lunes, 17 de enero de 2011

¡A LA CARCEL!

Julieta Montaño S.
julietamontano@gmail.com

Es la sentencia que pesa sobre todas las personas que en Bolivia se atreven aún a pensar diferente a lo establecido por el partido de gobierno, peor aún si en el pasado cumplieron funciones en el aparato estatal, sin importar cuanto tiempo atrás, con qué reglas de juego ni cual fue su desempeño. El problema es que fueron servidores públicos en gestiones de gobiernos "neoliberales y derechistas", y para colmo, no se pusieron en la fila para recibir la bendición de nuestro benefactor: su Excelencia don Juan Evo Morales, o para ser iluminados con la luz resplandeciente del Vicepresidente del Estado Plurinacional don Álvaro García Linera.

A diferencia de hombres y mujeres hábiles y pragmáticos que cambiaron de camiseta partidaria como lo hace la gente aseada con sus calcetines o ropa interior, muchos/as ciudadanos/as prefirieron mantenerse leales a su línea política y muchos otros quedarse en el anonimato e inactividad política, privándole a la sociedad de la posibilidad de confrontar ideas, conocer experiencias acumuladas, debatir y poner en acción la capacidad de análisis crítico de bolivianos y bolivianas, en síntesis: fortalecer la democracia. Podemos calificar de cobarde esa conducta, pero al observar lo que sucede con quienes tienen el atrevimiento de cuestionar las medidas del gobierno, no queda sino comprender su miedo y darles razón.

Cómo puede no estar atemorizada la gente si el aparato represivo se mueve con tanta agilidad que no da tiempo a sus víctimas ni para organizar mentalmente su defensa, y para que su estado de parálisis e indefensión sea absoluta, se amenaza y persigue a la familia.

La denuncia presentada por una legisladora contra Samuel Doria Medina y admitida por el fiscal es la prueba grotesca y patética del afán represivo de la libertad de expresión que tiene el gobierno, porque a nadie que tiene un mínimo de raciocinio se le puede ocurrir que la opinión de una persona pueda generar un caos económico como el que se vivió a finales del pasado año.

Las amenazas vertidas por el Ministro de Gobierno contra el ciudadano Oliva por supuestos gastos reservados, sumados los tantos juicios que se anuncian contra ex presidentes, ex vicepresidentes, ex ministros va sumando la lista de desaciertos del gobierno, porque en momentos de tanta dificultad económica, descontento social por la escasez de alimentos, elevación de precios de los artículos de primera necesidad y debilidad institucional, todo el equipo ministerial debía preocuparse en buscar alianzas para apaciguar los ánimos y perfilar soluciones en lugar de aplicar la fórmula ¡A la carcel!.