miércoles, 6 de abril de 2011

LA JUSTICIA COMO FORMA DE VENGANZA

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

La justicia que en este mundo decadente, se imparte a diestra y siniestra, no está precisamente en buenas manos, es propiedad exclusiva del poder de turno y de la fuerza que impone sus leyes para su propia conveniencia y perpetuación de poder y sistema. Así vemos a líderes mundiales, nacionales y locales haciendo de la misma un aparato de represión y persecución que vela por sus intereses, vemos a países poderosos invadir países donde no hay justicia, estos a su vez con la justicia en la mano castigan a su propio pueblo y persiguen a quienes se oponen a su propio sistema.

Hilando más finito, aterrizando en nuestro Estado, las cárceles están llenas de justos y pecadores que no están siendo juzgados oportuna e imparcialmente, muchos están siendo perseguidos injustamente, otros que deberían ser juzgados huyeron con razón, porque el sistema judicial aplica una justicia que en la mayoría de las veces actúa como una forma de venganza, lo que produce un desencanto y lleva a las personas a perder valores, principios y dignidad.

Juzgamos, siempre lo hacemos y somos implacables porque no tenemos valores verdaderos que puedan conducir a las personas a un desarrollo pleno de sus capacidades naturales. El ejemplo a seguir es el ideal del egoísmo en la forma de búsqueda de la propia comodidad y del propio bienestar, desestimando las exigencias de justicia y respeto que supone la convivencia con otras personas, así es fácil corromperse. Hay alguien por ahí que exige poder y como está con ellos hay que darle para que les dé más poder.

Traemos a colación tantas leyes, como la de fronteras, que está pensada para beneficio de un gobierno con un sistema antiautonomista, y claro, cómo no va a ser así, si la justicia no es autónoma, si está en manos del Gobierno que de manera egoísta sólo piensa en los dirigentes de movimientos sociales, que se olvida que una gran mayoría que así haya votado por ellos está clamando justicia.

Justicia para los presos que merecen alimentación, salud y educación dignas para su reinserción a la sociedad, justicia también para los enfermos que desfallecen en los hospitales a causa de un paro irracional de quienes están llamados a defender la vida. Serán sus reclamos justos, pero debe haber métodos más imaginativos para lograr sus propósitos, justicia para los ajusticiados y para quienes fueron y serán torturados, justicia para quienes no tienen trabajo por pensar diferente, justicia para el ciudadano de a pie, que paga cada vez más caro el ser peatón y que no le alcanza para el transporte.
Justicia para la mujer – madre que es ajusticiada por la violencia machista, para niños y ancianos y tantos pobres a los que les importa un carajo la justicia persecutoria y revanchista, hecha a la medida de un sistema que como antes dijimos no termina de morir y que es conveniente a ese sujeto neoliberal y egoísta que llevamos todos dentro.

Cambiar el sistema significa cambiar todos, sacar a ese sujeto y colocar otro que tenga como valor rector la generosidad, concretada en el esfuerzo por trabajar con profesionalidad, con espíritu de servicio, y en la dedicación a causas solidarias, entonces se favorecerá la apertura del propio yo a los demás, primando la dimensión social del ser humano y estimulando el crecimiento personal. Con éste y otros valores podemos hablar de principios y dignidad humana.

"En sentido ético o moral llamamos principio a aquel juicio práctico que deriva inmediatamente de la aceptación de un valor. Del valor más básico (el valor de toda vida humana, de todo ser humano, es decir, su dignidad humana), se deriva el principio primero y fundamental en el que se basan todos los demás: la actitud de respeto que merece por el mero hecho de pertenecer a la especie humana, es decir, por su dignidad humana." J. Vidal-Bota

Tanto oímos hablar de principios, de dignidad humana, vuelvo a la cárcel, donde no están todos los que son, ni son todos los que están, pero todos merecen condiciones mejores de vida. Y cuidado a quienes condenan, encarcelan y castigan, ese mismo espacio puede estar reservado para ellos o para cualquiera de nosotros, puesto que esta justicia no nos enseña el camino, sino más bien nos lleva ante ella para condenarnos de antemano.