miércoles, 5 de mayo de 2010

Del sueño a la pesadilla

Boris Bernal Mansilla
boris.bernal@bolivia.com

Existen múltiples maneras de evaluar los logros y aportes de un régimen social. En economía, se lo puede hacer midiendo la satisfacción de las necesidades básicas, el consumo de energéticos, la productividad, los grados de industrialización de la economía.

En términos políticos, se puede medir los avances democráticos mediante la amplitud de la autoorganización social para gestionar asuntos colectivos; la pluralidad de disidencias incorporadas en la lógica de las políticas públicas, el creciente involucramiento de las personas en la gestión del bien común, el reconocimiento de la diversidad cultural en la administración estatal.

Viendo estas variables de medición de "desarrollo" se puede afirmar con certeza que tanto la economía como la política están involucionando en nuestro país. Seguimos teniendo el mismo ingreso promedio de hace 20 años, pese a que la productividad técnica mundial se ha multiplicado; las decisiones políticas se han concentrado aun más que hace décadas atrás, pese a que existe un régimen de democracia representativa.

Intentando darle algún sustento teórico al proyecto de país del MAS, García Linera saco de la galera, poco antes de las elecciones de diciembre del 2005, la fórmula del "capitalismo andino amazónico". Coherentemente con esta concepción, el contenido económico social del programa de gobierno no es favorecer la "economía familiar", ni responder a los intereses de la clase obrera, el campesinado pobre, los sectores populares mas sumergidos de las ciudades, ni la masa de los pueblos originarios. García Linera y el MAS han diluido, tergiversado y traicionado las aspiraciones y demandas de un pueblo ávido y necesitado, los hechos están confirmando este diagnóstico.

La verborrea del mal llamado "proceso de cambio" no ha cambiado en nada la situación material de los pobres y vilipendiados, por el contrario, sus condiciones de vida se hacen más difíciles. Se convierte en un factor determinante de este proceso la incapacidad del gobierno para satisfacer las necesidades inmediatas de los desposeídos. Un miserable incremento salarial del 5 %, la pretensión de aprobar una Ley Laboral y un Estatuto del Servidor Público, que vulnera conquistas fundamentales de los trabajadores. Son motivos cotidianos para que los diferentes sectores evidencien en carne propia que su situación -en lugar de mejorar- empeora cada día.

Esto es una muestra clara de cómo las condiciones materiales chocan contra la retorica demagógica del un gobierno más del sistema decadente.