domingo, 3 de octubre de 2010

pobres y emprendedores

Ivan Arias Duran
ivanariasduran@hotmail.com

Es innegable que gran parte de nuestra pobreza Y atraso tiene su raíz en factores externos. Es inobjetable que la realidad mundial basada en el intercambio desigual, que el imperialismo, que la expoliación de nuestras riquezas, que la mala distribución de la riqueza nacional y la globalización, explican nuestra lamentable situación de país pobre. Esta premisa sería absurdo ignorarla. Es más, en este campo nos quedan desafíos que debemos enfrentar para revertirlos en nuestro favor.

Si bien la pobreza tiene razones estructurales, las más fuertes son las causas propias. Tenemos la cultura de la media, de la mediocridad. Nos encanta el chisme y no el intercambio de ideas. Nos asusta el sacrificio y preferimos las soluciones fáciles. Desde el hogar, nuestra estima por nosotros mismos es baja. En el colegio nos enseñan las grandezas del mundo y de otras sociedades, y de Bolivia nos hablan de sus debilidades y desgracias históricas

Así, nos forjamos quejones. Nos formamos para generar compasión, para que nos tengan compasión. Hemos aprendido a hacer de la pobreza una cultura, un negocio. Quizá por eso somos tan descuidados con nosotros mismos. Mi madre me decía. "La pobreza es para superarla, no para mostrarla". Y es que hemos perdido hasta la dignidad de ser pobres. Nos encanta la limosna, educamos a nuestros hijos en la escuela de la mendicidad.

No estoy en contra de los padrinos y de los regalos de Navidad a los niños pobres. Está bien que, por lo menos de una vez al año, los ricachones de este país caigan en cuenta lo pobres que somos, lo inútiles que somos para combatir las desigualdades sociales y económicas. Pero lo que no está bien es que a nombre de la pobreza y los pobres movilicemos a miles de mendigos sin pedirles nada a cambio o sólo el esfuerzo de estirar la mano y llorar.

Siempre es más fácil apelar al sentimentalismo y hacerse famoso con los pobres y la pobreza. La limosna genera limosneros. Y eso es lo que producimos cada año en cantidades geométricas. El primer año eran 500, el segundo 1.500 y después hemos sobrepasado los cien mil. Y si seguimos así, llegaremos a millones de mendigos conformistas.

Y es que hay pobres y pobres. Los pobres pero dignos son los que no quieren ser pobres quejones, son los que se animan a luchar contra sí mismos y plantearse salidas imaginativas, desafiantes, atrevidas. Son los inconformes, los que día a día le ponen el hombro, la fuerza y el empeño propios. Estos son los pobres que no generan compasión, los que no permiten que otros vivan y se hagan famosos a costa de ellos. Estos son los despreciados porque no lloran, ni sólo se preocupan, sino que muestran entereza y se ocupan. No son los que viven del lamento. Son estos miles de bolivianos de los cuales nadie se ocupa. Son los "vendidos al sistema", los neoliberales, los egoístas, los que salen del común. Son los que le arañan a la vida cada oportunidad que ella les da.

Para estos nadie hace campañas de felicitación, o recolecta no dádivas sino oportunidades de surgir. Claro, estos nos ayudarían a combatir la pobreza y se nos acabaría el negocio. Y es que nos encanta premiar al que llora y no a los que se esfuerzan, innovan, arriesgan. Hemos escalado a la fama, mostrando lo peor de lo nuestro. Acabo el siglo XX, estamos ya en el siglo XXI y no hemos cambiado esa mentalidad y práctica "indigenofila" (amantes de la indigencia) que en vez de fomentar la envidia de la igualación hacia abajo, avance hacia la construcción de una mentalidad y práctica basada en nuestro emprendedurismo, amor al trabajo, ambición por el futuro, esfuerzo por la superación, búsqueda de la excelencia y respeto a la ley. Dedemos buscar la igualación, pero hacia arriba.