lunes, 4 de abril de 2011

El costo de la igualdad

Cecilia Terrazas Ruíz
ceciterrazas@gmail.com

Basta ver la imagen que acompaña el artículo "Igualdad económica para las mujeres: el imperativo del 8 de marzo de 2011", publicado por la blogosfera del Aula Libre, para comprender que en la concepción machista de Julio Gastón Alvarado, la mujer no ha trascendido el espacio reproductivo. Sólo así es más fácil comprender lo que sus letras expresan.

Las aseveraciones de dicho artículo me traen a la memoria una clase de la Universidad Católica, en la que una compañera preguntó si "en Bolivia existe pobreza". Cerrar los ojos ante las adversidades que diariamente viven las mujeres en este país, es querer reducir sus demandas históricas a una respuesta facilista que exclusivamente la puede dar la igualdad económica.

Más allá que algunas ONG's, a las que hace referencia Alvarado, asuman una vocería, que puede o no pertenecerles, no se puede desconocer que las mujeres ganan menos que los hombres, tienen menos años de escolaridad que los hombres, están expuestas a más violencia e inseguridad que los hombres, ocupan menos puestos de decisión que éstos, y apuestan al desarrollo de este país desde estas condiciones, y precisamente son mentes colonizadoras y patriarcales las que no permiten reconocer estos problemas que no son de discurso, son estructurales.

Cuando no se quiere mirar la realidad se dice cándidamente que "las mujeres luchen de igual a igual con los hombres por trabajo, pan y justicia social" como si no lo estuviésemos haciendo, anónimamente en muchos casos, todos los días y desde siempre.

Si se trata de hablar exclusivamente desde la economía, como el único canal para la igualdad de las mujeres, pensemos que países que tienen un aparato productivo más desarrollado no necesariamente garantizan igualdad económica entre hombres y mujeres, véase Estados Unidos, o algunos países árabes con mucha capacidad industrial como los Emiratos árabes; y en su contrapartida, países más pequeños, con economías más modestas pero con mayor respeto a los Derechos Humanos y menores brechas de género, por ejemplo, Suecia, Dinamarca y Holanda. La igualdad no pasa solamente por un tema productivo, que si es central para transformar la realidad, y que las mujeres lo reconocemos. En todo caso, la igualdad económica para las mujeres es una acción afirmativa que debe ser garantizada por el Estado boliviano y sus representantes (el gobierno).

Si, las mujeres seguimos demandando normas y políticas públicas, pues a la larga éstas se constituyen en el único instrumento, en un país regido por leyes, a las que las mujeres podemos acudir para exigir nuestros derechos, tomando en cuenta que las mujeres partimos de necesidades y condiciones diferenciadas; probablemente si no se reconocieran los derechos reproductivos, no se podría pensar en leyes u otras normativas que precautelen a las mujeres de morir por situaciones vinculadas al embarazo, tal vez para el autor, este aspecto no sea relevante desde su posición de hombre.

Pero, apartándonos de la normativa, que no es el único escenario desde el que luchamos las mujeres, y volviendo a la economía, se debe considerar que en la reactivación del aparato económico, no sólo debe pesar la incorporación de las mujeres al mercado, con derechos iguales a los de los hombres, sino las condiciones y los mecanismos reales para garantizarlos, hecho que hasta ahora no sucede.

Probablemente la visión del autor desconoce que las mujeres en este país seguimos ganando menos que los hombres, aunque la ley lo garantiza, que además cumplimos roles reproductivos como la crianza de los hijos, o el cuidado del hogar, que los hombres no siempre acompañan; y que cumplimos roles productivos y reproductivos, encarando dobles y hasta triples jornadas. En este escenario, la informalidad económica se convierte en la única opción para muchas mujeres, porque en este espacio no tienen que dejar a sus hijos/as.

Ahora bien, la reactivación del aparato productivo también debe tomar en cuenta estas diferencias, rescatadas por mucho en esta "inflación de artículos" que señala el autor, veamos por ejemplo el Art. 338 de la Constitución Política del Estado: "El Estado reconoce el valor económico del trabajo del hogar como fuente de riqueza y deberá cuantificarse en las cuentas públicas", desconocer esto es desconocer el trabajo no remunerado que desarrollamos las mujeres. Esta reactivación, también debiera establecer, por ejemplo, guarderías y o un verdadero cambio despatriarcalizador que haga que los hombres tomen parte en estos roles.

La lucha de la mujeres por mejores condiciones de vida no es un discurso, es una realidad que pedimos que los hombres acompañen y compartan, tanto como nosotras lo hacemos para garantizar la seguridad alimentaria de nuestras familias.

El momento del Estado benefactor, que debiera garantizar los derechos de todas y todos, no es el actual, si una no los exige, difícilmente se hacen realidad, esto lo sabía perfectamente doña Juana Azurduy de Padilla.