lunes, 6 de junio de 2011

Matrimonios étnicos, ¿fraude o descolonización?

Pedro Portugal Mollinedo
pedro-portugal@periodicopukara.com
www.periodicopukara.com

El 7 de mayo del presente año se celebró un inusitado matrimonio colectivo de más de 300 parejas indígenas. Este matrimonio fue presentado como un «acto descolonizador». Sin embargo, su forma y su fondo se asemejan más a una bufonada folklórica que a un acto liberador.

Inventos e improvisaciones fueron la característica de esa ceremonia, destinada a justificar la diferencia de tener en el país a un «presidente indígena». Estos «Matrimonios Colectivos desde Nuestra Identidad», como es su título oficial, son presentados por la propaganda oficial como la reivindicación sacralizada por el poder de una práctica existente en los ayllus y comunidades, lo que es falso.

Dado que ese tipo de matrimonios no son precisamente tradicionales, se efectuó para el caso un montaje en el cual —cruel ironía— en lugar de enaltecer los valores tradicionales andinos, estos fueron vilipendiados y denigrados. Así el tema del padrino, oficiado en ese caso por el presidente Evo Morales.

En la cultura andina el padrino para el matrimonio no es un hombre o una mujer aislados, sino la pareja. En ese remedo de matrimonio que tuvo lugar en Bolivia, el padrino fue un hombre sapaki, ch'ulla, un waynuchu, es decir, soltero.

La pareja de padrinos, en el mundo andino, son la autoridad que como modelo guía la formación de una nueva unidad jaqe. Se es jaqe, es decir persona humana, recién mediante el matrimonio y quién no es jaqe no puede atribuirse ser modelo o autoridad para la edificación social familiar, es decir, no puede ser padrino de matrimonio. Que suceda lo contrario sería qhenchha, es decir aciago, que traería desgracia y mala suerte.

Lo mismo sucede con la motivación material. La manera como el gobierno ha «convencido» a más de trescientas parejas a participar en ese circo, ha sido mediante el ofrecimiento —nada despreciable, por cierto— de una casa como regalo de matrimonio para cada pareja. Si tomamos en cuenta la lamentable situación económica del indígena en la actualidad, el regalo es bastante motivador y está en la línea de la manipulación colonial que el indio ha sufrido hasta nuestros días. Esa práctica de sinecura y provecho se la presenta ahora bajo el amparo del dicho «el casado casa quiere», mostrándolo como sabiduría indígena y no como el castizo refrán occidental que es en realidad.

Lo sucedido degrada tanto a los indígenas como al gobierno. Si a esto se reduce la descolonización que ofrece el MAS, todas las fuerzas sociales que luchan por esta causa deben tomar acta de que esa tarea incumplida está ahora gravada con las farsas y artilugios que se añaden a la situación colonial en este «periodo de cambio».