sábado, 23 de abril de 2011

10 MANDAMIENTOS DE UN JACOBINO EN RETIRADA

-Respuesta indignada a Pablo Stefanoni-

Gabriel Tamayo
gabriel.tamayo65@gmail.com

Todavía recuerdo el día de la entronización de Evo Morales, allá por 2006, cuando Pablo Stefanoni, visiblemente conmovido, escribía: "... bajo la imponente geometría tiahuanacota, (Evo Morales) proyectaba la imagen de un príncipe coronado". Luego se desbordó un festival esotérico ideológico, ¡toda una caricatura que ya se cae a pedazos!, que halló su clímax en la creación del estado laico, nada menos que encabezado por un líder espiritual –el "jefazo", claro-, investido por nada menos que un chaman que –luego se supo- comercia con sustancias alucinógenas. ¡Qué tal! Se llama "Proceso de Cambio".

Ese es el régimen actual, una grosería histórica que ahora comienza a deslucirse para la mayoría, porque hay más simbolismos fatuos que realidades que sacien el hambre y permitan vivir con dignidad. Mientras tanto, unos pocos, aquel cenáculo de amantes del atraso y del panteísmo -del cual Stefanoni es uno de sus adalides-, buscan salvar su honra, después de haber demostrado un vasallaje más allá de lo imaginable, intentando disfrazar su huída del malogrado "cambio", esbozando un nuevo hallazgo: ha llegado la hora de pensar en "si la izquierda -más como corriente de opinión, en este caso, que como "el partido"- puede aportar al proceso de lucha por la democratización radical de la sociedad".

Para cubrir su rastro y que el escape no sea descubierto, Stefanoni señala que "el clivaje izquierda-derecha no da cuenta de la realidad boliviana", tampoco la alternativa "modernidad/decolonialidad" porque no corresponden a "las complejidades de las identidades populares en juego ni de los programas de transformación social". Menos, según el desahuciado trovador del "jefazo", "el antagonismo nación/imperialismo".

No lo dice de frente, pero el fracaso de esta sandez ideológica al que llaman proceso de cambio, debe ser cambiado, redireccionado, reciclado, etc., por el posicionamiento de una "izquierda libertaria". Para ello, propone un decálogo, "nada pretencioso" en su habitual "sencillez" (compartida y alimentada a una cuadra del Palacio Quemado), una suerte de 10 nuevos mandamientos -¡Milagro de Semana Santa!-, para dar aliento a la desahuciada pesadilla nacional-populista.

¡Toda una herejía! Yo, un mortal común y corriente, un preso político que sufrió en carne propia la cárcel y la tortura por defender la democracia en las décadas '70 y '80; un simple ciudadano, a años luz de las poses de los académicos amanerados que practican el soliloquio y la guitarreada revolucionaria; un hombre simple, jubilado y amante de la democracia, me voy a animar a comentar, uno por uno, los nuevos mandamientos de la nueva versión de santería política que nos propone Stefanoni –escondiendo su huída-, empezando por su sospechosa definición de "clivaje izquierda-derecha".

Desde el punto de vista sociológico, por clivaje entendemos, básicamente, aquellas líneas de "división sociales existentes en la representación que los actores se hacen del sistema social en el que habitan, y que influyen en sus adscripciones subjetivas, en el comportamiento electoral y en el sistema de partidos". Eso es obvio.

Lo que me interesa, y corresponde mejor a Stefanoni y a su cuadrilla de multiculturalistas por medio de los cuales habla Morales, es la acepción psicológica: "Proceso según el cual el sujeto embrionario deriva a lo inconsciente la pulsión incestuosa y se constituye como un individuo separado de su objeto primario de deseo, la madre".

En realidad, es una grosería aspirar a una "democratización radical de la sociedad", cuando ellos mismos –me refiero a Stefanoni, su maestro y el resto de neogramcianos criollos-, y todos los que los antecedieron (de derecha y de izquierda), mantuvieron una relación incestuosa con la democracia: nacieron a su sombra y luego la ultrajaron, y la ultrajan, a conveniencia, a condición de mantenerse en el poder o de vivir a la sombra del poder, a la usanza de vasallos penitentes.

No es poco lo que han hecho: han desmontado las bases de la democracia desde adentro, con sordidez y alevosía; han protagonizado acciones siniestras -¿qué harán cuando se descubra la verdad de los casos Porvenir, Hotel las Américas, La Calancha, etc., etc., etc.?- sólo para saciar el apetito de poder; se persigue con descarado revanchismo a los opositores, primero para hundirlos en el descrédito y luego para sepultarlos en alguna mazmorra, ante el beneplácito de inmorales actores jurídicos que violan a la justicia a plena luz del día y sin sonrojarse (¿qué harán cuando todo esto termine, dónde encontrarán refugio cuando la "Comisión de la Verdad" –seguro que habrá una- siga sus huellas?).

Los nuevos mandamientos –decálogo para masistas arrepentidos-, son igualmente un canto a la desfachatez, aunque podrían entenderse cuando alguien intenta borrar su rastro mientras huye, manteniendo honor y sueldo. Veámoslos uno por uno.

"1. Abrir el debate donde las estrategias binarias (oficialistas y opositoras) quieren cerrarlo... Las visiones polarizadoras pueden acabar con el debate de ideas y la autonomía del pensamiento y conducir la política a una suma de clichés huecos".

¡Descaro!. Dos gestiones de gobierno polarizando, inventando enemigos, persiguiendo opositores e incluso rodeándose de acciones sangrientas. Todo con el objetivo de acallar toda voz disidente y mantener a la masa movilizada, evitando que piense. ¿"Autonomía de pensamiento"? Si son ellos los que destinan millones de dólares en quitarnos el derecho a la libertad de pensamiento a través de una acción propagandística tan atroz como fascista, en la intención de incubar el pensamiento único. Y, señor Stefanoni, usted es corresponsable.

"2. Apoyar críticamente los procesos de cambio social. Pero críticamente es críticamente: a menudo el llamado "apoyo crítico" es simple apoyo. Para ello es bueno desterrar frases que comiencen con "Más allá de todas las contradicciones, creo que..." o "Ya sabemos que esto no es socialismo... entonces", porque estas precauciones cancelan completamente la discusión crítica. ¿Para qué vamos a perder tiempo criticando lo que "ya sabemos"?".

¡Descaro! (además de petulancia) No olvidemos que, por ejemplo, las acciones sociales últimas fueron acusadas de políticas, apoyadas por la derecha, golpistas, etc. Cómo se puede hablar de apoyo a los procesos de cambio social si la dirigencia de las organizaciones sociales ha sido coptada, prostituida y luego acusada de traidora cuando sus bases amenazas con rebasarlas. Peor aún, cómo se puede hablar de "cambio social" si se ha despedazado el principio esencial de la acción de las organizaciones sociales, cual es la independencia sindical. Sin duda, hay que "entender críticamente" aquello que sugiera cambios cosméticos, pero que no cuestione el errático desvarío gubernamental y de los "amautas blacoides" que lo sustentan.

"3. Salir de la estadolatría: articular un Estado fuerte con una sociedad fuerte".

¡Descaro! Toda acción gubernamental, política, económica y social, avanza hacia atrás: forjar un capitalismo de Estado fuerte, con una sociedad civil dócil que aplaude o atemorizada si critica. No hay que olvidar que, en este instante, sobran los discursos que maldicen a la empresa privada, incluso han sido varias las acciones que han ido contra los intereses privados. El hecho que llega al colmo es que el empresario Doria Medina está a punto de ser encarcelado porque la ineptitud del gobierno, y no los aciertos del empresario cementero, lo hicieron subir en las encuestas. Hemos vuelto, en forma bufona, a tiempos del nacionalismo estatizador. Sin duda, una patética reincidencia del fracaso. Claro, Stefanonio es uno de sus protagonistas.

"4. Pensar más allá y más acá de la geopolítica: no apoyar a dictaduras dizque "nacionalistas" o de "izquierda" por consideraciones que sólo ven el juego de las supuestas relaciones de fuerzas internacionales sin reparar en las necesidades, demandas y padecimientos de los propios pueblos"... Es decir, salir de la concepción de la guerra fría (y ahí está la discusión a propósito del caso libio), manteniendo la premisa de "no confiar en el imperialismo ni un poquito así...".

¡Descaro! Es precisamente Stefanoni uno de los muchos juglares de caudillos que encabezan seudodemocracias nacionalistas, proclamadas de izquierda, que hunden a sus pueblos en una mayor miseria y atraso. Peor aún, apoyan regímenes no sólo premodernos sino despóticos y bárbaros, sólo porque ladran contra el imperialismo. Realmente, a veces, cuando uno quiere salir bien parado en una retirada de puntitas, renuncia a tener sangre en la cara.

"5. No hacer el juego al "anti populismo". Ni Chávez ni Evo ni Correa son dictaduras, eso debe quedar claro. Si caemos en críticas hiperbólicas perdemos la posibilidad de criticar las carencias democráticas reales".

¡No señor¡ Chavez, Evo y Correa no son democracias. Son dictaduras encubiertas a las que Stefanoni y sus amigos dieron sustento ideológico y aplauso behemente, y por escrito. No se trata de semántica. Si se acomoda el Estado de Derecho al antojo, si se pisotea el principio de la independencia de poderes, si no se respeta la voz de las minorías, si se vulnera la libertad de pensamiento, expresión y organización, eso no es democracia: ¡es dictadura! No habrá tanques en las calles, pero sí imposición y arbitrariedad y, sobre todo, no existe libertad.

"6. Reponer el debate económico, donde el culturalismo se apropió completamente de la escena. Ello implica problematizar posibles nuevas articulaciones Estado/mercado que muchos cosmovisionistas "resuelven" apelando a la trivialización del concepto de complementariedad y los nacionalistas con lecturas sobre empresarios patriotas o antipatrias o meras 'ilusiones desarrollistas'... Es necesario salir de un pseudo clivaje entre ilusiones comunitaristas vs. ilusiones desarrollistas".

¡Descaro! Cinco años apoyando la edificación de la supuesta economía comunitaria bajo la mano fuerte del Estado soberano, con la histeria contra la economía de mercado empujando su pluma, y ahora nos viene con eso. Hay que tener sangre fría. En un mundo globalizado, donde la prosperidad viene de la mano de sociedades abiertas, con estados fuertes pero respetuosos de la libertad, el proyecto que Stefanoni ayudó a forjar, y del que intenta zafarse, nos hundió en mayor atraso y en un festival populista que desperdició ventajosas condiciones económicas sólo para cebar el mito multiculturalista. ¡Qué vergüenza! ¡Y cuánta cobardía al huir sin que medie autocrítica alguna!

"7. No idealizar a los "subalternos". La idea de excepcionalidad boliviana a menudo no aporta luces sobre el proceso de cambio ni la realidad nacional... Entender a los indígenas realmente existentes y luchar por su empoderamiento contribuye más a la lucha por la igualdad y la descolonización que exotizarlos y transformarlos en el Gran Otro; que es tan otro que mejor se quede en el campo defendiendo a la naturaleza y manteniendo su "vida comunitaria" mientras "otros" -que no tienen nada de "otredad"- hacen el trabajo para el que se requiere competencias modernas, aprendidos en la escuela y en las universidades "etnocéntricas".

¡Descaro! Como ocurrió desde la colonia, el régimen del señor Stefanoni ha usado hasta la nausea a los pobladores del campo, mostrándolos como forjadores del cambio (llenos de símbolos y baratijas), cuando en realidad sólo fueron carne de cañón de enfrentamientos y escalera de nuevos oportunistas. El Estado Plurinacional es una ficción, simbología falsa para dar la impresión que se edifica una sociedad incluyente, cuando los más empobrecidos son, hoy como ayer, los pobladores del campo. Queda claro, en la realidad, que las teorías multiculturalistas acuñadas lejos de nuestras fronteras y que Stefanoni cultiva con fe, han demostrado ser un fracaso porque sólo han multiplicado banderas, mamotretos jurídicos y más miseria, además de articulistas bien pagados.

"8. No dejar fuera los valores: un proyecto emancipador, sin ningún romanticismo, implica una reforma moral e intelectual de la política".

¡Descaro y mil veces descaro! De qué valores habla, si la libertad –pilar de la democracia-, en todas sus expresiones es pisoteada todos los días (pensamiento, expresión, organización). Cuántos muertos tiene sobre sus hombros el gobierno del que Stefanoni intenta desmarcarse. ¿Moral? ¿Qué tiene de moral intentar edificar una nueva sociedad con la bota puesta sobre las voces opositoras, mientras se gobierna amenazando al pueblo? ¿Qué tiene de moral usar al Ministerio Público como perros de caza para perseguir, sin pruebas, a opositores sean de la ideología que sean? ¿De qué reforma intelectual puede hablar Stefanoni cuando primero prestó su pluma para aplaudir a un régimen autoritario y ahora, que el oprobio se cae, intenta salir airoso, dándose las ínfulas de profeta de otro estrambótico experimento al que ahora llama "izquierda libertaria".

"9. Propiciar una agenda anticonservadora en el terreno ético/moral: lucha por los derechos reproductivos, al aborto incluido, y por la igualdad para las llamadas minorías sexuales y de género".

¡Descaro! ¿Qué se hizo durante estos cinco años en torno a estos temas? ¡Nada! Es más, si se quiere avanzar en una agenda anticonservadora, por qué no hablar en serio, pero bien en serio, sobre la legalización de las drogas blandas. No, ese tema no se toca, puede arruinar el "egocio de la familia".

"10. Discutir desde la izquierda la cuestión de la democracia: a menudo con la excusa de acabar con la democracia "burguesa" se ha tirado el agua y el niño por la ventana. Y ya conocemos los resultados. Evitar la idea de que ellos tienen "otra democracia" porque tienen "otra cultura", lo que en general no es más que manipulación culturalista de autócratas bien "modernos", desde Ceaucescu hasta Gadafi, pasando por el "modelo cubano"".

Realmente hay que tener sobrado descaro. Si la ocupación central de este régimen ha sido demoler el sistema democrático para reemplazarlo con un modelo autocrático que causa pavor y del que Stefanonio, le guste o no, es corresponsable, aunque ahora intente hacerse el desentendido.

No hay dudas que las posturas de Stefanoni ahora y de Prada antes denuncian que no sólo el régimen se cae a pedazos por su base social, sino por su sustento intelectual. Que esto se desmorone no debe sorprendernos, en un mundo moderno y globalizado, los proyectos nacionalistas, peor comunitarios, suponen un retroceso dramático al pasado, ya superado con dolor y lágrimas. Lo que sí llama la atención es cómo los trovadores del régimen hacen "mutis por el foro", despacito, escondiendo su huída aparentando nuevas disquisiciones ontológicas, sin tener el valor de una autocrítica seria. Sin embargo, esto último sería mucho pedir; no olvidemos que, al igual que el régimen al que apoyaron y al que ahora abandonan con elegante sofisma, ellos y su conducta pública son una simple y prosaica expresión de las viejas prácticas políticas que nos han acompañado desde siempre.

Digan lo que digan, lancen cuanta diatriba puedan contra sus enemigos ideológicos, escriban cuanto puedan para crear una realidad existente sólo en sus desvaríos, son lo mismo que dicen combatir: expresiones del atraso. Claro, algunos seguro se hundirán con el barco; unos pocos, luego de roer alguna confusa explicación, huirán mucho antes.