jueves, 19 de agosto de 2010

La vulnerabilidad ciudadana y del Presidente

Rolando Morales Anaya
rolando@entelnet.bo

Cada día varios ciudadanos mueren en accidentes de tránsito arrancando apenas un suspiro en la ciudadanía. Hace un par de años, un enorme agujero se abrió en una carretera provocando la desaparición de un auto con sus ocupantes y pocos fueron los que se alarmaron. Cada semana hay muertos por hechos de violencia. Hace unas semanas, un cohete se disparó solo sin aparente intervención humana, rozando el flamante y recién comprado avión presidencial. Nadie sugirió que si los cohetes pueden dispararse solos, habría que destruirlos antes que provoquen más daños.. Hace unas semanas, un terrible cólico estomacal obligó al Presidente estar en cama durante 3 días con cuidados médicos y tratamiento de suero para evitar la deshidratación que podía haberle resultado fatal. Los medios de comunicación no dieron importancia a esta noticia y los pocos ciudadanos que fueron informados consideraron que una enfermedad de ese tipo no debería alarmar en un país donde 1 de cada 3 niños está con diarrea y que esta enfermedad es una e las principales causas de muerte infantil.

Todo parece normal si no fuese que todas estas situaciones son prevenibles y que es hora que el país en sus diferentes estratos haga lo posible para evitarlos. La ciudadanía se encuentra en situación de vulnerabilidad, pero en esta ocasión, quisiéramos referirnos a la vulnerabilidad del primer ciudadano: el Presidente de Bolivia.

La opinión pública consideró que el cohete que se disparó solo (por "acumulación de carga estática remanente" según comunicado militar del 27 de julio) y el terrible cólico que el Presidente sufrió eran hechos fortuitos e imputó a un exceso de paranoia presidencial las sospechas emitidas con rubor sobre posibles atentados. Atribuye también a la casualidad que cuando el Presidente viaja ocurran hechos graves como los que se dieron en Huanuni, Caranavi, Epizana y Uncía. Pero, estimado lector, póngase a pensar ¿habrá cohetes que se disparan solos intentando impactar el avión del Presidente? – Al parecer, la comida que le enfermó fue elaborada en el mismo Palacio Quemado, ¿será que no hay normas de higiene en la casa presidencial? – A todos nos ocurre decir algo insensato de tiempo en tiempo, pero ¿el Presidente también debería estar sujeto a ese tipo de accidentes?, ¿no debería tener asesores que le ayuden a evitarlos? ¿Por qué ocurren hechos asombrosos cuando el Presidente viaja? ¿Cómo es posible que el alemán irk Schmidt, con antecedentes policiales dudosos, declare a la prensa haber tenido la tarea la de "cubrir las espaldas del Presidente"? Sin caer en paranoia, hacer de esos hechos una novela, ni dejar de pensar que pueden ser fortuitos, se puede retener por unos instantes la hipótesis de una intriga. La siguiente pregunta sería ¿si fuese así, quien tendría interés en dañar al Presidente? Desde el gobierno responderían que es la derecha, los gringos, el imperialismo, etc., pero, incluso siendo así (lo que es poco probable), las circunstancias llevan a pensar que no podrían haber actuado solos.

Por otra parte, sin mover las pestañas, el Presidente observa el alejamiento de la gente que durante muchos años luchó con él y que era de su confianza y de la poca gente capacitada que lo acompañó en sus primeros años de gobierno. Nadie sabe exactamente quién mueve ese proceso, con qué objetivo y por qué el Presidente deja que ello ocurra. Los movimientos sociales acusan a unos y a otros, sin acertar en el blanco, pues mezclan intereses personales o de camarillas con la objetividad que requiere la necesidad de hacer un buen análisis. El presidente se va quedando solo poco a poco; pero sería aventurado decir que no tiene conciencia de ello, pues, en uno de sus discursos (22 de julio) no obstante que reiteró confianza a su entorno, dejó entrever temor y podría decirse que deslizó una advertencia y después de la reunión de Huatajata (25 de julio) se quejó de la falta de elementos preparados en su gobierno.