miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ahora que todos seremos neoliberales

Mauricio Ríos García
riosmauricio@yahoo.com

Aunque sea difícil de creer, el subsidio del consumo de carburantes fue una medida socialista implementada por un gobierno neoliberal hace seis años, y aunque también sea difícil de creer, el gasolinazo (la eliminación de una parte de aquel subsidio) del gobierno de Morales no es de corte neoliberal, como pretenden acusar algunos economistas, sino más bien uno de corte también socialista, pero partamos por el beneficio de la duda.

La explicación que acusaría este gasolinazo como una medida socialista, lo haría porque identifica una segunda intención en la misma y, por tanto, el problema de fondo.

Resulta curioso que la reacción de los sindicatos y movimientos sociales haya sido estéril o dividida en el mejor de los casos. Sucede que el dinero que antes estaba comprometido para la subvención, está ahora bajo el control del Gobierno y lo tiene a libre disposición; y los distintos grupos de interés que han venido presionando por conseguir una parte de las rentas de los hidrocarburos, tienen incentivos renovados por mantener o incrementar presión por las mismas. La evidencia de esta práctica ha sido inmediata, sino preconcebida, pues durante los últimos cinco años estos grupos han conseguido una cantidad de dinero ajeno como nunca antes, y al existir aún más recursos disponibles, se garantiza el éxito político de una medida que en otros escenarios sería motivo para derrocar más de un gobierno de manera continua.

Este sería sólo el inicio de la configuración que tendrá la redistribución de la riqueza en el país. Aún está por verse a quién beneficia realmente el gasolinazo, pues ante el fracaso de la política energética en el país y la pretensión de concentrar cada vez más el poder, la composición del Impuesto Directo a los Hidrocarburos podría cambiar radicalmente en 2011, y con ella lo que quede de democracia y libertad.

Si este no es el caso, el argumento que un neoliberal plantearía a favor de un gasolinazo es porque los ajustes son necesarios. Por un lado sanearía las cuentas fiscales y, por el otro, al permitir que el precio de los carburantes fluctúe a precios internacionales, el mercado identificaría aquellos negocios que son capaces de competir en esa categoría, consiguiendo beneficios para quienes estuviesen involucrados con la prestación de sus capacidades individuales; y aquellos proyectos que no son capaces de competir o que bien se beneficiaban del dinero ajeno que representan los subsidios, se cancelan.

De esta manera, el Gobierno habría optado por el gasolinazo para que el déficit sea cubierto con el dinero que antes iba para el subsidio, siendo fiscalmente responsable sin gastar más de lo que tiene; los movimientos sociales habrían entrado en razón al ver que los esfuerzos colectivos para conseguir dinero ajeno, a lo mucho tienen beneficios de corto plazo; y Bolivia estaría mostrando mucho de lo que tiene para enseñar a los Estados Unidos y la Unión Europea en la crisis internacional. ¡Enhorabuena!

Ahora bien. Ya que todos seríamos neoliberales y que ya nadie podría negar que son las medidas neoliberales las que generan recursos y sanean la economía, y que, por el contrario, es el socialismo el que derrocha los recursos y contrae el crecimiento económico del país por debajo de sus capacidades, vale plantear el siguiente paso que el Gobierno tomaría para no volver a caer en la práctica colectiva perversa de la apropiación del dinero ajeno y los privilegios diferenciados que otorga el Estado cuando acapara recursos.

Encontrar un mecanismo que lleve las ganancias petroleras directamente a todos sus dueños, los ciudadanos, no sólo evitaría que el Estado las acapare y derroche, sino que induciría a los individuos a alimentar un espíritu de competencia, entendida como un proceso de aprovechamiento de oportunidades de ganancia y de descubrimiento de nuevos fines permanentemente, que es en lo que consiste la capacidad creativa y coordinadora de la función empresarial, como parte de una economía de crecimiento sólido y sostenido.