lunes, 17 de enero de 2011

Protección del Testigo

Flavio Machicado Teran
flavio@graffiti.net

Erase una vez Stroessner, un tirano paraguayo. Alfredo fue necio cuando acogió en suelo guaraní a Anastasio, el sanguinario dictador de Managua. Erase una vez Banzer, impunemente afortunado dictador, que gobernó durante una ficticia bonanza económica. De extracción militar, Hugo y Alfredo compartían su desdén de la iglesia contestataria. Con su Plan Cóndor, querían limpiar a la sociedad de sacerdotes en el otro extremo ideológico. Pero mientras que Stroessner murió en la ignominia del exilio, el General Banzer optó por reivindicarse en las urnas; un gesto democrático. Con apoyo popular y una alianza con el MIR, la izquierda revolucionaria de aquel entonces, el General se encaramó en el poder. Erase una vez un mundo parecido.

Durante la dictadura de Banzer, salieron al exilio cientos de bolivianos, mientras que los que quedaron presos no tuvieron siquiera derecho a un juicio imparcial. Empresarios y políticos de peso se callaban, por miedo a la persecución. Fue una era de estabilidad política, económica y social, con los militares y policías firmemente bajo el control del Ejecutivo. Las manifestaciones eran inexistentes, debido al temor de ser procesados por el Ministerio del Interior. La economía crecía, con proyectos de inversión en infraestructura que hacían millonarios a los hábiles en ganar licitaciones. Mientras MÁS cambian los tiempos, MAS siguen igual.

Paraguay es hoy gobernado por un izquierdista que hace gala que en su gobierno hay políticos de extrema derecha. Una vez más, el Paraguay hace gala de su hospitalidad, acogiendo al Gobernador electo de Tarija. Pero Mario Cossio no es Anastasio Somoza y el MSM no es el MIR. Los primeros se han convertido en un partido de “derecha”, los segundos se convierten en lo que pueden y nuestro Presidente jamás se acercaría a un partido de “derecha”, por lo que Evo no es Lugo y la analogía termina allí.

Todos sabemos que la historia se repite. Lo interesante no es observar MÁS de lo mismo. Lo interesante es ser testigo de su punto de inflexión. Con su discurso de tolerancia y pluralismo ideológico, su defensa de la “democracia representativa” y su inclusión en su gobierno de políticos paraguayos que piensan diferente que él, Lugo – de los sacerdotes en la mira telescópica del Plan Cóndor – resiste la tentación de doblegarse ante la izquierda petroglodita.

Puede que Branco, Mario y Fortún sean unos pillos. Ese no es el meollo del asunto. Se trata de un principio básico: debido proceso. Puede ser que en Bolivia existan “separatistas”. Ese no es el meollo del asunto. Se trata de otro principio básico: los que administran la justicia no deben incitar a cometer un delito (entrapment). Leopoldo Fernández tal vez sea un genocida. Ese no es el punto. Se trata de garantizarle un debido proceso. La realidad de nuestra justicia es que Leopoldo tiene dos años preso, esperando ser formalmente imputado. Esas sutilezas de la democracia Lugo las parece entender.

Un crimen no justifica cometer otro. Una defensa del debido proceso, presunción de inocencia e imparcialidad de la justicia tampoco justifica injerencia. Los movimientos sociales paraguayos también decidirán si resisten la tentación de enterrar principios básicos en nombre de la hegemonía política. Por lo pronto, ser de izquierda y tener una conciencia social no obliga a Lugo ser parte del maniqueo clan, fan del refrán: “Por cualquier medio necesario”. Bajo esa lógica, se protege a un testigo,“El Viejo”, a la vez que se condena a priori a todo opositor. Somos testigos de un maniqueísmo a punto de pasar de moda.