viernes, 30 de julio de 2010

Emancipación de la economía

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Nadie puede asegurar, que luego de la grave crisis financiera internacional convertida en recesión económica, y que denota una lenta recuperación ahora, pueda ésta mover a la economía mundial hacia un robusto crecimiento, acorde con su tasa potencial de expansión, debido a que es consecuencia de desesperadas expansiones monetarias en los países del mundo.

El problema fundamental radica en lo que el experimentado especulador George Soros dijo: "los mercados financieros son dados a excesos". En mi opinión esto es grave, porque su papel en el mundo económico, en lugar de ayudar a crear riqueza real lo que hacen es crear "riqueza artificial", lo que no sería un problema económico general si sus adquirentes así se quieren engañar. El problema está en que durante este proceso actúan, -otra vez Soros- "como una bola de demolición golpeando una economía nacional tras otra".

¿Podría ser racional que exista gente que incesantemente pueda acumular riqueza real? No, no lo es, por esto lo que la gente rica del mundo acumula es "riqueza financiera", en otras palabras, "papeles". Y esta expansión siempre creciente en el largo plazo es la consecuencia de la existencia de mucho dinero en manos de los ricos. En los últimos treinta años se ha vivido una permanente inflación de precios de los activos financieros. ¿Por qué se califica de mala a la inflación de los precios de los bienes y servicios y no así a la inflación de los precios de los activos financieros? La respuesta es que en el mundo económicamente desarrollado se da una perniciosa alianza entre especuladores y los gobernantes, entre la política y la economía, por la cual los especuladores crónicamente prestan dinero al Estado, lo que impide la disminución real de la tasa de interés. Además, poco importa cuál sea la tasa de interés de la deuda, lo que importa es el comportamiento de los precios de los activos financieros, porque cada que estos suben se obtienen ganancias de capital.

La separación de la política de la religión fue un proceso largo y difícil. Las naciones hoy consideradas desarrolladas tienen clara la separación de estos dos mundos, lo cual le hace mucho bien al avance de la humanidad. Juntas son un peligro, en el pasado trabaron la libertad y el desarrollo de los pueblos. Proceso similar se está viviendo en el mundo, a partir de fines del siglo pasado, con relación a la emancipación de la economía con respecto a la política. Sucede que los Estados, la expresión más acabada de la política, son demasiado grandes y lentos para resolver los problemas económicos de la gente, y demasiado chicos e incompetentes para enfrentar los problemas de la globalización, el otro nombre que tiene la economía de mercado mundial.

La reciente crisis y recesión mundial han frenado este proceso porque obligaron a una intervención gubernamental que ya no se la veía, expansiones monetarias y fiscales con directas intervenciones sobre el accionar de la banca. Pero esto pasará y la intervención política sobre la economía cada vez será menor. La atención se radicará en el control del "dinero".

Quienes creen o promueven la aparición de un gobierno mundial, la posibilidad de convertir a la Organización de Naciones Unidas en una entidad capaz de ejercer tales competencias están equivocados. El conocido escritor Alvin Toffler considera que mientras las empresas norteamericanas se mueven a grandes velocidades y con gran eficiencia, seguidas de cerca por las organizaciones no gubernamentales (ONGs), las organizaciones internacionales de todo tipo son burocracias tan lentas e ineficientes que se mueven a una velocidad equivalente a sólo el 6 por ciento al correspondiente de las empresas norteamericanas. Algo parecido sucedería con las burocracias gubernamentales y con las instituciones políticas del gran país del norte. El desarrollo económico de los pueblos no es viable con esta enorme contradicción de velocidades de avance. Los mercados inexorablemente se dirigen a su liberación de la tutela del mundo de la política, en su camino de desarrollo. Llegará el día en que los gobiernos nacionales jugarán el papel que tiene un árbitro en un partido de fútbol. Los presidentes de los países serán lo que dicen y deben ser: servidores públicos, y no como hasta ahora los personajes más importantes de la vida social de las naciones.

Un intento para superar la inoperancia de la ONU, es la conformación de grupos de naciones, ámbitos más reducidos donde se pudiese tomar decisiones políticas con pretensión de aplicación universal. Es conocido que en el pasado proliferaron reuniones regulares entre representantes de los principales países del mundo, llámese G7, G8 y, hoy, se habla del G20, todos ellos con las mismas intenciones, promover decisiones de conjunto que podrían influir el comportamiento de la economía mundial. Sin embargo, la experiencia demuestra que todas ellas no pasan del discurso diplomático, de generalidades que no influyen al momento en que los gobiernos diseñan e implementan políticas públicas y económicas. Y esto es así porque los intereses políticos y económicos de las naciones están en conflicto, que sólo pueden resolverse satisfactoriamente con el accionar libre de los mercados, tanto nacionales como internacionales.

La política es el ámbito del poder, quienes lo tienen lo ejercen en su propio beneficio. Las naciones con mayor poder tienen mas influencia que aquellos que no lo tienen. Hoy día es más importante y efectiva una reunión de representantes de los EEUU, la indiscutida primera potencia económica mundial y representantes de China, país que ha alcanzado el segundo lugar, pero todavía a mucha distancia de EEUU, y por supuesto ambos para velar por sus propios intereses, ante todo. La ampliación del G7, conformada por las siete economías más importantes del mundo, a las 20 más importantes, está sirviendo sólo para alimentar el ego de personalidades políticas, como son los casos de la Presidente de la Argentina y del Presidente del Brasil.

La reciente reunión del G20 llevada a cabo en la ciudad de Toronto- Canadá, ha concluido con recomendaciones como las acostumbradas, por ejemplo: reducción del gasto fiscal en función de las "circunstancias nacionales" y compatible con el crecimiento económico, para luego así reducir la futura deuda pública, que es el fundamental problema. También coincidencia general es que los bancos deben aumentar su capital de riesgo y disminuir la creación de dinero, para lo que deben ser sometidos a mayor supervisión por la autoridad pertinente, e impedir, de esta manera, que se pueda presentar, otra vez más, una crisis como la recientemente vivida.

El problema mundial es el excesivo endeudamiento que tienen las principales economías del mundo. Para esto si es importante el G20. En total, estos países acaparan el 75 por ciento de la deuda externa mundial. Nunca antes se alcanzó este elevado nivel. El problema mundial es que ningún país, por desarrollado que sea, ha logrado el control de una variable monetaria muy importante, cual es el "dinero", un gran invento de la economía aplicada, algo completamente artificial y que se "crea" cada que se aumenta la deuda en un país y en el mundo. El control y administración del dinero y de su comportamiento es función de lo bancos centrales de los países, por tanto, son responsabilidades de los Estados, que hasta ahora no pueden cumplir satisfactoriamente con ellas, por lo que los países y el mundo, hoy globalizado, tiene que sufrir las funestas consecuencias de la falta del adecuado control de lo que es "dinero".

Este hecho, como se dijo, se traduce en la creación de una inmensa riqueza artificial denominada activos financieros, que contagian a los precios de commodities en general, elevándolos también artificialmente. En síntesis, el permanente descontrol en la oferta de algo tan artificial como es el dinero y su veloz uso, se ha traducido en una inmensa expansión de riqueza artificial, razón por la que todo los días el mundo vive al vilo, porque esperan que en algún momento ésta enorme burbuja puede estallar. ¿O quizás no? ¿No será que los políticos que administran las economías nacionales, en el mundo, mayoritariamente, siguen creyendo que la mejor respuesta es seguir aumentando el dinero para mantener esos elevados precios, que luego se generalizarán a todos los precios y en todos los mercados? Si la inflación de precios fue el mal económico que, en grado más o grado menos, todos los países del mundo la vivieron durante el siglo XX, ¿por qué no seguir con la misma perniciosa costumbre durante el siglo XXI?