martes, 25 de enero de 2011

SOBERANÍA ALIMENTARIA CATASTRÓFICA

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

La soberanía alimentaria del Estado pasa por una crisis estructural de dimensiones que será catastrófica, si es que no se toma en serio la producción de alimentos básicos de la canasta familiar. Si bien es cierto que existe un déficit en la producción de azúcar, arroz, trigo y aceite que son productos industriales y manufacturados, también es cierto que la producción de verduras y hortalizas están decreciendo paulatinamente debido a la propagación de monocultivos y producción de cultivos no tradicionales para la exportación.

Según Enrique Ormachea Saavedra, señala que el gobierno del MAS, a pesar de su constante discurso de apoyo a la pequeña producción campesina, no había logrado revertir la tendencia de una cada vez menor relevancia de la producción agrícola en las regiones del altiplano y los valles que, como se sabe, concentran a la gran mayoría de las unidades productivas campesinas del país. Ambas regiones que en 2005/2006 representaban el 25% del total de la producción agrícola del país, en el periodo 2008/2009 habían bajado su participación al 21,6%.

Esta tendencia que continúa es palpable en las capitales y poblaciones mayores que ven cómo los precios suben día a día, pese a la época del año que es propicia en la cosecha de hortalizas y verduras tradicionales, además de frutas de los valles que bajaban sus precios en gran medida. El sector campesino por las inclemencias del clima por una parte y por otra por la inclemencia e insensibilidad de la política que ha contaminado al sector productivo ha bajado en su producción por falta de incentivos reales en campos específicos de la producción.

La consigna de exportar o morir está comiéndose a la Pachamama, las tierras cultivables que estaban en los bordes de las zonas industriales, se están convirtiendo en territorios de grandes capitales para la producción de trigo, caña de azúcar, soya, arrozales, descuidando el consumo interno. Podemos poner como ejemplo que en Tarija se quiere hacer una zona productora de trigo, siendo que la erosión va acabando con las tierras fértiles, que no hace mucho producían tomates, lechugas, arvejas, morrones, ajos y cebollas, que copaban el mercado local.

En La Paz, otrora grandes productores de tubérculos, el pequeño productor, el campesino del surcofundio, está produciendo forraje para el hato ganadero de bovinos para la producción de lácteos. Por supuesto en ambos casos es mejor negocio coyunturalmente. Hasta mientras se habrá perdido toda una cultura y una tecnología productiva que autosatisfacía la demanda de la población.

Quienes visitan los mercados y realizan sus compras ya ven y palpan el déficit pese a la época del año, si seguimos así este invierno será durísimo en cuanto a la dieta macrobiótica, eso sí tendremos azúcar para sacar caries hasta las dentaduras de nuestros muertos, porque así lo anuncia el sector agroexportador del Oriente, Santa Cruz es hoy el principal productor de papa holandesa en el país, si usted va al mercado en La Paz, encuentra la papa de Cochabamba, Peruana, Cruceña y la mejor papa del mundo en cuanto a variedad se ha perdido.

La política del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales, se debe tomar en serio el problema en ciernes, no es cuestión de que por ejemplo si la frambuesa y la mora tienen un excelente precio en Brasil, el sector campesino cubra sólo esa demanda dejando de lado hasta su propio consumo. Se debe hacer una planificación seria e incentivar a la producción de cultivos tradicionales y en este caso mediante leyes obligando y obligándose a cumplir con la soberanía alimentaria.

La deformación del mercado a partir de los gobiernos obliga a plantear y reconsiderar el papel de las instituciones desde los ministerios y las empresas estatales y privadas que están actuando de la manera más cínica y neoliberal incentivando políticas agiotistas y especuladores desde el nivel central hasta la periferia. Si no veamos el caso de EMAPA que de empresa de apoyo a la producción se ha convertido en comercializadora usurera y reguladora de precios a su antojo y a ojo clínico de algún catedrático de economía que juega a ganarse el Nobel de engrandecimiento de las arcas que vaya uno a saber si son las del Estado Keynesiano.