miércoles, 9 de marzo de 2011

La redistribución de la pobreza ideológica

Cynthia Perou
cynthia_perou@hotmail.com

"La pobreza ideológica del modelo que no se ha podido cambiar se sigue reproduciendo a sí misma".

Es innegable que un día nos encandiló a todos en una forma u otra el proyecto del MAS, ya que parecía eran los que nada tenían que perder a cambio de una mejora social profunda, lo que sin duda olvidamos siempre es el invencible vicio del poder, cuando alguien se encumbra en el sitial honorifico de Estado lo único que no está dispuesto a tranzar, es el poder y este precedente nos persigue como un espectro a lo largo de toda nuestra historia. En efecto al momento de la fundación de la Republica, nuestros Patricios enarbolaron las más altas ideas liberales obtenidas de las Revoluciones Americana y Francesa y sin embargo al momento de llegar al poder las puertas que verdaderamente permitían el ingreso a la democracia se cerraron en las narices de la mayoría.

Después de 181 años de fracasar en el proyecto Republicano, en la escena política boliviana aparece el discurso del estado plurinacional que en ese momento pudo haberse convertido en el discurso que pondría punto final a un modelo espureo y sin embargo en la misma formas en que ocurrió en otras oportunidades, al momento de efectuar los cambios se tomaron todas las reglas y paradigmas del "decadente modelo anterior" como si repitiendo varias veces lo que está mal fuéramos a obtener un resultado diferente.

En este contexto resulta bastante gracioso escuchar a algunos que dicen ser de la oposición reproducir únicamente las consignas que el gobierno pone en la mesa de nuestro desayuno (en lugar de azúcar) todos los días. Si en verdad queremos ejercer ciudadanía no podemos únicamente mirar noticias para deleitarnos con las necedades del gobierno y luego llevar nuestra critica a todos los lugares donde nuestra agenda nos lleva, tampoco podemos salir a la calle a recordarle a la gente lo mal que están las cosas; al final del día la sociedad es como una persona con sobrepeso, sabe que esta gorda, no es necesario decírselo todo el tiempo. Lo que en verdad seria un verdadero ejercicio ciudadano seria presentarse ante la comunidad con una opción, por supuesto que la tarea representa un desafío para un grupo político que parece apático a la realidad boliviana.

La diferencia no se halla en el tono de la crítica ni en el acto mismo de esta, ni tampoco en el sobrevaluado propositivismo, ya que es sencillo darse cuenta que no existe propuesta alguna, el reto se encuentra en convertirnos nosotros mismos en creadores, diseñadores y dibujantes de un discurso que pueda proporcionar a todos los bolivianos un modelo de administración política que sea entendible y aplicable al diario vivir de cada uno de nosotros. El pilar fundamental del discurso que imaginamos muchos, se sustenta por devolver al poder su función social. El poder disasociado como lo conocemos hoy es el caldo de cultivo perfecto para los malabaristas circenses que han hecho del palacio su circo.

¿Cuál sería la función social del poder? La respuesta es muy difícil de aplicar porque se trata nada más y nada menos que de convertir al poder en un instrumento cuya tarea exclusiva sea la de proporcionar soluciones a los problemas de la ciudadanía, pequeña meta nos trazamos al esperar desprendimiento de aquellos que pretenden gobernarnos.

Es importante ver que el silencio de la ciudadanía está siendo interpretado como una aquiescencia para todo tipo de aberraciones contra nuestros propios derechos; por eso la creación de un nuevo discurso es nuestra agenda inmediata y nuestro desafío.