viernes, 4 de junio de 2010

Sobre congeneres y simplificaciones

El AULA LIBRE no distribuye ni publica textos anónimos de autores no identificables, salvo en ocasiones especiales como esta, donde el nivel y el respeto mostrados en la crítica, ameritan hacerlo. A más, el texto alude a un escrito de este Moderador del AULA LIBRE, quien no puede quedar indiferente ante el esfuerzo demostrado por el anonimo escritor en leer y comentar ese texto. En cualquier caso queda la referencvia del correo electrónico desde donde fue enviado.

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Sobre "congéneres", simplificaciones y verdaderos problemas (Un comentario a J. Aliaga)

"Congénere (adjetivo): Del mismo género, de un mismo origen o de la propia derivación" (Diccionario de la Lengua Española)

Empecemos diciendo que es bochornoso el desorden y el despiste de las principales instituciones públicas y autoridades nacionales frente a los dramáticos sucesos de Uncía. La dificultad para explicar y precisar un mensaje de respeto a las leyes y al orden estatal frente a la opinión pública es pasmosa.

Dicho esto, la gravedad de los hechos parece estar otra vez, para variar, derivando en un festival de simplificaciones en medios y entre los opinadores que llevan a focalizar el debate en la maldad intrínseca del "proceso de cambio", su diabólica Constitución y los bajos instintos de sus líderes. Es decir, transformándose en una excusa para la enésima batalla polarizante entre oficialistas y opositores, ocultando el fondo del problema.

El texto de Aliaga ("La cosecha"), al cual le conocemos textos más felices, es un ejemplo de algunos de los lugares comunes que está asumiendo la discusión, las cuales me permito explicitar: Los delincuentes de Uncía serían perdonados y justificados por ser "congéneres" del Presidente, al contrario de aquellos que no lo serían que estarían siendo tratados injustamente (léase Leopoldo Fernandez y otros valientes "autonomistas demócratas modernos", igualito de homogéneo que "indígena originario campesino"). Todo lo cual, de yapa, sería una demostración fehaciente de la vinculación perversa entre nueva CPE, justicia comunitaria, fomento de la delincuencia, destrucción del Estado y el apocalipsis.

Empecemos por el primer punto: ¿A partir de que criterio serían "congeneres" los criminales de Uncía y el Presidente? ¿Será por que son "indígenas", "pobres", "ignorantes", "arcaicos", "autoritarios", "mascadores de coca"? En esa lógica ¿Leopoldo y sus muchachos no serían evidentemente sus "congéneres" pues serían "mestizos", "ricos", "educados", "modernos", "demócratas", "tomadores de wisky", etc? ¿De eso se trata, de analizar todo desde una visión de mundo en blanco y negro, de criticar el supuesto etno-nacionalismo del MAS apelando a insinuaciones y etiquetas que se parecen demasiado a un racismo y a un clasismo encubiertos? Quizás esa no fue la intención de un social-demócrata moderno como Aliaga, pero pucha que azuza temores y prejuicios en las mentes de nuestras azoradas clases medias que piensan que su mundo está naufragando.

Sigamos con el segundo punto: Obviamente hay responsabilidades del gobierno en este asunto y agreguemos que otra vez más la realidad vuelve a demostrar las falacias del grupito que anda promoviendo la visión idílica y también maniquea sobre la supuesta "pureza" e "inocencia" de las instituciones indígena campesinas y de los ciudadanos que se sienten parte de ellas. Igualito que en todos los segmentos sociales y étnico culturales del país, estos tendrìan también su propia gente perversa e infame, ¿qué novedad, verdad?

Aún más, se hace evidente que las ambigüedades de cierto discurso indigenista radical y la imperfecta constitucionalización de la llamada "justicia comunitaria" no ayudan para nada y están generando instrumentalizaciones preocupantes. En eso estamos parcialmente con Aliaga.

Pero los problemas revelados por Caranavi y Uncia, ¿Son realmente nuevos? ¿Son el producto malévolo del desmantelamiento del ejemplar y eficaz Estado boliviano que funcionaba antes del 2005? La realidad es algo menos simple, la ausencia y el abandono del Estado, que no justifican barbaridades en ningún caso, es y era una realidad en el Norte de Potosí desde hace mucho. La gente que mejor conoce esa región sabe que los primeros síntomas de la combinación entre rivalidades comunitarias ancestrales, conflictos de límites, uso frecuente de armas, contrabando de vehículos y precursores (dada la cercanía de la frontera de Chile), y la incapacidad crónica del Estado de sentar presencia con fuerzas de seguridad y bienestar social, eran ya evidentes y explosivos a inicios de los 90.

Peor aún, han existido al menos una decena de incidentes en todo este tiempo en los cuales los sucesivos gobiernos, liderizados por "modernos liberales" como Sanchez de Lozada, Tuto Quiroga o Carlos Mesa, o "arcaicos populistas" como Evo Morales, tuvieron que negociar excepciones a las normas legales, liberar presos, retirar a la policía, hacerse a los locos con delitos, etc, para mantener "pacificada" la región. Ahora, todos nos rasgamos las vestiduras, esa actitud algunos le llamamos hipocresia….

Que persista la crónica incapacidad del Estado para ejercer justicia y orden en grandes partes del territorio, no es justificación, sino llamada de atención a nuestros revolucionarios líderes pero también a sus opositores, para que paren de darse en la cabeza con retóricas abstractas y polarizantes, y que acaben con las discusiones sin sentido sobre categorías que no tienen mucho que ver con la realidad (como el supuesto etno-nacionalismo del MAS entre otros joyitas repetidas ad nauseum), y se pongan a trabajar concretamente en la reforma de la policía o en una seria reflexión sobre el desarrollo territorial del "agujero negro" de pobreza y abandono que históricamente ha castigado a nuestros compatriotas norte potosinos, el cual lamentablemente hoy se está complejizando aún más con la evidente infiltración de la delincuencia en comunidades y liderazgos locales. Reflexiones complicadas y soluciones que serán todavía más difíciles pensando en los más de veinte años de sucesivos fracasos en la zona de políticas diversas de alivio a la pobreza y de grandes acciones de la cooperación internacional.

Hay pues urgencia de pensar seria y ojala innovativamente este reto, que debería ser nacional, pero sin recurrir a los falsos debates que llevan solo a la crispación, al mal humor y sobre todo a la parálisis social y política que no resuelve nada.