miércoles, 20 de octubre de 2010

La gallina de los huevos de oro

Marco Antonio Navarro
marcoantonionav@gmail.com

Un estudio realizado por la consultora estadounidense Ryder Scott sostiene que Bolivia tiene reservas certificadas de gas natural de 8,86 TCF (Trillones de Pies Cúbicos), esto equivale a que en 8 años, con el ritmo actual de explotación, nos quedaremos sin este energético.

La información es de conocimiento de YPFB, pero en ningún momento fue puesta en consideración del pueblo boliviano. ¿Por qué se ocultaron estos datos técnicos?

La respuesta sigue en el limbo porque la estatal petrolera no respondió a dicha interrogante a los medios de prensa ni tampoco hay respuesta a una realidad preocupante. ¿Cómo podemos vender mayores volúmenes de gas a la Argentina si no tenemos las reservas suficientes?

El gobierno argentino está inmerso en la construcción del Gasoducto del Noreste (GNA), un proyecto ambicioso para dotarles de gas a las provincias de Chaco, Misiones, Formosa, Corrientes y Santa Fe que carecen del energético, lo curioso es que se consigna al gas boliviano como el principal proveedor. Argentina tiene programada una inversión inicial, en el GNA, de 793 millones de dólares y con más las ampliaciones, donde se incluyen las estaciones compresoras, se prevé otros 231 millones de dólares.

En las regiones argentinas citadas no se expande la capacidad desde el 2001, la demanda eléctrica creció el 2003 al 8% y la demanda de gas para generación crece al doble.

¿Por qué Bolivia? Según el diario Clarín "porque existe abundancia de reservas y es solución a largo plazo", además está la conexión al Sur del Brasil, Uruguay y Paraguay, la conexión a la nueva cuenca aumenta la seguridad del suministro y "la masa crítica de demanda acumulada es una oportunidad única".

¿Valdrá la pena embarcarse en un proyecto de gran envergadura si Bolivia no tiene las reservas aseguradas de gas?

El gobierno nacional mediante Carlos Villegas, cuando éste era ministro de Hidrocarburos, suscribió una carta de entendimiento con el ministro de Planificación de Argentina, Julio De Vido, "para poner en marcha las obras del gasoducto y de la planta separadora de gases que se construirá en territorio boliviano con financiamiento argentino".

Ahora el gobierno tiene el compromiso con su homónimo argentino. Lo grave es ofertar el producto sin conocer si existe la suficiente cantidad para satisfacer la demanda del país vecino. De manera inicial debemos vender 10 millones de metros cúbicos por día hasta llegar a los 20.

EXPLORACIÓN

Las empresas extranjeras que operan los campos hidrocarburíferos optaron por no proseguir con mayores inversiones en el rubro exploratorio, en tal sentido, prosiguen con la explotación de los pozos ya perforados, varios de los cuales están por llegar al límite de su capacidad productiva.

La famosa nacionalización de los hidrocarburos ahuyentó las inversiones, la empresa estatal tampoco está en condiciones económicas y técnicas para encarar trabajos de exploración. Por ahí se habló de acuerdos con PDVSA de Venezuela y Gazprom de Rusia, pero todavía no existe algo concreto y bien definido.

Un ejemplo, la perforación de un pozo petrolero cuesta alrededor de 30 millones de dólares porque se llegan a profundidades que superan los 4.000 metros. Otro problema es que en Bolivia no están los equipos de perforación disponibles y es preciso traerlos desde otros países, lo cual representa otro gasto considerable; amén de disponer del personal técnico especializado.

Con este panorama sombrío nos damos cuenta que el actual gobierno pretende matar a la gallina de los huevos de oro al no incentivar ninguna inversión en el rubro petrolero, los anuncios de industrialización caen por su propio peso porque con las reservas actuales no tenemos ninguna posibilidad de encarar otros proyectos energéticos.

El contrato de compraventa de gas al Brasil es hasta el 2019 y son 30 millones de metros cúbicos por día, si incluimos a los requeridos por la Argentina, de 20 MM3D, hablamos de 50 que difícilmente podrán ser atendidos, sin tomar en cuenta el consumo interno.

Por lo visto, YPFB no tiene ninguna estrategia en materia hidrocarburífera y, por el contrario, pasó a constituirse en un importador de gasolina, diesel y GLP. El mantener los precios de los carburantes subvencionados ocasiona un gasto considerable al país, pero no conocemos hasta cuándo será factible tener bajo control tal situación.

Quedó constatado que YPFB no está a la altura de encarar proyectos de envergadura y menos de asumir responsabilidades vitales en el rubro de los hidrocarburos, tales indecisiones han originado pérdidas cuantiosas al país y pone en riesgo las futuras exportaciones de gas natural hacia los países vecinos.

Menos podemos pensar en la industrialización si carecemos de reservas suficientes probadas. Mentirle al pueblo con industrializar los hidrocarburos es una constante del gobierno y existen reacciones "nacionalistas" en el sentido de no exportar, cuando el principal ingreso económico de Bolivia es vender el gas natural.