miércoles, 29 de septiembre de 2010

INICIATIVA CIUDADANA Vs MOVIMIENTOS SOCIALES

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

Todo lo bueno proviene de la izquierda, los meapilas santurrones del gobierno, creen que orinan agua bendita y son los dueños absolutos de una ideología que significa el cambio de lo perverso hacia el cielo comunitarista. Todo lo malo según ellos quedó en el pasado, hoy, no existe la tortura, la persecución y la discriminación, pero por extraña paradoja, el racismo sigue vigente y hay que eliminarlo con una ley, con la que todos están de acuerdo en el fondo y discrepan por la forma, es decir por la intención que se tiene de judicializar la opinión.

Con esta izquierda en la que "cambia" todo y nada cambia, la derecha es todos los que no están con él gobierno, se pretende estigmatizar a todo aquel que disiente con la política del MAS, como cuando el fascismo criollo encaramado del poder acusaba de comunista a todo aquel que osara levantar una voz crítica en defensa de las libertades y los derechos humanos.

¿Qué está pasando?, ¿Es tanto el poder, que no permite ver la realidad?, no se está viendo lo que ocurre realmente, sin embargo, las imágenes y las noticias de prensa nos abren los ojos para disentir con aquello que efectivamente está mal. Imágenes de tortura en un cuartel, donde un soldado es sometido al chancho y al submarino han impactado, aunque ya se sabe que esta y otras prácticas, es parte de una cultura que no ha cambiado.

Imaginemos un mundo sin libertad de expresión, donde se tiene que opinar lo político y moralmente correcto, sin disentir, porque el fin máximo así lo requiere. Tendríamos que callar los abusos que cometen los movimientos sociales, como el que provocó el corte de energía eléctrica en varios departamentos del Estado, tendríamos que callar los cercos, los secuestros a asambleas nacionales y departamentales para que se apruebe una ley de prebenda para un determinado sector. Seríamos acusados de racistas por ir en contra de clases sociales que han sido en un pasado no muy lejano excluidas efectivamente por una coyuntura histórica, ojalá, ya superada.

Racistas confesos los que se oponen a la ley, pero, ¿alguien dijo estoy en contra de la ley? No, lo que pasa es que los medios y la opinión reflejan malestar por la intención aviesa de callar con un artículo la disidencia. ¿Será racista confeso el mismo gobierno, que se alía con ex unionistas, y con escritores de opinión que no hace mucho escribían contra sectores campesinos acusándolos de tener poca inteligencia y de no haber evolucionado?

Lo que los medios reflejan es la realidad, es un espejo de ella y se la tiene que seguir reflejando, lo que el gobierno quiere es un espejismo, quiere verse en los medios dando un salto cualitativo enorme donde veremos lo que no hay. Racismo existe, y se tiene que ver reflejado, por ejemplo, un articulista de humor que se mofa y exagera con defectos o taras como él dice de sectores sociales, será apreciado por quienes gustan de la risa, pero a otros, la forma cómo se expresa o denigra, no le causará ningún chiste y lo denunciará.

Hoy el periodismo es interactivo, los consumidores tienen la posibilidad a través de artículos de opinión, cartas al medio, en comentarios que se escriben en las páginas de los periódicos digitales, etc. expresar su sanción moral a quienes violan los preceptos del respeto al otro. Lean los comentarios (sobre todo de los periódicos digitales), los insultos y aberraciones son de uno y otro lado, de pro oficialistas y de opositores, están ahí y nadie puede moverlos, solamente con la tolerancia y el ejemplo del respeto al otro avanzaremos en la construcción de una sociedad desarrollada y que respete los derechos humanos.

Tiene que haber una iniciativa legislativa ciudadana en defensa de la libertad de opinión, una iniciativa legislativa ciudadana que frene a los movimientos sociales afines al gobierno, que se movilizan, cercan y amenazan con el fin de servir a un proyecto político en desuso en el mundo entero. Hay que hacer una resistencia pacífica y democrática a movilizaciones digitadas por el ejecutivo y legislativo para aprobar leyes persecutorias, intimidatorios y que no respetan los derechos humanos universales.