lunes, 3 de mayo de 2010

Nick Clegg

Juan Burgos Barrero
juanburgosbarrero@hotmail.com

Inglaterra vive una excitante lucha política motivada por los debates televisados entre los candidatos a primer ministro de los tres partidos principales. Los analistas han dicho que las generales del 6 de mayo son las más decisivas de una generación. Arropado por esos aires de cambio que amenazan con erosionar el viejo sistema controlado por los dos partidos antiguos –los laboristas y conservadores, la fulgurante irrupción del Nick Clegg del partido Liberal Demócrata ha fascinado a los británicos, sobre todo a los más jóvenes. Tiene un programa más progresista que los laboristas en numerosas cuestiones: derechos humanos, política exterior, inmigración, sistema electoral, reforma de la Cámara de los Lores y de defensa e integración europea. Asimismo, el líder del partido liberal demócrata tiene la virtud de que recorta la imagen de juventud y le ha arrebatado la idea del cambio al candidato conservador, David Cameron. Y lo más interesante es que ha marcado la cancha de la agenda política, al poner en el centro del debate la reforma del sistema electoral que pretenden cambiar los liberales a una representación proporcional. Defienden un sistema similar al de Irlanda, el voto único transferible.

El triunfo en el primer debate del líder liberal demócrata, Nick Clegg, revolucionó la dinámica de la campaña, una auténtica revelación como un político singular, carismático, un manejo escénico natural, transmitiendo un mensaje nuevo al establishment. Hasta ese momento era totalmente desconocido para mayorías de los electores. En el segundo cara a cara significó la confirmación de Clegg como aspirante real. El tercero ha sido su prueba de fuego y su definitoria consagración. Desde que comenzaron los debates televisados, los liberales demócratas superan a los laboristas en las encuestas y lo han relegado al tercer lugar.

El tercer y último debate entre los tres cabezas de la lista estuvo muy parejo, fue un duelo más igualado. Aunque las encuestas le dan el triunfo a David Cameron, seguido de cerca por Nick Clegg. Gordon Brown, a pesar de su falta de carisma sustento con autoridad sus argumentos económicos, con sus errores y sus defectos, demostró ser un político experimentado pegado a la realidad. Sin embargo, ninguno de los tres candidatos detallo como van a solucionar el déficit presupuestario de las finanzas públicas que es 71.000 millones de libras, es decir, de donde sacarán el dinero o qué gastos públicos recortarán y que impuestos subirán para a afrontar ese desajuste fiscal.

En este último debate, centrado en la situación económica, pero que al final fue dominado por la inmigración. Clegg una ve más, marco la diferencia, al cuestionar con firmeza a Cameron la imposición de un tope a la llegada de inmigrantes, precisando que el 80% de los inmigrantes proceden de la Europa del Este y no se le puede impedir la entrada. A Gordon Brown lo enfrentó en tono conminatorio a corregir los fallos de la política de inmigración: "el problema está creado y lo tenemos aquí, es un problema que vosotros creasteis y hay que hacerle frente: sacarlos de manos de las mafias criminales y ponerlos en las manos de Hacienda", fue el único que visibilizo el problema de los inmigrantes que viven en situación irregular y fuera del sistema, explotados y manipulados por las mafias.

Nick Clegg se ha constituido en el símbolo de la necesidad del cambio, un cambio de verdad y no el que ofrecían los conservadores. El cambio empieza con la reforma del sistema electoral, forzando la entrada del Reino Unido al siglo XXI, dicho de otro modo, crear un nuevo sistema político, acorde con los tiempos actuales y en el ámbito de la dinámica europea. En definitiva, lo que está juego el próximo jueves en las urnas son dos opciones políticas: cambiar el Gobierno o cambiar el sistema. Cuanto más gente vote liberal –demócrata, el cambio estará asegurado.