martes, 2 de noviembre de 2010

El Síndrome fatídico del poder

Guillermo Capobianco Ribera
memocapobianco@gmail.com

"Un viejo adversario político viene a despedir a un amigo"

Ricardo Balbín, líder del Partido Radical y de la oposición, comenzó así sus palabras de homenaje frente al féretro que contenía los restos mortales del Gral. Juan Domingo Perón, velado en capilla ardiente en el Congreso de la República Argentina, aquel 3 de julio de 1973.

Eran otros tiempos.

El anciano caudillo ya no era solamente una referencia solitaria del Partido que había forjado y al que le dio sustento ideológico; el Gral. Perón había trascendido esa frontera mezquina del poder y había ingresado a la historia como expresión de un país que, en la época, era considerado no sólo por el cúmulo inmenso de su riqueza sino como parte del mundo desarrollado.

Dos demócratas de convicción se despidieron de esa manera como amigos: el uno en tanto que caudillo populista autoritario pero conductor de pueblos y de masas y el otro como un adversario leal, luchador social de toda la vida.

Ambos amaron cada quien a su manera al país en donde nacieron y por el que dedicaron la existencia sin los enconos, los odios y los resentimientos que son moneda corriente en países sin cultura democrática ni madurez política como el nuestro.

El justicialismo echó raíces profundas en la sociedad argentina al punto que dominó y sigue dominando aún medio siglo después, la política de ese importante país sudamericano, dándose por descontado que sobrevivirá al embate de la sorpresiva muerte de Carlos Néstor Kitchner, otro líder- caudillo de la causa peronista.

El ex Presidente Kitchner tal vez no tuvo la estatura histórica del caudillo fundador pero debió ser homenajeado en el Congreso de la República, como lo fue Perón, porque fue expresión del conjunto del pueblo argentino, más allá de diferencias coyunturales de naturaleza partidaria o ideológica.

La Sra. Dillma Rouseff, Presidenta electa del Brasil, ha tendido la mano a sus opositores políticos y les ha formulado un llamado patriótico para trabajar por su país afirmando que durante su mandato gobernará para todos los brasileños.

Adopta como forma y estilo de gobierno el de su amigo y maestro Luís Ignacio "Lula" Da Silva que concluye su mandato con más del 80% de apoyo ciudadano.

Esa parece ser la tendencia predominante en el mundo democrático moderno.

En esta parte de Sudamérica, el radicalismo ideológico y político que adopta como política oficial la destrucción del sistema institucional del estado de derecho y la liquidación del adversario en base a la persecución judializada bajo un falso ropaje democrático, es cada vez más reducido.
El Presidente Evo Morales no pudo superar la naturaleza agresiva de su metodología heredada de la lucha cocalera sindical y en vez de asumir un liderazgo nacional de integración y reconciliación social, racial y política, adoptó la ideología importada del indigenismo delirante y del chavismo caudillesco.

Tuvo todas las condiciones para ser una importante referencia mundial.

Bolivia, una vez más, no ha tenido suerte.