una escalada de protestas sociales masivas encabezadas por los obreros. Reproduciendo en estos tiempos de "cambio" una forma endémica de la realidad político social del país. Pues, hasta donde la memoria alcanza, la política y el gobierno bolivianos han vivido constante y episódicamente este tipo de situaciones, con efectos poco apreciables, y hasta fatales para algunos gobiernos de turno. Sin por ello mejorar la situación económica de la clase obrera. Ni la del país.

Las luchas obreras, que vienen desde las primeras décadas del siglo pasado (1919, Uncía, la primera huelga minera), y las varias masacres en las que desembocaron, en realidad han hecho muy poco por los intereses obreros, a pesar del esfuerzo, el sacrificio y la sangre derramada. Hoy, tenemos los salarios más bajos de la región, los servicios sociales y de salud con que contamos son malos, lo mismo que nuestros ingresos como jubilados, los sindicatos están cada vez más débiles y las oportunidades de encontrar empleo son cada vez menores. Y esto, para los que tienen la suerte de encontrar un empleo en la empresa privada o estatal, que son una minoría exclusiva. Porque, sin duda, la mayor parte de la población en edad de trabajar (cerca del 78% de la misma) está en peores condiciones, semiocupada o desocupada, empeñada en salir adelante como sea, afanada por inciativa propia en trabajar de labrador o pastor, comerciante minorista, artesano o empleado de micro o pequeña empresa. Mientras que para nuestro país, Bolivia, no termina su condición de, el más atrasado y pobre de Sudamérica.

Algo debe andar mal, cuando tanta movilización social, marcha huelga, paro, ayuno, bloqueo de caminos, enfrentamiento con las fuerzas del gobierno, etc. por cerca de un siglo, no logran más que los míseros resultados descritos. en resumen, una gran energia social y económica desperdiciada o, peor aún, destinada ha hacer daño, tanto al conjunto social como a sus pobladores. Algo que antes que dar provecho genera mal.

Pero, qué anda mal. Qué está mal en esta forma de búsqueda de mejores condiciones de vida. Como buenos izquierdistas, escuchemos lo que Marx dice de este tipo de cosas:

"El interés del capitalista y del obrero es, por consiguiente, el mismo, afirman los burgueses y sus economistas. En efecto, el obrero perece si el capital no le da empleo. El capital perece si no explota la fuerza de trabajo, y, para explotarla, tiene que comprarla. Cuanto más velozmente crece el capital destinado a la producción, el capital productivo, y, por consiguiente, cuanto más próspera es la industria, cuanto más se enriquece la burguesía, cuanto mejor marchan los negocios, más obreros necesita el capitalista y más caro se vende el obrero.

Por consiguiente, la condición imprescindible para que la situación del obrero sea tolerable es que crezca con la mayor rapidez posible el capital productivo."

Karl Marx

¡Más claro... agua! Es esto, que en concepto de Marx le viene bien al obrero (y también a un país, decimos nosotros) lo que en Bolivia se ha estado evitando y rechazando desde hace casi diez décadas. Pretendiendo dar un salto en la historia, bajo la magia de las consignas marxistas. Bajo el efecto del pensamiento de Marx interpretado interesadamente por los populistas y el ala izquierdista de la oligarquía. En el país, desde los "socialistas republicanos", los del "socialismo militar", los anarquistas, los trotzquistas, los comunistas y los caudillos del MNR, como los Paz Estenssoro, los Siles Zuazo, Céspedes, Alipio Valencia, Walter Guevara, Juan Lechín, Carlos Montenegro, etc. (sin desmerecer el influjo de la línea nacional socialista).

Es, desde esos tiempos que el país vive bajo esta orientación. Pretendiendo frenar el curso de la historia, el desarrollo de una economía capitalista, para dar lugar a una suerte de socialismo que no terminan de definir ni logran entender ("socialismo militar", "nacionalismo revolucionario", "socialismo del siglo XXI", "revolución democrática cultural", "socialismo comunitario", etc.). Con los resultados de miseria material y moral que conocemos y vivimos en el país... desde la invasión española.

Algún iluminado ideólogo del "cambio" puede estar imaginando una crítica sobre nuestras afirmaciones. Como, que lo dicho por Marx (lo citado) corresponde y vale para los primeros países europeos en proceso de salida del feudalismo, y, que para Bolivia esto ya no cuenta porque estaríamos siendo incorporados al sistema de modo tardío, cuando el sistema capitalista ya ha ocupado todas las oportunidades de desarrollo condenando a los países como el nuestro al atraso y la pobreza.

Nada nuevo, Un argumento conocido, que nada vale frente a la realidad creciente de países de todos los continentes, y pueblos de todas las razas, que han salido de la pobreza y el atraso en los últimos 50 años, y , precisamente, por medio de la economía de mercado: Hong Kong, Singapur, Taiwan, Corea del Sur, Thailandia, Irlanda, España, Botswana, etc., y los que están en curso como China, India, Viet Nam y hasta Chile...

¡Qué tal!... Parece que nuestros marxistas, los militantes del "cambio" en su versión chavista, no compaginan con Marx ni... con nada que sea coherente. Sería bueno que repiensen sus consignas, ahora que están empezando a saborear el rechazo popular y las protestas sociales: pan de cada día en la política nacional.

Saquen enseñanza de la experiencia histórica del país, y de la humanidad. La economía estatizada ("nacionalizada") es más apta para la redistribución del producto social antes que para su creación. Por lo que no es para nada extraño que genere estancamiento, pobreza y atraso. Y, en estas condiciones, no será posible contentar a la clase obrera ni al resto de la gente pobre. Ni frenar sus reclamos. Menos aún, cuando se tienen que guardar las fomalidades de la democracia. De ahí la natural tendencia hacia la dictadura de los gobernantes empeñados en estatizar la economía, y su espanto ante las voces disidentes y la oposición.

Si socialismo necesita el país, será de otro tipo, uno democrático, respetuoso de los derechos humanos y eficiente en cuanto a la economía. No el conocido y ya fracasado, a la cabeza de la ex URSS.