lunes, 8 de noviembre de 2010

Morales a los ojos del Mundo

Carlos D. Mesa Gisbert
Ex Presidente de Bolivia


Un halo mágico de legitimidad sacralizada por los grandes objetivos superiores de eliminación de la discriminación, lucha por los más débiles y concreción de una reivindicación social centenaria, "explican y explicarán" durante un largo tiempo las razones por las que se puede y se debe aceptar defectos, insuficiencias, arbitrariedades, un nuevo lenguaje y una vieja práctica política en el gobierno del MAS. "Daños colaterales", se diría en el lenguaje bélico de hoy. "Es que el tamaño del cambio es de tal magnitud que no podemos detenernos en minucias para juzgar y cuestionar a quienes gobiernan", es el argumento.

Desde fuera se cree aún que por primera vez en la historia boliviana los "excluidos de siempre" entraron, finalmente, por la puerta grande del protagonismo del poder. Inútil es recordar el 52, inútil explicar un proceso en el que se construyó un camino cierto de incorporación y de eliminación progresiva de la discriminación. Perder el tiempo es mencionar que antes de 2006 se había dado la universalización de la educación, el reconocimiento de la propiedad de la tierra, la imposición del voto universal, el reconocimiento de las tierras comunitarias de origen en los llanos, la propiedad comunitaria en los Andes, la función económica y social de la tierra, la descentralización radical a través de los municipios y la existencia de municipios y mancomunidades explícitamente indígenas. Perder el tiempo es hablar de que con el anterior sistema electoral y la anterior Constitución, la representación indígena en el Congreso era superior al 30% y que con esas reglas, Morales ganó dos elecciones por mayoría absoluta y los indígenas lograron una representación equivalente a su peso demográfico en el trabajo legislativo y constituyente. Estéril recordar que habíamos incorporado la Asamblea Constituyente y el Referéndum en una reforma constitucional y los habíamos convocado. En suma, que el gobierno del primer Presidente indígena llegó cuando gran parte de la mesa de la incorporación y la igualdad estaba servida, y que lo que necesitábamos era solamente a quien la presidiera con la legitimidad de su origen étnico, lo que sin dejar de ser fundamental, no fue la fundación de nada que no hubiésemos trabajado en la democracia para conseguirlo.

Imposible explicar fuera del país que Morales se montó en el indigenismo con un extraordinario sentido de oportunidad en el proceso electoral del 2005, reivindicando cosas que jamás había reivindicado en su vida sindical y política anterior (lo que, por cierto, no le resta mérito), que las autonomías fueron un triunfo histórico de Santa Cruz a las que se subió cuando cuatro departamentos caminaron por un sí irreversible a esa propuesta.

Para quienes miran el proceso boliviano en el extranjero, todos esos logros son obra exclusiva de Morales, asumiendo además que antes de él Bolivia era una pequeña Sudáfrica. Tras varios años de comprobar una y otra vez que, aún quienes están más próximos a nuestra realidad –salvo contadas excepciones-, creen esa historia reescrita a imagen y semejanza del régimen imperante, es tiempo trabajar con una paciencia pedagógica, equilibrada y sobre todo práctica. No se puede llegar "en seco" a denunciar la cantidad ya incontrastable de irregularidades, línea autoritaria, exclusión de todo diálogo, control atrabiliario del poder, sujeción de los tres órganos del Estado al Órgano Ejecutivo y judicialización de la política aplicada sin miramientos…

Algunos diplomáticos extranjeros experimentados y sobre todo pragmáticos, afirman, que no sólo Bolivia vive en democracia sino que estamos lejos del autoritarismo. Los ejemplos antes referidos, son, en su criterio, parte de un proceso que no altera lo esencial, la legitimidad del voto y el respaldo que tiene el Presidente (hoy por hoy, seamos claros, dividido en dos mitades, una que lo respalda y otra que lo repudia). Además, concluyen, "de qué se quejan con la oposición impresentable que tienen" (en lo que no les falta razón). Quienes crean que la imagen internacional de Bolivia está muy deteriorada por los frecuentes exabruptos presidenciales, se equivocan. El Primer Mandatario puede seguir practicando el fútbol a su estilo y haciendo afirmaciones en el tono que quiera, que la comunidad internacional separa a la persona del símbolo, a los excesos, del "abanderado del cambio"…Una sola cosa está clara; sólo una propuesta sensata en el marco de una oposición democrática organizada y con programa, podrá construir en el mediano plazo un dique ante el autoritarismo que se viene. Y deberá ser desde dentro (no puede pretenderse que desde afuera resuelvan lo que internamente somos incapaces de solucionar). El único lenguaje posible es el del voto y para ello no sólo faltan cuatro años, sino un largo camino de reciclaje intelectual, político y estructural en quienes pretendan enfrentar al actual gobierno, su poder casi omnímodo y su proyecto de perpetuación.