lunes, 20 de junio de 2011

EL DISCURSO COLECTIVISTA DEL LIDERAZGO INDÍGENA,

Walter Reynaga Vasquez
reynagavw@yahoo.es

Nueva Crónica, N° 13, nos trae un artículo de H.C.F. Mansilla titulado: "La influencia del catolicismo barroco sobre la cultura boliviana de la actualidad", donde, entre otras cosas, el filósofo dice que la hegemonía de la ideología colectivista en la insurgencia de sectores indígenas ("el florecimiento de un socialismo indigenista"), corresponde al resurgimiento de ideas y valores indígenas antiguos: "significan el renacimiento de normativas axiológicas vinculadas a legados culturales bastante antiguos. […], pero se puede detectar en la mentalidad popular el profundo deseo de recuperar algunos elementos del pasado que son vistos como la expresión popular adecuada de un orden socialmente justo, solidario y fácil de comprender. Y los pensadores ‘progresistas’ han tenido y tienen la función de envolver y explicar este designio popular con las palabras y las teorías que las modas intelectuales convierten en obligatorias."

Pero, ocurre que en los hechos no hay tal. Ni las posiciones colectivistas (el socialismo indigenista) son expresión indígena (aymara, quechua…), ni los pensadores progresistas han hecho función de explicación de este supuesto designio popular. Que tampoco es tal.

Visto de cerca y desde dentro, las manifestaciones ideológicas colectivistas de los líderes de nuestras organizaciones populares e indígenas, responden más al impacto de la prédica ideológica populista de raigambre marxista, sostenida desde antes de la Revolución del 52 y aún en acción, ahora desde el poder. La que ha logrado trasminar con sus consignas la conciencia social, tanto la del liderazgo popular como la de la intelectualidad boliviana, ámbito donde sin duda tiene hegemonía mayor aún que entre las elites de las masas. Inicialmente, fue la intelectualidad asentada sobre bases socioeconómicas feudales (perteneciendo a los círculos de los patrones de hacienda), la que por moda y afán de protagonismo conoce y asimila (al parecer sin crítica) las consignas del populismo anarcosindicalista, marxista y hasta nacional socialista y fascista, entre los años 30 y el 52 del siglo pasado. Prédica que luego sistematizada en los partidos políticos ligados financiera y estructuralmente a los partidos comunistas de la URSS, China, Cuba, Alemania Oriental… sumados a los partidos trotskistas ligados a corrientes internacionales. Partidos que con un gran aparataje continúan el proceso de ideologización de la población, en el marco de la Guerra Fría. Organizaciones a los que en el último tercio del siglo XX se suman partidos como el MIR, partidoa indianistas y kataristas, Condepa (en este ambiente, hasta Bánzer dice ser marxista, ante las cámaras de la Tv, 1978). Pero luego viene lo más relevante, las ONGs, que logran lo que los partidos no habían podido conseguir. Son organizaciones que surgen de entre gente de ideas ligada a la iglesia, revolucionarios e intelectuales independientes y ex militantes y militantes de los partidos referidos â€"el MIR tenía toda una liga de ONGs, lo mismo que el MBL--. Un movimiento que expresaba en el escenario nacional lo que venía dándose en el ámbito internacional, con la iglesia virando hacia una nueva estrategia: por los pobres, aparentando alejarse de los agentes del poder. Ya en esas circunstancias, son las ONGs, la que ocupan el centro del escenario, multiplicándose por centenares al calor de los recursos de la cooperación e involucrando decenas de miles de operadores. Así es como llegan con su acción ideológica, enmascarada en la promoción del desarrollo económico y social de los pobres e indígenas, hasta los últimos rincones de los barrios urbanos marginales y del área rural del país. Un enmascaramiento que cobra importancia estratégica ante el desprestigio del marxismo luego del desastre del campo socialista desatado por la caída del Muro de Berlín â€"efecto, en última instancia, de la irracionalidad de su sistema económico--. Lo que justifica una lacónica, pero no menos certera, apreciación de Pooper, que: "El marxismo murió de marxismo".

Es en este marco de adaptación de estrategias y métodos que el populismo de izquierda descubre la veta de las reivindicaciones indígenas por siglos de atropello en manos de un brutal sistema colonial de filiación feudal, como fue el impuesto por España, y que continuó luego de la Independencia (1825) como una suerte de colonialismo interno. Una deuda social e histórica que empezaba a reclamar atención. Que fue tomada al vuelo por los ideólogos del populismo, como una apariencia ideal para ocultar sus propósitos de poder y revancha para el maltratado marxismo, y, una forma óptima de convocar y arrastrar a las masas populares, que en el país son mayoritariamente indígenas. No fue poco lo que hicieron las ONGs en este sentido, particularmente las ligadas a la iglesia católica y a su componente jesuita. Ni fue muy distinta la acción de las ONGs ligadas a la cooperación gringa. Casos y ejemplos sobran. Cría cuervos y te sacarán los ojos.

Una de las características que define la realidad boliviana, está en el divorcio habitual entre el discurso y la práctica. Desfase que con el MAS cobra dimensión de método de dominio, seguramente bajo enseñanza cubano venezolana, que en esto han desarrollado tecnología. En este marco es que en nuestro país, los factores que rigen la conducta de los principales actores de la sociedad, habitualmente no corresponden a las declaraciones ideológicas, ni a las definiciones institucionales ni a las leyes. Lo de Evo Morales, diciendo "yo le meto nomás…" responde a una tradición estructural, que el MAS retoma a su servicio, llevándolo a niveles francamente groseros. Aquí, en Bolivia, rigen todavía valores, formas y objetivos remanentes de la colonia, como el uso del poder y la administración pública como instancias puestas a beneficio de la autoridad. Vean sólo lo que pasa con la policía y la justicia como el alegre uso de los recursos públicos en nuestros municipios rurales, o el estilo de gente como Santos Ramírez, etc.

Y, entonces, es una lástima que haya todavía gente de talento en el país, como fuera de él, que no logra diferenciar apariencia de realidad. Y, termina cayendo en el astuto juego del populismo totalitario del gobierno masista, para el cual es vital el ocultar sus intenciones. En realidad, ni el habitual discurso socialista que comentamos es indígena, ni lo es el proyecto de dominio y cambio abanderado por el MAS.

Los hechos indican que el discurso colectivista (y hasta el ecologista y similares) ha sido sembrado en la mentalidad de las elites indígenas y populares. Hecho que constituye una expresión más de la dominación colonial interna, impuesta sobre lo aymara y quechua, sobre lo indígena, al servicio de intereses ajenos, como en su contra. Otra cosa es el fuerte sentido de revalorización de lo propio, llevado incluso a la sobreestimación, que se expresa en proporción directa a la profundidad de la miseria material y moral sufrida. Sentimientos que aún no han sido traducidos en un programa político, a pesar de haber quemado ya en el camino a líderes populares como el actual presidente, Evo Morales, en los altares de la izquierda oligárquica, e intelectuales como Víctor Hugo Cárdenas, en los de la derecha también oligárquica.