viernes, 12 de noviembre de 2010

Bolivianizacion y devaluacion

Alberto Bonadona Cossío
abonadona2001@yahoo.es

El logro de la bolivianización de la economía nacional es uno de los más destacados éxitos que las autoridades monetarias han alcanzado en la última década. Que Bolivia pueda ejercitar su política monetaria no es en absoluto trivial. Sin una política monetaria activa, las operaciones de mercado abierto, por ejemplo, que son las ventas o compras de bonos por parte del Estado para quitar o colocar dinero en manos del público, el Estado carece de un instrumento poderoso (no el único) para controlar la inflación.

La bolivianización tiene la virtud de ser una de las pocas políticas de Estado que se iniciaron en gestiones gubernamentales anteriores que mantiene una continuidad excepcional, más aún, se la defiende como propia. ¡Maravilloso!. Una política discernida en un momento y asumida deliberadamente con visión de futuro que ha logrado lo que buscaba necesita ponderarse y mantenerse.

Para llegar a este punto contribuyó notablemente el aumento de las reservas internacionales. Un resultado ya no de una política deliberada sino de un prolongado aumento del precio de las materias primas sobre los cuales Bolivia poco puede hacer porque se determinan en mercados internacionales. El gran respaldo a la bolivianización, paradójicamente, viene de los más de 9.000 millones de dólares que Bolivia contabiliza como reservas internacionales fruto, precisamente, de esas exportaciones. Por otro lado, también contribuyó al mayor uso de la moneda propia las cuentas en UFV, instrumento que permitió generar una forma de ahorro que sí paga intereses atados a la variación de los precios. Destacable también que se haya introducido en la economía boliviana por decisión razonada deliberadamente por las autoridades monetarias, aunque resistida en un comienzo.

La bolivianización, sin embargo, se ató a la devaluación de dólar y, por lo tanto, a la apreciación del boliviano. Se inutilizó en este proceso al Bolsín, una forma de mantener flexible el tipo de cambio, aunque sin respetar completamente las leyes del mercado. No era necesario llegar a presionar el precio del dólar expresado en bolivianos hasta el nivel ahora alcanzado para hacer exitosa la bolivianización. Menos aún cuando se tiene el gran y millonario respaldo de las reservas internacionales. Pero, así se hizo y no se va a llorar por la leche derramada.

No obstante ¿cómo alentar las exportaciones no tradicionales con un tipo de cambio fijo? ¿cómo hacer que la moneda nacional se devalúe frente al dólar para apoyar a la disminuida competitividad de ese tipo de productos? Primero, con ideas claras acerca de cómo impulsar la producción. Luego, definir la magnitud de la intervención del Estado y establecer reglas claras para la inversión privada nacional e internacional. Así se orientará el fortalecimiento del aparato productivo e inmediatamente se sentirán los efectos en la tasa de crecimiento del PIB. Alcanzada esa circunstancia, el boliviano debe devaluarse. Previamente se necesita una política que reponga las UFV como medio de ahorro y otra que disminuya considerablemente la tasa activa bancaria.

Hoy se importan artesanías del Perú que pasan como bolivianas ante los inocentes ojos del turista. Hoy se aprovechan pequeños nichos de mercados como del café y la quinua. Son estos mercados que pueden, revertirse el primero, ampliarse y crear muchos más como los segundos, con ayuda de la devaluación. Esta es una forma de aprovechar oportunidades que existen en mercados internacionales a favor de los pequeños productores que esperan el cambio.