martes, 15 de junio de 2010

SOBERANO DEMOCRACIA Y EDUCACIÓN

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

Según la teoría, y la experiencia, las formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia y la democracia están sujetas a riesgos naturales de distorsión y degradación. La monarquía en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en demagogia. Pero es más, la historia de la humanidad en los últimos siglos ha agregado nuevas formas de corrupción: las democracias manipuladas, degradadas y convertidas de hecho en regímenes oligárquicos y despóticos en Bolivia la oligarquía se ha impuesto con regímenes de facto como con gobiernos surgidos de elecciones.

Sí, hablamos de democracia manipulada, degradada. Nos referimos a casos como los regímenes promovidos por el gobierno de la Venezuela "bolivariana" en varios países de la región. Promoción que le llega al país de la mano de Evo Morales. Una realidad similar, aunque con diferencias de grado, en Venezuela en un avanzado estado de degeneración y en Bolivia en etapas de inicio, pero avanzando a ritmo acelerado.

Son regímenes cuyas estrategias revolucionarias se han visto en la necesidad de distorsionar el funcionamiento de las instituciones democráticas y hasta de transgredir normas de sus propias constituciones (las promocionadas por ellos mismos) en aras del socialisno. Sí, nada más ni nada menos que el socialismo. La proclamada razón y fin de los ideales y sueños de sus líderes.

Y está claro, no es ya posible instalar el socialismo de golpe y porrazo, como lo fue en Cuba y la URSS, por ejemplo. A estas alturas, ya no se ve fácil el arrebatarle a la gente sus recursos y libertad para someterla a los designidos de los gobernantes. Vean, qué difícil sería estatizarles sus negocios, quitarles sus medios de producción, sus empresas a los capitalistas (grandes, pequeños y microempresarios), sus talleres a los artesanos, sus qatos a los comerciantes minoristas y hasta las viviendas como la tierra a los campesinos, para reducir a todos a la condición de empleados y dependientes del estado, a merced del buen o mal humor de los gobernantes, y éstos en posición de selores feudales. La población entera viviendo de un sueldo pobre, como la única fuente y posibilidad de ingreso económico, sin opción alguna de mejora. Una situación equivalente a la drástica limitación de la libertad humana y el derecho natural de las personas a buscar, por sí mismas, mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias.

Hacer estas cosas, ya no parece posible a estas alturas de la historia de la humanidad, ni siquiera por la fuerza, como se hizo en Europa Oriental bajo el manto del Ejercito Rojo triunfante en la Segunda Guerra Mundial. Hoy los valores humanos y sus derechos se han hecho ya populares, en un mundo de economía internacionalizada. Donde vivimos una aldea global, dependiendo unos de otros, atentos unos sobre otros. Al punto de que un gobierno adverso a los valores de la democracia y los derechos humanos se pone en serio riesgo de sufrir rechazo y sanciones económicas de la comunidad internacional, capaces de dañar seriamente sus opciones de dominio. Sin embargo, en la práctica quedan todavía regímenes de este tipo en África, Asía, América Latina y hasta Europa, aunque enfrentados al creciente rechazo de la opinión pública mundial.

De ahí que los proyectos revolucionarios socialistas apelen a la instalación de gobiernos que, dando apariencias democráticas, establezcan en la práctica los regímenes autoritarios que necesitan para doblegar la voluntad de pueblos, naturalmente reacios a renunciar a sus derechos fundamentales. De ahí también el gran despliegue propagandístico y las reformas del sistema de educación dirigidas a ideologizar a la población. Lo mismo que el amplio sistema de redistribución de la riqueza (dicen que los bonos de Evo Morales benefician al 60% de la población) como catalizador del apoyo popular al proyecto revolucionario y la asimilación sino aceptación de las transgresiones y atentados al sistema democrático y el derecho.

Son estrategias que rinden frutos en la medida de la pobreza y la ignorancia de la población. Como es el caso del país, con la población más pobre de Sudamérica y la más postergada por las míseras condiciones del sistema educativo fiscal, sumadas a la escasa vivencia propia de la realidad y la cultura de países de economía moderna de mercado. Condiciones propicias, sin duda, para torcer la democracia y sus instituciones. Y, en eso estamos.

Una realidad trágica, que el pueblo boliviano debe encarar con el esfuerzo correspondiente. Porque la democracia es frágil de por sí, aún en países desarrollados los riesgos de desarrollo de procesos demagógicos y despóticos están presentes, ante una ciudadanía confiada y desapegada de los problemas políticos y la amenaza de ideologías astutas y de mucho poderío, capaces de manipular el sentimiento popular apelando a cualquier cosa, incluidos el sentimiento religioso, el patriotismo y el terror.

Razón por la que la democracia, como la forma de gobierno más compatible con los Derechos Humanos y el desarrollo, debe ir acompañada, estructuralmente, por un sistema amplio y suficiente de educación popular ciudadana. Educación que debe ser sostenida por el estado y ejecutada por los partidos políticos, los organismos sindicales obreros y empresariales como los gobiernos de nuestroa ayllus y hasta las ONGs especializadas. Hablamos de una educación capaz de llevar hasta la conciencia de la población la comprensión de la naturaleza de la realidad social, la economía, la política y las leyes. Enriqueciendo así su visión del mundo y su escala de valores, a fin de que desarrolle ideologías políticas fundadas en la condición natural del ser humano y la sociedad. Escudo infranqueable de la democracia, la libertad y el derecho.

Si el ser social tiene leyes naturales, como las tiene la realidad física, el pueblo tiene que conocer estas leyes. Para, de esa manera, ejercer su rol de soberano en forma apropiada y con responsabolidad. Para no ser presa de las perversas maquinaciones de ávidos oligarcas y déspotas de derecha e izquierda.

Los problemas de Bolivia, fudamentalmente, son políticos y de gobierno, antes que económicos. Antes de la pobreza y el atraso, en la causa está la dominación oligárquica ejercida en el país desde su fundación a través de los golpes de estado y la democracia manipulada. Este es, sin duda, el problema fundamental de Bolivia.