miércoles, 12 de mayo de 2010

VIOLENCIA Y PODER

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

La violencia como método de solución a conflictos está haciendo de Bolivia el Estado con mayor índice de enfrentamientos entre hermanos. Todos los días somos testigos de ataques de un grupo a otro por diferentes motivos, que van desde la pelea por una parada de transporte público hasta la lucha política por espacios corporativos de poder político. En medio tenemos la toma de instituciones públicas o privadas, la toma de predios o lotes de mafias organizadas en todo el territorio nacional, y como corolario la conformación de grupos armados de autodefensa propugnados desde el oficialismo y la oposición.

La inseguridad ciudadana está en una vorágine de violencia sin parangón, asesinatos con arma blanca y armas de fuego son noticia de todos los días, secuestros, violaciones, violencia de género, abuso de menores, trata de personas, tráfico de órganos, linchamientos, ajusticiamientos, trabajo infantil, abuso de personas de la tercera edad, accidentes de tránsito por negligencia de empresarios del transporte público y de chóferes con salarios de hambre, por último la corrupción, como otra forma de violencia apañada desde los estrados judiciales y de los otros poderes del Estado.

Una violencia que debe ser denunciada y que es también promovida por el Estado como lo es el famoso Thinku, que en una localidad se ha llevado dos vidas. El Thinku como paradigma de la violencia entre congéneres parece ser el "encuentro natural de la violencia" para resolver conflictos y que parece haber hecho carne en todos los bolivianos.

La violencia es un comportamiento deliberado y conciente, que puede provocar daños corporales o mentales a cualquier víctima. El término proviene del latín violentia y está vinculado a la acción que se ejecuta con fuerza o brusquedad, y que se concreta contra la voluntad o el gusto del prójimo. Generalmente se la ejerce contra un sujeto pasivo, como en el caso del abuso machista contra las mujeres en distintas sociedades. En el ámbito social y en el caso de Bolivia la sociedad se ha convertido en sujeto pasivo y activo de la violencia, ante la ausencia de Estado se recurre a la agresión para conseguir demandas que vayan a paliar la pobreza de gentes que no ven otra salida a su situación.

La violencia tiene orígenes de diversa índole, como ser el origen biológico de la violencia humana a partir de la evolución. Los estudios de los etólogos en primates no humanos y las técnicas de imagen están permitiendo explicar el lado oscuro de la naturaleza humana. ¿Por qué surge la violencia entre los seres humanos? ¿Está la agresividad inscrita en nuestro código genético? ¿Qué podemos hacer para evitar que el hombre siga siendo, como dijo Hobbes, un lobo para el hombre?

Konrad Lorenz propuso que la agresividad era un instinto natural del hombre, una herencia genética de nuestros antepasados simios. Sin embargo, estudios más recientes que han llevado a cabo los etólogos con primates han demostrado que incluso entre estos animales, la agresividad no puede entenderse como un mecanismo automático o una programación inevitable.

La violencia de acuerdo a los estudios en primates, no es la única forma de resolver conflictos, además, se ha descubierto que aun cuando estalla la guerra, en muchos casos, los chimpancés y otros monos acaban reconciliándose con abrazos, besos y caricias. En algunos casos, los monos superiores del grupo incluso actúan como mediadores, animando a los adversarios a superar sus diferencias.

Los neurólogos, han identificado algunas de las regiones cerebrales involucradas en la regulación de las emociones. Se señala que no todas las personas son capaces de controlar impulsos como la ira y la agresividad de la misma manera. Esto no quiere decir que se nace violento, sino que una combinación de factores genéticos e influencias sociales forjan una estructura cerebral que es más o menos capaz de controlar las emociones agresivas.

Atreviéndonos a hacer un ensayo sobre el origen político de la violencia, la raíz está en el uso de grupos sociales hambrientos y desesperados para hacerse del poder y del control de los recursos económicos. Estos grupos formados para ser violentos como sujetos activos y paradójicamente como sujetos pasivos, son los que reciben y dan las agresiones que llevan inclusive a la muerte.

Si bien el Gobierno ha recurrido a métodos violentos para hacerse del poder y que en su momento pueden haber sido legítimos ante el abuso y violencia de otro poder, esto no justifica que en la actualidad se siga propugnando la violencia como método de resolución de conflictos. Podemos citar ejemplos: el cerco al parlamento para aprobar las reformas al nuevo texto constitucional, la conformación de grupos armados de autodefensa en Caranavi y Alto Beni a manos de un Senador de la República, movimientos sociales soliviantados por el MAS, como son los Sin Techo, Los sin Tierra y muchos "Sin" que son la mayoría.

Grupos pro oficialistas que no dejan manifestar oposición en la sede de gobierno, estos grupos recurren a palos contra a candidatos y ex mandatarios, últimamente los mineros serviles (algunos) atacan a dinamitazos a fabriles y maestros, la amenaza permanente a los pueblos que optaron por una forma distinta de Estado, la persecución político – judicial y traslado de personas secuestradas y encarceladas sin debido proceso a la sede de gobierno.

Y debemos ser justos también, la violencia sin tregua de los grupos para cívicos que en franca guerra quisieron conscientemente derrocar a un gobierno legítimamente constituido, hordas de bárbaros violentos que tomaron instituciones del Estado, que a palos rompieron el alma a cuanto colla o indígena sospechoso de ser oficialista. Mención aparte merece la conformación de un grupo irregular al mando de supuestos terroristas en defensa de Santa Cruz. Sin olvidar a quienes torturaron y humillaron a campesinos en la capital Sucre. Así la espiral sigue en franco movimiento y mientras no haya justicia seguiremos lamentando muertes y heridos.

Es hora que el gobierno nacional, gobiernos departamentales, municipales y gobiernos locales, además de organizaciones sociales propugnemos la paz duradera en base a la consolidación del sistema judicial independiente y que sea capaz de impartir estado de derecho sin dependencia partidaria y de intereses mezquinos.

El gobierno debe ser el articulador de las propuestas de paz y dejar el discurso de la confrontación con acusaciones sin fundamento, dejando de lado también el discurso aleccionador hacia sus bases.

Los opositores de cualquier bando deben mostrar una actitud de defensa de los derechos humanos y las defensorías del pueblo y asamblea permanente de los derechos humanos deben dejar de ser funcionales a intereses políticos.