miércoles, 15 de septiembre de 2010

Soy un indio de mierda, que cojudo que soy

Jaime Chumacero López
jchumacer@yahoo.com

Estar por encima de las malas palabras es una cualidad del disernimiento, no importa de donde provengan estas, tan solo y de eso se trata de ser meras malas palabras; la gran capacidad existente entre las personas es la tolerancia, solo la tolerancia es la alta capacidad que tenemos como seres sociales, abiertos a la diversidad y con alta capacidad de reconocer la alteridad, lo distinto a nosotros, pero a partir ese reconocimiento de lo otro y nuestra actitud en referencia, es que nosotros desarrollamos la identidad ya sea de sometimiento o de potenciamiento en su mejora.

Someternos a manera del retraimiento frente al extraño, es lo que siempre ha sucedido en nuestras culturas altiplánicas, que de tanto machacarnos con la autoridad suprema venida del otro lado del océano, con equinos, armaduras, y tronadores de fuego y bala, que diezmaron las idolatrías originarias con una religión más robusta, más espiritual, más del dominio después de la muerte, en el que, al contrario de las originarias, no importa como hayas sido enterrado ni con que acompañamiento, tan solo lo grandioso es, que del polvo vinimos y al polvo vamos, pero que espiritualmente serás revivido de entre los muertos para estar en el reino de los cielos, o que el hijo de Dios, ha muerto para el perdón de nuestros pecados y seamos todos salvados. Poderoso ¿verdad?, bastante fuerte ¿verdad?, en el que no importa cuán rico seas o con cuantas riquezas hayas sido enterrado, lo importante es que en la visión de Dios, existe equidad y tan solo se valora el bien que hayas hecho. Semejante fuerza de mensaje religiosa, sin duda ha debido tener un impacto sobredimensional o multidimensional (en el ánimo, en la forma de ver las cosas, en lo imaginario, en la forma de rendir culto, en la forma de ver al otro ya no como una vida con posibilidad de ser entregada en ofrenda, sino como hermandad igualitaria), este poderio mensajistico desarrollado por la religión cristiana, finalmente fue el instrumento mayor, de dominación, el temor a algo que no se lo ve y que es supremamente más que el Sol, que la tierra, que la Luna, que todas las estrellas juntas, porque él es el hacedor de todas las cosas y está presente en absolutamente todo.

¿Se imaginan el gran impacto causado por este nuevo mensaje, frente a las ofrendas de niños y doncellas entregadas al Sol o la Pachamama, ya sea a través de la muerte en ritos con puñales o enterrados vivos?, cierto es que en ese entonces lo último que contaba era el hombre (siendo los insectos, las plantas y las piedras más importantes que lo humano); al frente, esta nueva religión coloca al hombre en lo central, ya que Dios hizo al hombre a semejanza, y donde el máximo logro es la vida eterna, después de la resurrección, por el cual se vive y se muere en la preservación del pecado, ya nos imaginamos como los originarios se sometieron y fueron encandilados arrebato. Frente a tal poder de la palabra, el sometimiento es casi inmediato aunque lo rebelde nunca muere.

Pues bien, no sé, si denominar a este tiempo como el ocaso de nuestra humanidad o simplemente como un ciclo más de la naturaleza que nos toca en la vida humana, con cambios climáticos, con deshielos de nuestros andes, con ríos otrora navegables que ahora se secan, con chaqueos cuyos humos nos queman la garganta como antes no sucedia, con una fe religiosa menguada, y con esta sensibleria quejistica de sentirse aludido por un supuesto insulto que te duele más, ciertamente, cuando este proviene de un ser querido, pero, que cuando proviene de quien sabes que lo único que hace es insultar, sin mayor capacidad de disernimiento y de diálogo, y cuando tú tienes una alta cultura y una alta autoestima, entonces todo insulto te resbala (así con ese término tan usado comúnmente), porque si no lo tienes para ello está esta ley, por lo menos en lo que ha insulto refiere, y frente a ello, lo mejor es tener la actitud filosófica argentina de considerarse todos boludos, "che boludo", "che hi… de puta", "che bolita" y otros más que no buscan denigrar sino que es parte de la cultura de comunicación de igualar para abajo y dejarte de pajas, para así ocuparte de lo más importante.

La grandeza en uno es reconocer sus propios errores y gritar a viva voz, que cojudo que soy, soy un indio de mierda, solo así, la estupidez pasara, pues yo me siento un colla de mierda y el otro tal vez se sienta un camba del carajo; en realidad deberíamos hacer cultura de las malas palabras, ya que a veces estas no denigran sino resaltan cualidades, todo depende de la fortaleza identitaria que uno tenga.

Frente a los otros asuntos de discriminación en dicha ley, saludemos pues a la no discriminación de edad, así que los que saquen convocatorias solicitando personal con cierta edad, estarán discriminando a otros, o aquellas en las que solicitan fotografía estarán discriminando, y aquellos que no se encuentran en el lugar donde se solicitan dichas convocatorias estarán siendo discriminados, ya que el bendito correo público no se sabe si cumple; y los títulos? serán discriminación? o se aperturaran a la capacidad, destreza y experiencia antes que al titulismo?, estas parecen ser las buenas nuevas contenidas en dicha ley.