jueves, 13 de mayo de 2010

El Zorrenti



El Zorrenti

En septiembre de 2003, al conjuro de "No a la venta de gas a Chile", se registraron diversas acciones de desafío al orden constitucional que afectaron al normal desenvolvimiento de la sociedad. A efectos del presente texto, no realizaré una relación de los hechos sucesivos que concluyeron con la interrupción del periodo constitucional del Presidente de entonces.

Antes bien, quiero concentrarme en uno de los episodios más ilustrativos del estado de convulsión de tal época: la toma, de parte de algunos lugareños, como rehenes de una considerable cantidad de turistas que habían ido a presenciar la fiesta de la exaltación en la localidad de Sorata.

La bárbara acción conmovió a la opinión pública, no solo a la local sino a también a la internacional porque entre los rehenes se encontraban algunos visitantes extranjeros, y tuvo un desenlace luctuoso que contribuyó a la precipitación de los acontecimientos ulteriores.

Infructuosamente agotado el diálogo, surgió la presión diplomática que reclamaba la liberación de quienes provenían de otras latitudes.

El ministro de Defensa de aquel tiempo, Carlos Zorro Sánchez Berzaín comandó personalmente el operativo de rescate que se había ejecutado "limpiamente" y que parecía que habría de concluir de igual manera cuando en el camino de regreso a la Sede de Gobierno, a la altura de Warisata, se produjo una refriega que dejó como saldo siete muertos y 17 heridos entre uniformados y civiles. El hecho más conmovedor fue el deceso de una niña que fue alcanzada por una bala perdida.

Sistemáticamente, por diversas actitudes que consideraba abusivas, dedicaba mis espacios de opinión a disparar contra el mencionado hombre fuerte del partido en ejercicio del gobierno; pero en aquella oportunidad juzgué que su intervención fue la adecuada en función del bien común y la responsabilidad que tiene un gobierno de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Entre abril y mayo de 2001, al conjuro de "Procesadora de cítricos", pobladores de Caranavi bloquearon el camino que conecta este municipio con la Sede de Gobierno. A efectos de este texto no me voy a detener en la evaluación de la gestión del conflicto por parte del régimen que, en expresiones del propio Presidente era "un asunto particular" o en las del Vicepresidente, "un complot de la derecha con el patrocinio de la Embajada de los estados Unidos". Me voy a centrar en la resolución asumida por el ministro de Gobierno, Sacha Llorenti quien, al igual que el Zorro Sánchez, decidió poner término a una situación extrema que afectaba al conjunto de la ciudadanía, muy distinto, por cierto, a lo hecho por Quintana y Rada en Pando y Chuquisaca respectivamente –terrorismo de estado-. El saldo: dos muertos y veintinueve heridos, entre uniformados y civiles.

Por tanto, o bien Llorenti reivindica lo actuado por Sánchez Berzaín en el aquel acontecimiento concreto; o bien ambos son unos "carniceros" y Llorenti tendría que estar haciéndole compañía allá donde se encuentre. Me inclino por lo primero. La pequeña diferencia es que Sánchez Berzaín no fue un activista de los Derechos Humanos.

Puka