jueves, 11 de noviembre de 2010

Rizando el rizo

Walter "Puka" Reyesvilla Méndez
aguadoble@yahoo.es

No deja de ser llamativo el hecho de que ante el reclamo de padres y madres de familia, el Ejecutivo se negara a promulgar la ley de modificaciones al código de protección a menores, la devolviera al Legislativo y éste, muy solícito, retirara el artículo observado para así poder entrar este instrumento en vigencia.

De forma análoga, aunque su tratamiento continúa en desarrollo, la COB planteó al Gobierno sus observaciones al proyecto de Ley de Pensiones –sobre todo al artículo referido al aporte conyugal- y, sin mayor resistencia, el régimen accedió a a retirar o modificar algunos términos del mismo.

Como es de dominio público, para la redacción y posterior tratamiento de la Ley contra el racismo y todo tipo de discriminación no ha sucedido tal cosa. Con relación específicamente respecto a dos artículos atentatorios a la libertad de expresión, las observaciones realizadas por las organizaciones de la prensa fueron olímpicamente ignoradas.

A estas alturas, ya promulgada la dichosa ley, más de medio millón de ciuaddanos –guarismo más que sufiente para legislar por la vía ciudadana- respalda con su firma la posición de estas instituciones a la vez que expresa un profundo compromiso con la libertad de expresión. No en vano, durante 24 años de vida democrática algo de ciudadanía se vino construyendo. Repito: 24, cosa que no se borra de un plumazo.

La diferencia es que mientras los dos primeros casos no son inherentes al proyecto de perpetuación del régimen en el poder, el de la sistemática supresión de las libertadaes democráticas y derechos ciudadanos sí lo es. Sin siquiera haber sido aplicado formalmente, el infame Artículo 16 se ha cargado a 3 profesionales de la comunicación social.

Una suerte de "aplicación preventiva" del artículo de marras hace que los medios, por miedo, prescindan de los servicios de las voces contestatarias porque pende sobre ellos una espada de Damocles –de Evocles, para el caso-.

Negocio redondo para el régimen porque no le toca la responsabilidad directa de la censura –o autocensura- y avanza en su plan totalitario. Incluso podría dárselas de justiciero y demandar a las casas de comunicación por la vía laboral. Maquiavelismo en su variante más pérversa.

¿Estamos en el comienzo de una razzia destinada a eliminar todo vestigio de pensamiento divergente?
¿Podrá el régimen continuar rizando el rizo indefinidamente o se encontrará en el camino con gladiadores dispuestos a dar batalla democrática?

Por el momento, un grueso representante del régimen, ante la eventualidad de ser procesado, se curó en salud argumentando que no había nombrado explícitamente al objeto de sus invectivas –o sea que mientras no se mencionen nombres todo vale- y que había incurrido en "discriminación de buena fe" –con lo que echa por tierra el espíritu de la ley en conjunto-.

¡Ave Evo, los que van a morir te saludan!