sábado, 9 de octubre de 2010

LIBERTAD, PRINCIPAL MEDIO DE DESARROLLO

Lavive Yañez Simon
lavivey@hotmail.com

Hoy nuestras sociedades tienen una mentalidad muy bien adaptada para controlar y para conocer las máquinas artificiales, lo que no sirve para controlar y para conocer a los seres humanos. Porque los conocimientos que se basan únicamente en la cuantificación y el cálculo no pueden conocer lo que significa la vida, es decir, la libertad, la pasión, el amor, el sufrimiento, todos los rasgos subjetivos de la humanidad. La objetividad cuantitativa no conoce lo real, conoce sólo la parte superficial de lo real. Una de las profecías de Karl Marx fue la idea de que la mercancía remplazaría las relaciones humanas. Ya no son únicamente las relaciones humanas, las relaciones biológicas también, porque los genes - la vida misma - se han convertido en mercancías, en algo que se puede vender; se puede hacer de los genes una propiedad privada.

Con este paradigma, Evo Morales, atrapado en un pasado de colonización, esclavitud, conquista y lucro que data del siglo XV con el descubrimiento de América, niega comprender la importancia de la conciencia que pueden introducir la ética y la política en el desarrollo mismo. Estamos repitiendo el sistema de valores del siglo XX, y el que están poniendo en práctica, es un sistema equivocado.

Es preocupante y también alarmante que los dilemas éticos que plantea el desarrollo técnico-económico, estén tan ausentes de las agendas públicas y de la preocupación ciudadana, en circunstancias en que todo evidencia que hay que generar conciencia para revertir sus efectos negativos, especialmente el impacto de la inequidad con que sus beneficios llegan a la población. De todos los desafíos éticos involucrados en los procesos de desarrollo, ninguno es tan decisivo como el de la equidad social, en la práctica y no en discursitos.

Pero este desafío, no se vence con soberbia, ni obsecuencia; tampoco despreciando a los pobres con la compra de tecnología (avión 38 millones $us, satélite 300 millones $us), costos insostenibles para un país donde la mendicidad, la falta de oportunidades productivas, de educación y salud son el alimento de la insatisfacción. Si bien estos pueden ser considerados logros importantes, su valor debe estar relacionado con el efecto que tienen en las vidas y libertades de las personas a quienes atañen; y para ser sincera, estas adquisiciones solo sirven para saciar apetitos políticos grandilocuentes de los actuales gobernantes, mientras el pueblo clama por líderes con valores, instituciones éticas, y la capacidad real de alcanzar logros a través de las oportunidades económicas, las libertades políticas, las facilidades sociales y las condiciones habilitantes de buena salud, educación básica, así como el aliento y cultivo de iniciativas. Que lejos estamos de alcanzar el bienestar común con estas políticas revanchistas.

Los valores y las instituciones no son independientes unos de otras. Por supuesto, tampoco lo son las consideraciones de eficiencia y equidad.

Un buen punto de partida para el análisis del desarrollo, puede ser el reconocimiento básico de que la libertad es a la vez, el objetivo primario, el principal medio del desarrollo. El concepto de desarrollo, no puede limitarse al crecimiento de objetos inanimados de conveniencia. La negación de la democracia, de los derechos políticos y cívicos que aplica el gobierno actual a través de sus leyes, está provocando subdesarrollo mental y psíquico en la sociedad. Además exponen a la comunidad a diversas negaciones económicas a través de la falta de voz de los desposeídos con su ley racista y discriminadora, mordaza de la libertad.

Como reza un dicho popular, "consejo, aunque sea de un conejo"; hay que parar con los métodos de exterminio, porque para remolcar el vagón del desarrollo humano, es decir: libertad, democracia, autonomía, moralidad, los gobernantes necesitan revestirse de humildad y empatía para poder comprender el dolor que causan las lacerantes llagas de la miseria espiritual y económica que están acentuando con su conducta impropia en un estado de libertades individuales y colectivas.

Nunca olvidemos los bolivianos, que la soberbia es el único pecado capital que se paga en la tierra.