miércoles, 27 de abril de 2011

Del populismo ofensivo al populismo defensivo

Mauricio Ríos García
riosmauricio@yahoo.com
http://riosmauricio.com

Las crisis económicas nunca son iguales y su desarrollo tampoco, pero guardan un denominador común sobre sus consecuencias. Hoy, lamentablemente, vienen a confirmarse las hipótesis sobre las que algunos economistas temían tener razón: La práctica del populismo al que el socialismo recurre para nutrir una utopía, termina socavando la economía.

Lo que en Bolivia está sucediendo es un cambio de conducta del populismo ofensivo del Gobierno que –como sostienen Kaufman y Stallings- involucra un conjunto de políticas diseñadas para obtener objetivos políticos específicos, a uno del tipo defensivo que –como sostiene Juan Antonio Morales- se traduce en una situación donde el Gobierno es incapaz de controlar las presiones sociales que afectan al presupuesto fiscal.

El populismo ofensivo del Movimiento al Socialismo se ha caracterizado por reivindicaciones étnicas, indigenistas y lingüísticas, así como por una muy alta intervención del Estado en la economía a través de nacionalizaciones selectivas de distintas empresas que ha considerado como estratégicas, pero también se ha dado cuenta de que las políticas sobre la moneda pueden ser dirigidas exactamente de la misma manera que cualquier empresa estatal, destruyendo toda base de ordenamiento económico como el respeto por los derechos de propiedad y las reglas de juego, haciéndolas incompetentes hasta colapsar.

Durante los últimos cinco años, el Gobierno ha incurrido en una imprudente expansión monetaria y crediticia para todo tipo de emprendimientos público-privados, cuyos efectos inmediatos fueron considerados como positivos. Por un momento pareció haber detenido aquel proceso, pero determinó nuevas expansiones de mucho mayor volumen para dirigirse hacia un camino sin retorno para terminar de deteriorar la estructura productiva: la eliminación de la libre fijación de las tasas de interés en el sistema financiero.

Cuando la presidencia de Siles Zuazo (1982-1985) optó por la vía del populismo defensivo que subestimaba la restricción externa causada por la crisis de deuda, el comienzo de la caída de los precios internacionales de las materias primas, además de una restricción fiscal producto de déficits persistentes y una dificultad para financiarlos -excepto mediante la emisión monetaria- cada vez mayor, terminó ocasionando uno de los episodios hiperinflacionarios más serios que el mundo haya registrado nunca.

Por el momento, la única diferencia entre la administración económica de Siles Zuazo y la de Morales Ayma es el elevado precio de las materias primas que se sostienen no por el crecimiento desenfrenado de las llamadas economías emergentes, sino por la expansión monetaria estadounidense más grande de la historia que –dicho sea de paso- al no reportar resultado positivo alguno, no sólo ha echado por tierra la idea de que el capitalismo se sostiene por el consumo y no por el ahorro, sino que podría haber llevado la economía al borde de la hiperinflación y una nueva caída de los precios de las materias primas que recaería sobre nuestra magra economía de superstición y auge aparente.

Ante tal situación, podría afirmarse que lo que el DS 21060 hizo en 1985 fue terminar en Bolivia con todo lo que hoy le hace mal a economías como las de la Unión Europea y los Estados Unidos, economías al borde de la quiebra económica y el colapso de la moneda. No obstante, si algún error pudo haber cometido el DS 21060 fue no haber establecido mecanismos que garantizaran la posibilidad de que este episodio se repitiera, eliminando los incentivos que los gobiernos tienen para llevarse una porción de los recursos existentes, o bien desintegrando los mecanismos que concentran aquellos recursos entregándolos a sus propietarios.

Si uno se viera en la obligación de destacar aspectos positivos en este verdadero entuerto económico intervencionista, es que, una vez sufridas las consecuencias, no habrá argumento válido para atribuir las causas de la crisis al capitalismo y el libre mercado.