jueves, 5 de agosto de 2010

Bolivia o Bolevia

Puka Reyesvilla Méndez
aguadoble@yahoo.es

Ha querido la casualidad que esta columna se honre con la gracia de ser publicada justamente en la fecha conmemorativa de nuestro aniversario nacional. Celebramos 185 años de independencia que, en el contexto del devenir histórico universal, es un guarismo más bien modesto pero lo suficientemente significativo como para dar fe de una voluntad de ser que está por encima de contingencias y tribulaciones, de glorias y de miserias.

La Nación –concepto político y racional- boliviana tiene su correlato en la Patria –referencia emotiva- que puede ser caracterizada como la condensación de las intersubjetividades comunes a todos sus hijos. El Estado es su expresión organizativa y administrativa. Cuerpo, corazón y cerebro; además de su expresión espiritual, su cultura nacional –su sello en el concierto de las naciones políticas del resto del mundo, de las cuales no debe estar aislada y con las que puede compartir manifestaciones de la más amplia cultura global-.

Propugno la posición de que para sostener la nación, en sentido amplio, no es necesario que sus ciudadanos abracen un sinfín de creencias comunes sobre su existencia como tal; un manojo de ideas fuertemente arraigadas, estables y tranversales a todo el tejido social en tal sentido, es la base estructural de la viabilidad de una nación. A partir de dicho consenso, la diversidad no solo es posible sino deseable. Salvo tales ideas-fuerza, el resto de aspectos que hacen a la vida en común de una colectividad nacional están sujetos a permanente revisión, interpelación e interpretación. Asumidas por todos, esas bases permiten que factores como el regionalismo –exaltación de la "patria chica"- afloren sin ponerla en riesgo de extinción. Lo propio se aplica a la diversidad cultural.

Entre sus consensos fundamentales, Bolivia tiene el de la fecha de emisón de su certificado de nacimiento –por breve lapso como "República de Bolívar"-: 6 de agosto de 1825. Pese a los proverbiales vaivenes de nuestra historia política, este cimiento de la nación boliviana jamás fue puesto en cuestión desde el gobierno por la sencilla razón de que poner en cuestión las bases de la nación –su estro- equivale a su negación y posterior disolución.
Quisiera pensar que ojalá solo por ligereza de verbo, más de un personaje público ha puesto en duda el acta de nacimiento de Bolivia.

El Gobernador de Chuquisaca ha llegado a afirmar que que el 6 de agosto es una fecha carente de importancia; el viceministro de Organización Territorial ha sentenciado que "tarde o temprano el 6 de agosto será desplazado (del calendario histórico)". Otros funcionarios se han contagiado de esta pose negadora de Bolivia.

Ahora bien, dejando de lado la inocencia, lo que está pasando es que, obnubilados por un poder que creen eterno –cuando de lo que se trata es de un interregno con tendencia al totalitarismo- estos apátridas ansían borrar a Bolivia del mapa y quisieran poner a Bolevia en reemplazo.

Bolivia o Bolevia; he ahí el dilema. Usted, ciudadano boliviano, tiene la palabra.