domingo, 26 de junio de 2011

Acullico y explotación

Alvaro Jordan Medrano
ajordan@entelnet.bo

El gobierno del Movimiento al Socialismo, (MAS) desde su nacimiento, ha estado empeñado en la difusión del consumo de la hoja de coca tanto dentro como fuera del país. Y no podía ser de otra manera ya que fue en el seno de los sindicatos cocaleros que se incubó, nació, se desarrolló, se fortaleció, se hizo del poder y fue desde ahí sostenido económicamente este partido.

Se trata de un gobierno de los cocaleros por lo tanto, para el MAS, para Evo Morales y todo su gobierno la búsqueda de mayores mercados para la coca es un serio compromiso contraído con este poderoso sector económico.

La hoja de coca fue clasificada como portadora del estupefaciente conocido como cocaína, "éster metílico de la benzoilecgonina", en la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes[1] de las Naciones Unidas y ratificada por el Protocolo de 1972, razón por la que su producción, fabricación, comercialización y consumo está prohibido. Los países poseedores de la costumbre tradicional del masticado[2] de la coca se comprometieron a erradicar esta mala costumbre en un plazo de 25 años[3]ya que constituye un mal grave para el individuo y entraña un peligro social y económico para la humanidad, compromiso que ninguno de los gobiernos que se han sucedido en Bolivia, hasta la fecha, han cumplido.

El Gobierno actual se destaca por su abierta oposición a cumplir con las obligaciones aceptadas al firmar el documento de la Convención Única y se ha lanzado a una furiosa propaganda para intentar justificar su aspiración a obtener la legalización internacional de la producción, comercialización y consumo de la coca a través de lo que se conoce como masticado de la hoja de coca..

Sus defensores, evidentemente con mucha dosis de ignorancia, pero más de deshonestidad, pretenden engañar a la población, aprovechando su desconocimiento del tema, con la simplona comparación de que así como la uva no es vino ni la caña de azúcar es alcohol, tampoco la coca es cocaína, pero la verdad es, en primer lugar, que ni el vino ni el alcohol son estupefacientes, por lo tanto no están incluidos en la lista de estupefacientes[4] y la cocaína sí y en segundo lugar, según los especialistas de la Convención Unica, la coca es portadora de cocaína y sin mayor esfuerzo se la puede extraer como es con el masticado de la coca.

La interpretación de la Convención Única merece algunos comentarios básicos:

El masticado de la coca, dicen en los corifeos del MAS, es una expresión cultural del pueblo boliviano, mintiendo una vez más porque en la mayor parte del país, esto es en los llanos y valles, el masticado de la coca es extraño a sus costumbres, y a sus tradiciones.

El masticado es una tradición sagrada de miles de años y es imposible erradicarla dijeron siempre los explotadores del nativo con aires de santones. Es otra interpretación tergiversada de la historia, pero más que todo dañina porque se pretende justificar su consumo con un argumento supuestamente sacro, cuando lo que se busca es la sobre explotación del trabajador, ya que con este estupefaciente se incrementa la resistencia para soportar trabajos prolongados a costas de la salud del trabajador. De esta forma su uso se fue generalizando, empezando con el incanato, o tal vez antes en el Tiwanacu, se intensificó con el coloniaje español particularmente para la explotación minera y finalmente se generalizó a todos los campos del trabajo manual durante la república.

Son los patrones quienes difunden generosamente el consumo de la coca entre sus trabajadores para conseguir mayores tiempos de trabajo, pero más que todo, embrutecerlo, al lograr la sumisión plena mediante la dependencia que origina. La defensa del consumo de la coca de parte del gobierno del MAS, gobierno supuestamente comprometido con la descolonización cultural del nativo y la eliminación de su explotación, no se puede entender sino es como una exigencia económica de sus compromisos con los productores de coca, situación que transforma al gobierno en el más grande promotor de la corrupción al anteponer intereses económicos de grupos minoritarios a las necesidades de la salud física y mental de la población boliviana.

Otro aspecto que debemos mencionar, aunque no es de fondo, es el estético. Es una desagradable visión la que ofrecen los masticadores de coca, mucho, pero mucho más desagradable que la de los masticadores de chicle, En primer lugar les deforma el rostro al mantener la bola de coca entre los carrillos, pero más desagradable es el tinte verde oscuro de la saliva espesa que humedece los labios y tiñe los dientes durante la maceración de la hoja de coca en la boca para extraer el estupefaciente. Es simplemente asqueroso y cuando lo veo, disculpen la franqueza, pero me provoca nauseas.

La campaña propagandística del gobierno del MAS a favor del masticado de la hoja de coca está consiguiendo que su uso se extienda a las regiones de la llanura y valles, región en la que el masticado de la coca no es una tradición. Es decir que se está ampliando el espacio donde el trabajador, el campesino y el nativo consume este narcótico, se vuelve más sumiso a las exigencias del patrón y pierde la dignidad, contradiciendo el espíritu de la Convención Única de limitar el masticado sólo a los lugares con uso tradicional y consiguiendo de esta manera la saturación del mercado potencial interno de la coca.

Esta saturación del mercado interno lleva al gobierno del MAS a buscar empeñosamente nuevos mercados en el campo internacional, planteando la despenalización del cultivo de la planta de coca y ´la legalización de su comercialización. Al abrirse al área internacional de los flujos de la coca, se ampliarán enormemente los espacios para su transformación en cocaína llegando a sectores cada vez más difíciles de controlar.

Como ciudadano de una región en la que la masticación de la coca es extraña a nuestras tradiciones quiero alertar que su introducción, aparte de lo ya mencionado, tiene el propósito de quebrar la voluntad de defensa de los intereses locales y regionales de la población trabajadora, campesina y nativa, transformando al habitante de la llanura y valles en sumisos dependientes de la explotación del centralismo colonial y de la burocracia masista y paceña que hegemoniza Bolivia.

Las intenciones de internacionalizar el comercio de la coca muestra la ausencia completa de responsabilidad moral de los dirigentes del MAS para con la humanidad toda. Estoy seguro que ésta sabrá poner los frenos adecuados a semejante aberración.