martes, 12 de abril de 2011

Plena vigencia del Consenso de Washington

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

En una conferencia auspiciada por un instituto económico privado sobre asuntos internacionales, llevada a cabo a fines del año 1989, John Williamson presentó un documento titulado: "What Washington means by Policy Reform" y que pasó a denominarse "Consenso de Washington", un planteamiento que busca sistematizar las principales políticas económicas sobre las que, a su juicio, había coincidencia entre los organismos internacionales sobre lo que América Latina debía hacer luego de la "década pérdida" de los años 80 del siglo XX.

Los enemigos del capitalismo y de la libertad; como diría Karl Popper: de la sociedad abierta, creen que el citado consenso fue una confabulación de los diabólicos neoliberales del mundo contra los países pobres y atrasados, para imponerles descabelladas decisiones que, como mínimo, impidan o vayan en contra de su ansiado desarrollo económico.

América Latina, la región campeona mundial de la inflación, había atravesado por una década de insuficiente crecimiento económico junto a lo que se conoció como la "crisis de la deuda"; fue siempre una región caracterizada por el estatismo económico, por la ampliación de las competencias estatales en desmedro de la sociedad civil, lo que la condujo a crónicos y crecientes déficits fiscales, financiados con endeudamiento externo que se tornó desmedido. Sus gobiernos siempre desconfiaron de la economía libre de mercado, aunque sus pueblos se muevan en su interior. Después de la crisis de la deuda no sabían qué hacer, estaban extraviados. ¿Qué hacer?

El contexto señalado convocó al "Consenso de Washington" donde se incluyen planteamientos sobre lo que los gobiernos de los países de América latina debían hacer para reactivar sostenidamente sus economías, en un contexto de inflación y de endeudamiento público externo controlados. De esta manera, superar las políticas cepalinas intervencionistas, tan en boga en la región, que fueron las causas que explicaban la crisis de la deuda. El economista John Williamson se destacó porque él hizo el trabajo de exponer las nuevas políticas, en la forma de un decálogo, que la región estaba implementando y que debía hacerlo, ya que gozaban de un supuesto consenso. De aquí es que el nombre de este economista está estrechamente vinculado a lo que se denomina el Consenso de Washington. De esta manera, se superaba una forma inadecuada de hacer política económica, que venía de antes de los años 60 del siglo XX, y que había llevado a la crisis de la deuda junto a un deficiente crecimiento económico.

El decálogo, recomendaciones de lo que los gobiernos latinoamericanos debían de hacer en adelante, es el siguiente:

1. Disciplina fiscal para impedir el déficit y prevenir crisis de balanza de pagos e inflación. 2. Reorientación del gasto fiscal hacia áreas focalizadas de educación y salud para combatir la pobreza y apoyar el crecimiento económico. 3. Reforma tributaria para ampliar la base de contribuyentes con impuestos moderados. 4. Desregulación financiera y tasas de interés libres de acuerdo al mercado, sin implicar plena liberalización de la cuenta capital de balanza de pagos. 5. Tipo de cambio competitivo que podía ser regido por el mercado. 6. Libre comercio entre naciones, reducción de tarifas arancelarias y eliminación de trabas a las importaciones, lo que implica competencia 7. Apertura a la inversión extranjera directa y honrar la deuda externa. 8. Privatización de empresas públicas para aumentar la competencia económica. 9. Desregulación de los mercados para incentivar la formación de empresas, lo que implica competencia. 10. Asegurar los derechos de propiedad y reducir la informalidad sobre todo en el mercado laboral caracterizado por su poca liberalización.

¿Qué de irracional pueden tener las recomendaciones de política económicas anotadas? ¿Dónde van en contra del crecimiento de la producción y, por tanto, del bienestar de la gente? Sí responden a lo que la ciencia económica sugiere se debe hacer para que las economías nacionales se desarrollen.

En mi opinión, el objetivo del Consenso para los países de América Latina es el crecimiento económico con estabilidad de precios, lo que requiere el desarrollo de los mercados. Para el logro del objetivo se requieren a su vez dos objetivos intermedios: i) Estabilidad macroeconómica y ii) Ajustes estructurales. Para alcanzar el primero se requiere disciplina fiscal. Si esto se logra se asegura ausencia de crisis de balanza de pagos y ausencia de elevada inflación. Con este marco se deben implementar nueve reformas estructurales con las cuales se logra el crecimiento económico

Los retractores del Consenso de Washington lo acusan de ser el Consenso Neoliberal, sin informarse que su propulsor John Williamson no se identifica con el neoliberalismo. Ideológicamente se podría suponer que él es un "social demócrata". El dijo: "existe un número muy destacado de doctrinas neoliberales que conspicuamente están ausentes de mi lista: monetarismo, las bajas tasas impositivas que defienden los partidarios de la economía de la oferta, el estado mínimo que evade cualquier responsabilidad en corregir la distribución del ingreso o la internalización de las externalidades, y la libertad total en los movimientos de capital". Yo añadiría que por monetarismo se está diciendo que no está contemplado el fundamental objetivo monetario cual es el control de lo que es dinero. Tampoco es cierto que los neoliberales no quieran corregir la distribución del ingreso.

Hoy día la deuda pública externa para América Latina ya no es un problema, ojala no lo sea otra vez en el futuro. A Bolivia se la condonaron. Tampoco el déficit fiscal ni la balanza de pagos. Las tasas de interés son libres. Está abierta a la inversión extranjera. Sin embargo, tiene mucho que avanzar en liberalizar verdaderamente su comercio internacional y flexibilizar sus mercados labores para, de este modo, reducir la informalidad. La educación es deficiente. Sus tasas de crecimiento son todavía modestas para elevar el bienestar de la población.

Hoy, la deuda ha pasado a ser un problema fundamental de las economías desarrolladas, como consecuencia de la crisis económica mundial reciente que ha desnudado el problema que se había acumulado en décadas. Sus economías muestran un panorama de lento crecimiento, una fuerte inflexibilización de sus mercados laborales, fuertes barreras al libre comercio, sobre todo en el campo agropecuario, elevados impuestos y elevados déficits fiscales, presiones inflacionarias y elevado desempleo.

Europa, Japón y los EEUU tienen una inmensa deuda tanto interna como externa, tanto de gobiernos, consumidores, empresas y entidades financieras, siendo le peligrosa la gubernamental. Estos países influidos por el socialismo light dominante durante todo el siglo XX construyeron el Estado del Bienestar, asegurando a sus ciudadanos un buen confort de vida, "seguridad desde la cuna a la tumba" lamentablemente posible porque había descansado en el creciente endeudamiento público.

¿Por qué es negativo el endeudamiento gubernamental y no así el del sector empresarial privado? El endeudamiento empresarial se dirige a la inversión la misma que es recuperable más un rendimiento. El endeudamiento público se canaliza a gastos que no generan ingresos para los gobiernos. Como toda deuda tiene que pagarse tanto el principal como los intereses, los gobiernos tienen que hacerlo con cargo a los impuestos que recaudan, que siempre son insuficientes por lo que la deuda se acumula y se acrecienta. Para disminuir la deuda se requiere que las cuentas fiscales arrojen superávit, algo extraño en el mundo socialista, lo que exige un aumento de los impuestos. Por lo demás, esto ya no es alternativa para las economías avanzadas porque sus tasas impositivas son muy elevadas en comparación con economías como la china y la hindú, con las que internacionalmente están compitiendo. En segundo lugar, el endeudamiento público no permite la reducción de la tasa de interés que debería darse en la medida que el ahorro real a nivel mundial aumenta. Adicionalmente, incrementa la demanda de deuda con lo que hace subir el precio de los activos financieros, haciendo creer a sus tenedores que pueden seguir enriqueciéndose sin producir nada en términos reales.

La agenda económica para los países europeos y para los EEUU hoy es la misma del Consenso de Washington si es que realmente se busca superar sus problemas estructurales y reiniciar un sólido crecimiento económico mundial en condiciones de competitividad. También es momento de eliminar barreras al libre comercio mundial que se mantienen con subterfugios como que éste debe asegurar "altos estándares laborales y ambientales", según ha declarado recientemente el Presidente Obama.