sábado, 16 de octubre de 2010

Democracia Boliviana

Ronald Vallejos
ronald.vallejos@gmail.com

Democracia, linda palabra que llenes la boca de los que les gusta hablar para vivos o muertos; a fuerza de tanto oír confunde su significado con lo que, los de arriba, los de siempre -morenos o blancos; campesinos o citadinos, ¡qué más da!- , llegan a donde, ni a buenas ni a malas, quieren salir.

En 1982 cuando el General Vildoso entregaba el poder a Hernán Siles Suazo, entregaba también la semilla democrática, con la que, bolivianos y no bolivianos, gobernantes y gobernados, debíamos florecer a la democracia en los jardines de nuestro diario vivir.

No fue así, evidentemente, y una época, donde ni siquiera se respeto el derecho al voto (el tercer mejor votado podía ser electo presidente), dio lugar al fenómeno que vivimos hoy por hoy.

Con 54% de votos a su favor, Evo Morales, escaló al poder, y corrían vientos de esperanza para la Nación. Precipitadamente, por tierras bolivianas, los flamantes gobernantes pregonaban haber llegado a la máxima expresión democrática: la mayoría del pueblo había elegido a sus representantes, aparentemente, sin trampas ni mañosos arreglos.

Es cierto, nunca se vio algo así, como también es cierto que la visión democrática de Evo Morales y sus muchachos, desde que llegó al poder siempre fue limitada, visto desde donde le conviene: la mayoría en las urnas. Porque de no gozar con tanta popularidad. ¿Se atrevería a llamar a elecciones a diestra y siniestra? para luego llenarse la boca con las palabras pueblo y democracia. Y cuando la figura no está inclinada tan a su favor, como ahora lo es con lo de eliminar y modificar los artículos 16 y 23 de la ley contra el Racismo y todo discriminación, respectivamente, mediante consulta popular, la voz del mandatario se oye tan poderosa.

Sufragar - hermoso derecho que tiene cada pueblo- es una actividad, sublime es cierto, pero muy simple como para cubrir el concepto de Democracia. La Democracia no se puede limitar a una actividad, la democracia es una forma de convivir entre ciudadanos respetando el derecho del vecino, tolerándonos mutuamente, debatiendo en libertad de pensamiento y expresión, en fin valores éticos y morales propios de una sociedad moderna y solidaria, que nosotros, nos guste o no, estamos lejos de ser.

Si antes de la era plurinacional estábamos mal, ahora y en contraste de lo que pareciera y nos quieren vender, estamos peor. Porque desde el árbol del poder, y a gritos, se llama a la confrontación, a la pelea, venganza, revancha o como quisiéramos llamar, de indígenas contra k'aras; campesinos contra citadinos; pobres contra ricos; diestros contra zurdos. Y así de esa forma, sin conceptualizaciones intermedias, sino que siempre visto como blanco o negro. ¡Cómo amamos revolcarnos en los extremos! ¿Acaso estas muestras de intolerancia y prejuicios cargados de rencor son, de alguna manera remota, Democracia? De hecho, es una forma de alimentar a la discriminación, mal que arrastramos muchos años. Y para tapar el hueco que ellos mismos agigantaron, ahora se crea una ley poco clara, nulamente debatida y controversial que sigue abriendo la llaga de la confrontación.

No hay mal, ni bien que dure cien años. Y los bolivianos tendremos frente a nosotros, una vez más, la posibilidad de fortalecer nuestros valores democráticos, pieza por pieza y con mucho trabajo, es cierto. La vida, en su mágica forma de ser, tiene el don de ofrecernos revancha una y otra vez, pero cabe mencionar que de ninguna manera gratis. Se paga, quizá con el elemento más valioso: el tiempo. ¿Cuánto tiempo habremos perdido hasta ese entonces?