miércoles, 6 de julio de 2011

LO OPUESTO A LA DERECHA NO ES LA IZQUIERDA

Walter Reynaga Vasquez
reynagavw@yahoo.es

En el escenario ideológico del país, izquierda y derecha no son opuestos y menos excluyentes, sino, facetas de una misma línea. Esa de tomar el poder para enriquecerse con los recursos públicos, continuando el saqueo colonial, por vía de la corrupción. En un caso, la derecha, protagonizada por los viejos grupos oligárquicos en afán de mantener sus privilegios de saqueo del excedente. En el otro, la izquierda, protagonizada por grupos emergentes de vocación oligárquica dispuestos a beneficiarse también de los privilegios del sistema de saqueo. Los de la derecha declarando boca por fuera su adhesión a la democracia y la economía de mercado, ya que en la práctica son estatistas (como los regímenes militares post MNR, incluido el de Banzer). Y, los de izquierda, proclamando su adhesión al marxismo, el socialismo real, el "nacionalismo revolucionario", la economía estatizada y hasta a la democracia (aunque prefieren la dictadura del partido), algunos con discurso socialdemócrata, simpatizantes del socialismo tibio y hasta del keynesianismo. La derecha, en el escenario internacional, arrimada al mundo desarrollado capitalista. Y la izquierda, ligada a las fuerzas anticapitalistas, anti imperio, antiglobalización, nacionalismos tercermundistas, satrapías petroleras, regímenes estatistas varios, países pre capitalistas, al decaído socialismo del siglo XXI, la Cuba socialista en franca caída, etc.

Ambas, izquierda y derecha a favor de la mantención del statu quo colonial interno. Al que sostienen desde sus posiciones a favor de la estatización de la economía y la intervención política sobre el mercado. Aunque cada uno con distinta ilusión, la izquierda por llevar la situación hacia el pleno socialismo y, la derecha, por revivir esquemas de privilegios pretéritos. Entonces, ambas, izquierda y derecha, en posiciones retrógradas, sino reaccionarias, a favor del sistema colonial interno.

Así, resulta que a esta aparente izquierda (retrógrada y colonialista) pertenecen el MAS, el PCB y los demás partidos comunistas, el POR y los distintos grupos trotskistas, el MIR, CONDEPA, los Guevaristas, el MNR en una de sus facetas, caudillos como Ovando Candia, Juan José Tórrez, Hernán Siles S., Carlos Palenque, Mesa Gisbert, etc. Mientras que a la derecha pertenecen, también el MNR en otra de sus facetas, el MIR en otra de sus facetas, FSB, ADN, caudillos como Barrientos, Banzer, García Mesa… Como se ve, son las dos caras oligárquicas hegemónicas, llenando y expresando el sistema político del colonialismo interno.

Lo distinto, lo diferente, está en las posiciones contrarias al colonialismo interno. Las que se orientan por la superación de estas estructuras y la construcción de algo distinto. Una expresión ideológico política antigua, que en su actual fase se inicia con las denuncias anticoloniales de los años 60 del siglo pasado (Fausto Reinaga). Es por este ámbito que anda la verdadera izquierda, progresista y revolucionaria. Dentro de la que, sin embargo, también se dan matices: retrógrados, por un lado, y progresistas por otro, posiciones derechistas y de izquierda. Los retrógrados, con organizaciones y líderes ligados al pensamiento populista marxista, la socialdemocracia, al indianismo adscrito a la vieja izquierda, al nacionalismo y hasta a una suerte de revanchismo aymara. Y, los otros, los de tono progresista, expresados en organizaciones y líderes que manifiestan su vocación por un nuevo sistema social, que este definido por la democracia, la economía libre y la modernidad, como formas fundamentales, efectivamente revolucionarias ante la tarea histórica de dejar atrás el sistema colonial interno, remanente brutal del dominio colonial de la España feudal. En suma, lo opuesto a la derecha y la reacción no es la izquierda, sino el movimiento anticolonial y anti populista.

Es de estas últimas vertientes que el país puede esperar una alternativa política y de gobierno ante el retrógrada movimiento liderado por Evo Morales, al servicio del populismo reaccionario internacional y las estructuras del colonialismo interno. Y, es en torno a él, que se deben unir las fuerzas democráticas y afines a la economía libre, propias de estos tiempos, la que ha de ser capaz de ponernos entre los países desarrollados del mundo sacándonos de la pobreza y el atraso actuales.